Una campaña presidencial, una campaña insípida

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Equipo de Enfoque Vallenato

Salimos de una y entramos a otra. El país acaba de vivir – padecer para muchos –  una jornada democrática que permitió conformar un nuevo congreso.

Para bien o para mal, ahí en el congreso están representadas, en sus justas proporciones, las diversas fuerzas políticas con evidente ascendencia en el país: el Partido de la Unidad Nacional (U), el Centro Democrático (CD), el Partido Liberal (PL), el Partido Conservador (PC), Cambio Radical (CR), la Alianza Progresista (AP), el Polo Democrático (PD), amén de otros partidos minoritarios y aquellos que gozan de circunscripción electoral especial.

Y son esas fuerzas políticas, justamente, las que participarán en la próxima jornada democrática, prevista para el domingo 25 de mayo, en búsqueda del titular de la  presidencia de la República. Aunque no todas participan con candidatos escogidos de entre sus propios militantes (los partidos L y CR prefirieron adherirse al de la U), en verdad todos juegan un papel decisivo en el resultado final dado la corta distancia que separaría en la primera vuelta a los dos candidatos de más alta votación.

La misma falta de emoción y pasión que caracteriza esta jornada proselitista, huérfana de confrontación ideológica y programática, se trasmite a la redacción de este análisis; hay un ‘déjame estar’ que vaticina una muy alta votación en blanco y una muy alta abstención.

En verdad, los candidatos no inspiran. En ese contexto sí que no podría aplicarse aquella máxima de que ‘la suerte está echada’. Cualquier resultado podría darse sin que ello escandalice a nadie. Inclusive, el más opcionado a coronarse es el candidato-presidente Juan Manuel Santos – amo y señor de una mermelada inagotable que sabe manejar al dedillo – pero no por sus propios méritos, sino por los desméritos de sus adversarios, que no émulos, ninguno de los cuales se antoja con el crisma y liderazgo suficiente para arrastrar al electorado.

FUTUROLOGÍA…

De los cinco candidatos en la palestra, hay dos – Clara López Obregón (PD) y Martha Lucía Ramírez (PC) – que no contarían con ninguna opción para sobrepasar la primera vuelta. Por manera que las posibilidades, en gracia  a discusión, se reduciría a tres candidatos: Santos Calderón (U+PL+CR), Oscar Iván Zuluaga (CD) y Enrique Peñalosa (AP).

SANTOS…

Como en un mundo de ciegos el tuerto es rey, se antoja Santos Calderón, el candidato  reeleccionista, el de más brillo en medio de la opacidad democrática ya mentada. Quizás no sea él el del brillo, sino la mermelada repartida y por repartir, que es inacabable. De hecho, para su causa ha logrado sumar los  apoyos  incondicionales de los partidos de La U, L y CR, pero pásmense: no logró preservar en su totalidad el respaldo del partido Conservador, adicto compulsivo, patológico, a la mermelada. De hecho, en los cálculos de los analistas objetivos, Santos Calderón superará la primera vuelta y es incluso el más firme candidato para la titularidad en la Casa de Nariño sobre todo por sus mayores posibilidades de canalizar el rechazo que los otros partidos (PD y AP) profesan hacía Uribe Vélez, fundamentalmente por la enemistad que le ha declarado al proceso de diálogo adelantado en Cuba entre el gobierno colombiano y las Farc.

ZULUAGA…

Si la mermelada y el apoyo prematuro de 3 partidos no han consolidado al candidato Santos, prueba palmaria de su opacidad, con más veras cuando su gobierno muestra una excelente performance en el manejo macro económico del país, al cual lo ha encumbrado ante los ojos de la crítica internacional, ¿qué decir del candidato Zuluaga, empujado y empujado por el más carismático  de los líderes colombianos de los  últimos 50 años?

Inequívocamente Zuluaga no ha logrado despegar, pese a ser acaso el candidato más preparado en la presente contienda electoral. Político curtido (alcalde, gobernador, congresista, ministro, etc.) y empresario  reconocidísimo, cuenta con todas las cualidades para hacer una buena presidencia, excepto tal vez por el carácter, que no parece acompañarlo a juzgar por la impudorosa dependencia a su mentor Uribe Vélez, a la postre candidato en cuerpo ajeno.

