Viajando por el mundo, trabajando en equipo

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A mediados de abril, después de hacer escala en New York, viajé durante 16 horas de vuelo hasta llegar a Shanghai; allí estuve 3 días en una reunión de científicos, expertos mundiales en el tema del Genoma Humano.

Evidentemente, no es fácil hacer un viaje tan largo para estar solo 3 días en otro continente, dedicado a aprender, sin tiempo para conocer la ciudad. Sin embargo, dictar conferencias, presentar trabajos de investigación, participar y contribuir con ideas en estos foros, etc., se convierte en un hábito, que al hacerlo con amor y pasión hace de esto un continuo desarrollo y así podemos obtener mejores resultados en la atención y cuidado de los pacientes.

Por su parte, mi hijo (administrador de empresas), viajó a Shanghái tan solo un mes después que yo;  visitó laboratorios de alta biotecnología, participó en congresos dirigidos a mejorar la calidad de vida del adulto mayor, tuvo tiempo para hacer varios citi-tours, conocer muchas zonas de la ciudad, visitar museos, etc. Tuvo 10 días para hacer de todo sin ningún tipo de afán.

Al comparar las dos experiencias, entiendo que hay diferencias grandes en el enfoque de la búsqueda de objetivos: un enfoque (el mío) concentrado en un espacio de ciencia y academia; y otro, el de mi hijo, enfocado al emprendimiento y el marketing. Sin embargo, el objetivo es el mismo: encontrar y profundizar en herramientas para mejorar el tratamiento del paciente reumático.

Es en la búsqueda de este objetivo donde existe esa sinergia y donde cobra verdadera importancia el trabajo en grupo. Es muy complicado avanzar sin los diferentes enfoques, que aunque diferentes buscan al final lo mismo, enriqueciendo el proceso y por lo tanto el resultado. Ambos espacios se necesitan para que el mundo continúe por los senderos de las diferencias, de la tolerancia y de la diversidad.

Cuando escucho a mi hijo hablar de su experiencia en el viaje, caigo en cuenta que sus conocimientos adquiridos sobre la ciudad fueron más amplios en términos culturales, y esto lo entusiasma a viajar más para conocer. Así mismo, mi experiencia, muy profunda en lo académico, ha hecho que me dedique a hacer cursos y más cursos para, en esta forma, alcanzar el nivel del conocimiento de mis colegas internacionales, el más alto de todos. Los dos trabajamos por perseguir lo que nos gusta.

Hoy hablamos de Shanghai. Mañana, de cualquier otra ciudad, pero siempre buscando el camino de alcanzar sueños y vivir realidades. Todo esto lo podemos hacer siempre y cuando comprendamos que en el compartir experiencias y vivencias se encuentra un gran sabor de la vida, con caminos que nos llevan al mundo de la diversidad.

La globalización y el mundo local nos convierten en ciudadanos del mundo. La tecnología nos ayuda a desarrollar cada día nuestros 5 sentidos y si tenemos una actitud exploratoria hacia las bellezas de la naturaleza, nos volvemos sabios en el aprendizaje. Esta sabiduría, acompañada del desarrollo de una espiritualidad profunda, hace que podamos disfrutar desde lo más simple hasta lo más complejo. En lo simple y en el sentido común encontraremos el buen vivir. Podemos disfrutar desde un paseo al río, el caminar por senderos ecológicos, como un viaje lejano a Shanghai.

Desarrollemos la capacidad de disfrutar tanto el tiempo como el espacio, nos pertenece. ¡Los invitamos a que lo hagan!

 

 

 

 

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