Venezuela, Colombia y la OCDE

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ANÁLISIS

Carlos Alberto Maestre Maya*

En las últimas semanas de 2014 la economía mundial se sacudió al ritmo de la vertiginosa caída de los precios del petróleo, en más del cuarenta por ciento, la recuperación del dólar y otras noticias que le amargaron el fin de año a más de uno.

Sin duda, lo sucedido con el ‘oro negro’ y con la divisa verde cambió el panorama de 2015 que, en términos económicos, aparentaba ser un año medianamente favorable. Pero no hay nada seguro en la llamada ‘ciencia lúgubre’ y saltó la liebre por donde menos se esperaba: el bendito petróleo, rey de la sociedad industrial. Estos cambios modifican las proyecciones económicas  de países como Venezuela y Colombia, entre otros.

En el caso de Venezuela la crisis ya tocó fondo. Tiene un problema fiscal, un Estado que gasta mucho más de lo que le ingresa; un problema cambiario, no tiene dólares para importar lo mínimo que requiere su pueblo y esto va a generar una grave situación política que puede terminar en un golpe de Estado. “A nadie le falta Dios y Dios proveerá”, frases con la que Maduro terminó un discurso, luego de anunciar medidas económicas ineficaces, ratifican su impreparación para lo que se le viene encima.

La crisis de Venezuela, tarde o temprano, afectará a Colombia. El caso del socialismo del Siglo XXI es un ejemplo de todo lo que un país no debe hacer en economía: subsidios absurdos a los combustibles, un Estado que regala lo que no tiene, corrupción, clientelismo y abusos del poder, en un sistema que no es ni chicha ni limonada: ni es socialismo ni es capitalismo, ni es nada.

Pero, la caída del petróleo y la recuperación del dólar, fenómenos que cambiaron el panorama económico del país para 2015, representan ajustes para el Estado, las empresas y las familias: todo el mundo tendrá que apretarse el cinturón; la inversión, el consumo y el gasto público serán menores. Estos hechos enmascararon una noticia más importante en el mediano y largo plazo para Colombia.

El segundo gobierno del Presidente Juan Manuel Santos quiere el ingreso del país a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y que es algo así como un exclusivo club social; ingresar a él tiene sus más y también sus menos, como todo en la vida.

Al país no se le ha explicado bien qué significa, cuáles son los costos y los beneficios de que Colombia ingrese a la OCDE, además tampoco se ha evaluado si vale la pena y si tenemos con qué hacerlo. Para comenzar, la OCDE es un organismo de cooperación internacional, compuesto por 34 Estados, que representan el 80% del PIB mundial, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales. No basta con anunciar la intención de entrar, sino que implica serios y largos cambios en materia de impuestos, pensiones, educación, entre otras políticas.

La OCDE fue fundada en 1960 y su sede central se encuentra en París. Los idiomas oficiales de la entidad son el francés y el inglés; su actual Secretario es José Ángel Gurría, economista mexicano, ex secretario de hacienda de su país. Es una entidad que predica políticas económicas liberales, keynesianas y que evalúa – paso a paso – lo que sucede en cada país miembro. Venezuela, por ejemplo, no podría hoy entrar a la OCDE. México y Chile lo hicieron hace varios años, pero Brasil y Argentina, para seguir con el ejemplo, no hacen parte del organismo. Rusia, por ejemplo, ha solicitado su ingreso, pero no ha podido.

Luego, el ingreso a la OCDE no es solo una membresía, la expedición de un carné y listo. No señor. Si Colombia quiere, en serio, hacer parte de la OCDE, debe hacer una serie de reformas de carácter legal, en materia económica, que tienen su costo político y – también – económico. Y que, al igual que en el ingreso a un club, el tema no es entrar sino pagar la cuota de sostenimiento y de verdad asumir unos sacrificios, para, luego sí, disfrutar del bendito ‘Club’.

Debe formalizarse más nuestro mercado laboral; tenemos hoy un desempleo a la baja, pero mucha informalidad. Este costo deben asumirlo nuestros empresarios. Hay que hacer otra reforma tributaria, este es, otro costo para las empresas. Y el gobierno ha de hacer un mayor ajuste fiscal y mejorar su gasto y su deuda. Hay mucha ineficiencia, corrupción y clientelismo en muchas entidades. En educación, para citar otro caso, el país tiene que hacer un gran esfuerzo en calidad, en bilingüismo, en formar más profesores con maestrías y doctorados y depurar más las instituciones de educación básica y superior. Nos preguntamos: ¿Tendrá Juan Manuel Santos la fuerza política para hacer las nuevas reformas: tributaria, pensional y educativa, que requiere el ingreso a ese exclusivo Club de la OCDE?

No basta con tener unas cifras macroeconómicas aceptables. No, insisto. Esperamos que el país pueda hacerlo, pero estos cambios tocan intereses y privilegios que bien valen la pena afectar. Pero el sector privado, es decir: empresarios, trabajadores y el sector académico tendrán que hacer también muchos cambios.

En medio del postconflicto, que también cuesta bastante plata, con un petróleo a la baja y menos ingresos para el Estado, no vemos de dónde pueden salir esos recursos; pero sería bueno, para comenzar, que al país, en especial al ciudadano común y corriente, se le explicara en qué consiste eso de ingresar a la OCDE y – reitero –  ¿cuáles son sus costos y sus beneficios? Como se dice popularmente, no hay almuerzo gratis y entrar a clubes exclusivos cuesta.

*Profesor Universitario y Analista económico.

 

 

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