¿Regresaron las épocas del terror?

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Por: Faruk Urrutia Jalilie

Valledupar y el Cesar en la época de la niñez de mi generación eran emporio de paz y tranquilidad donde dábamos rienda suelta a nuestros sueños de inocencia temprana.

El amor filial, el respeto por los mayores, la tolerancia, la amistad, el respeto a la palabra empeñada y la moralidad de nuestros actos eran la regla de oro para una sana convivencia; inclusive, se aceptaba la diferencia ideológica sin acudir a las vías de hecho para dilucidar lo que conceptualmente nos hacia diferentes en la forma de interpretar la problemática social.

Los movimientos sociales que fueron sucediéndose al pasar los años acrecentaron las diferencias por falta de un diálogo fluido y permanente que permitiera convivir con ellas. Cada uno de los actores de la vida nacional, llámese movimientos, partidos o gobiernos, que como resultado del accionar político regían los destinos del país, anteponían sus intereses ante los intereses de la mayoría, corrompiendo sistemáticamente las instituciones e ignorando las necesidades básicas de la población.

Así se conformó un cuadro dantesco que socavó los cimientos mismos de nuestra nacionalidad, caldo de cultivo exquisito para la aparición de movimientos armados que amparados en el descontento popular bañan de sangre hace medio siglo estas tierras. Valledupar y el Cesar han tenido que pagar una cuota muy alta como consecuencia de estos hechos perversos, punibles y corruptos cocinados a través de los años.

Me recordaba preso en la ciudad, con algunos familiares secuestrados, otros asesinados, nuestra finca abandonada;  si miraba la vida nacional era peor, economía creciendo negativamente, Colombia  segregada a nivel internacional, presidente elegido con dineros del narcotráfico, la guerrilla avanzaba hacia la toma del poder secuestrando masivamente miembros de nuestro Ejército y Policía, propinando los golpes más duros de los que se tuviera noticia a nuestras Fuerzas Armadas.

Colombia bajó la cabeza y soportó con resiliencia el embate violento de las FARC, incluso nos arrodillamos en un proceso de paz  donde se fomentó la política del apaciguamiento. Recuerdo todavía la asquerosa forma de Raúl Reyes para dirigirse al país; nada me indignaba más. Hasta que por fin, quien despejó un país más grande que suiza, donde se fortalecieron las FARC, decide terminar con los infructuosos y desventajosos diálogos de paz.

Luego Colombia despertó y eligió a Álvaro Uribe, a mi juicio el mejor presidente de la historia. Seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social fueron los pilares fundamentales de su plan de gobierno; sobre esta base se edificó la prosperidad económica que vive hoy Colombia y que se encuentra amenazada por un heredero que no ha sabido manejar lo que con tanto esfuerzo se logró.

Hoy con temor regresan a mi mente aquellos efímeros diálogos de paz en los que los terroristas de las FARC se fortalecieron; los mismos que en el gobierno Uribe fueron militar y políticamente derrotados. Hoy nuevamente veo una ‘mesa internacional de diálogos’, auspiciada por el vecino enfermo, la destituida senadora, y uno que otro mamerto del estrato 6; aquellos mismos actores que se burlaron de todo un país y se mofaron de las ‘inocentes’ intenciones de aquel presidente, manosean al actual y mantienen su misma ideología terrorista y burlona de hace 50 años. Hacemos oraciones para que la paz llegue a Colombia, pero tampoco somos inocentes y entendemos que con posiciones arrodilladas nunca la lograremos.

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