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Vallenato para la reconciliación

Por: Liseth Pana Torres

lisethpanat@hotmail.com

Como cualquier apasionado del folclor vallenato, Giovanni Alfredo Andrade Racines canta, compone y toca acordeón. Sus letras más sentidas las escribió en un centro de reclusión carcelaria, en donde permaneció ocho años, en la ciudad de Barranquilla. Por supuesto, ocho años que significaron para él una nueva forma de ver la vida, de personificar el sacrificio, de entender el mundo. Nunca antes había valorado tanto a su familia, su talento, el sonido de un acordeón, una parranda bajo un palo e’ mango y esa libertad que se le fue de las manos.

Sosteniendo una taza de café sin azúcar, frente a un escritorio de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), en el Cesar, cuenta su historia de vida y su proceso de Reintegración Especial de Justicia y Paz. Giovanni está libre y, con la frente en alto, asegura que no es tarde para enderezar el camino y empezar una nueva vida en la legalidad.

Este apasionado por la música vallenata, después de su salida del ejército nacional de Colombia, hizo parte de un grupo armado ilegal. Nació en Valledupar en una familia conformada por sus padres y diez hermanos. Describe su infancia con cierta nostalgia, pero no con menos orgullo por el sacrificio y empeño que les ponían sus padres a las labores diarias. Hubo días de carencias; también, de inmensas alegrías. Siendo jovencito asumió responsabilidades que no le tocaban, enfrentándolas sin descontento. Trabajaba de día como ayudante de albañilería y estudiaba de noche en la institución educativa Octavio Daza, de la capital cesarense.

Un día, sin necesidad de pensarlo tanto, el muchacho de aquel entonces quiso mejorar su calidad de vida y la de su familia. Su padre, cansado y enfermo, no contaba con el vigor y capacidad económica para sostener a once hijos. Por esta razón, Andrade decidió aplicar para ingresar al ejército. Y lo consiguió.

“Duré más o menos siete años en los soldados voluntarios que hoy en día llaman profesionales; era un soldado del ejército de Colombia. Entretanto, uno de mis hermanos era combatiente de un grupo armado ilegal. Esta situación me arrastró, estábamos en esferas distintas, pero nunca se tuvo en cuenta que cada persona responde por sus actos. Desafortunadamente, a mí también me relacionaron con el grupo al margen de la ley y me iban a capturar. Tenía dos opciones: ir a cárcel injustamente o irme para el otro lado. Y sí, me fui. La decisión más desacertada de mi vida”, relato Andrade Racines.

Y, además, agregó que él siempre le ha tenido respeto y admiración al ejército. “Si hubiera sido por mí nunca hubiera salido de ahí, pero después de tomada una decisión errónea, no había nada que hacer”, indicó el excombatiente.

Lo agridulce de la historia

Cuenta Giovanni Andrade que fue difícil el paso de la legalidad a la ilegalidad. Pasar de la libertad de  movimiento a la zozobra por una orden de captura, es algo que jamás quisiera volver a vivir. Alejarse de sus hijos lo desmoronó, especialmente de un bebé recién nacido. Duró seis años sin ir a la casa de su madre; su padre falleció cuando estaba en el ejército.

“Me arrepentí de la decisión que tomé de ingresar a las filas de un grupo ilegal, pero jamás se me pasó por la cabeza escapar. Hubiera sido peor el remedio que la enfermedad. Permanecí ahí hasta el día de la desmovilización. La sorpresa cuando salí desmovilizado era que no tenía orden de captura, al parecer se archivó el proceso. En ese momento, recobrar la libertad era muy significativo a pesar que debía enfrentarme a Justicia y Paz. Traté de aprovechar el tiempo al máximo, sabía que en cualquier momento ingresaría a la cárcel, esa de la quise huir refugiándome en un campamento de las AUC”, afirmó Andrade.

La captura y el vallenato

En febrero de 2009 capturan a Andrade. Era crónica de una muerta anunciada. Él sabía que su libertad, después de la desmovilización, no sería eterna. Aunque su reclusión no correspondía con delitos que en ese momento le imputaron, le tocó permanecer en la cárcel durante unos meses. Cuando logró la absolución de ese proceso, decidió permanecer recluido y cumplir con lo pactado en Justicia y Paz.

“El vallenato fue mi gran compañero en la cárcel. Desde joven fui apasionado y amante del folclor. Mi papá componía y uno de mis hermanos tocaba acordeón y verseaba, pero jamás había explotado mi talento y tampoco este fervor por el acordeón. Detenido escribí muchas canciones. El Ministerio de Justicia me autorizó un computador y una grabadora, con las que permanecí durante mi detención. Estando en prisión pedí autorización para ingresar un acordeón y me dieron el permiso. Yo hacía parte del Comité de Cultura de la cárcel; además, me hice amigo de una persona que estuvo extraditada, quien cantaba como Darío Gómez, así que también me atreví a hacer música popular”, narró Giovanni, quien participó en la grabación de un cd de música ranchera que incluía canciones de su autoría.

El hoy excombatiente asegura que la música contribuyó a su resocialización. Su gusto por la composición lo llevó a escribir canciones como ‘Mi fiel compañera’, ‘Hermosa navidad’ y ‘Jamás te olvidaré’, seleccionadas en el repertorio musical de grupos como Monarquía Vallenata.

Andrade sabe que no es fácil lidiar con las estigmatizaciones de quienes desconocen las transformaciones de las personas en proceso de reintegración, que un día empuñaron un arma pero hoy construyen paz con su canto, sus unidades de negocio o sus ejemplos de lucha y superación.

“Tengo cuatro hijos y con el menor he permanecido desde que nació. Eso no lo pude hacer con mis otros hijos. Espero que Dios me dé la oportunidad de disfrutar a mi familia. En este momento no estoy trabajando, aunque estoy estudiando gracias a la ruta de la reintegración con la ARN. El acompañamiento que brinda la Agencia es muy bueno, especialmente en lo psicosocial. Definitivamente una oportunidad lo cambia todo. La libertad, soñar y permanecer con mi familia no tiene precio. Uno de mis sueños ya se cumplió y el otro sé que se cumplirá: tener mi propia agrupación de música vallenata”, afirmó Andrade.

 

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