Esas son las paradojas: Zuluaga es candidato por Uribe Vélez, pero puede no ser presidente también por  Uribe Vélez. Sin embargo, puede superar la primera vuelta. En la segunda seguramente la cosa se le pondrá color de hormiga: sin mermelada, sin carisma y con Uribe, que encarna el rechazo a los diálogos por la paz, tema en el cual el país es notoria y mayoritariamente afecto. Por supuesto, en una probable segunda vuelta, Zuluaga podría conquistarse la fracción (¿minoritaria?) del PC acaudillada por Andrés Pastrana y Marta Lucía Ramírez, quienes se la tienen ya jurada al presidente-candidato Santos. También podría canalizar alguna disidencia de la AP, la de Petro, resentido con su destituidor Santos.

PEÑALOZA…

Lo de Enrique Peñaloza (AP) no deja de intrigar.  Aunque es hombre de grandes reconocimientos en las órbitas nacional e internacional, de cimientos éticos  y morales y de una grande formación humanística demostrada en su alcaldía  de Bogotá, una de las mejores en los últimos lustros, su resurgir en la Alianza Progresista tuvo más bajos que altos.

Intriga la alta votación (más de 2’000.000 de votos) obtenida en la consulta interna del partido, sobre todo porque la AP unida no registraba esa votación, y menos cuando su mayor vertiente (la de Petro – alcalde) le pagó ‘de la misma manera…’ (Camilo Namén), no apoyándolo en su proceso. Podría explicarse por la circunstancia de ser la consulta abierta para todos los ciudadanos, cualquiera fuese su militancia, lo que pudo favorecerlo, y más cuando los otros partidos votaban por Peñaloza en rechazo a Petro y a la izquierda.

Por supuesto, el alto guarismo de la consulta es un hándicap para el candidato, pero también para la masa de electores, en cuyo imaginario está la imagen de buen ejecutor y gobernante de Peñaloza; en tal sentido pueden verlo como redentor dado el bajo perfil de los contrincantes. Y puede crecerse el ‘enano’ al canalizar además votos de inconformes y de rechazo que tenían pensado votar en blanco y de la abstención.

De darse el palo en la primera vuelta, esa si sería una tendencia difícil de parar en la segunda vuelta ya poseso el pueblo que si se puede ganar por la vía de la opinión, bofetada grande para el clientelismo, la mermelada y el  status quo de los partidos tradicionales. Casos se han visto: Uribe Vélez en lo nacional, Moreno Paneso en el Cesar, para mencionar unos cuantos…

En una segunda vuelta de Peñaloza contra cualquiera de los otros dos, seguramente se le sumarían los partidos excluidos en la primera vuelta, así solo fuera para golpear al candidato con quien emularía.

López y Ramírez…

Sin ser despectivos, ha de reconocerse que estas candidatas, pese a ser valiosísimas por su formación y por sus ejecutorias demostradas, no tienen nada que hacer en este ajedrez. No fungen siquiera de alfiles o peones, sin duda no por ellas, sino por las fracturas internas de sus propios partidos.

López Obregón (PD) – mujer seria, estudiada, ejecutiva – representaría a la izquierda, pero la izquierda está muy cerca del limbo, sin saber si es zurda o derecha, y sin maduración para adelantar y sostener un proceso de cohesión; y peor: mal posicionada como gobernante por los vergonzosos mandatos en Bogotá de Moreno Rojas y Petro.

La candidatura de Ramírez nació en el limbo cuando la convención terminó fracturada por mitad, fractura que aún persiste. Inclusive, su legitimidad está sub júdice; mientras, la gran mayoría  de parlamentarios conservadores saborean la mermelada…sus posibilidades de superar una primera vuelta, al igual  que las de López, no son escasas; son nulas.

SÍNTESIS…

Los tres candidatos – Santos, Zuluaga y Peñaloza –  tienen posibilidades de superar la primera vuelta, pero los tres también la tienen, más o menos, de quedarse. Una segunda vuelta cualquiera podría ganarla de acuerdo al análisis, pues ninguno aparece arrollador. Todos tienen sus demonios, pero en la segunda vuelta los demonios de menos ensañamiento probablemente serían los de Peñaloza.

Amanecerá y veremos.

 

 

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