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‘Polombia’: ¿qué pasa los 23 de noviembre?

No tengo duda de que será la columna de opinión con el ‘tinte’ más triste que he escrito. La muerte y el sentido de la vida. ¿Vivimos para morir?, ¿luchamos para que otros vivan?, ¿vivimos para luchar?, ¿luchamos para tener dignidad?, ¿somos dignos de vivir o vivimos por vivir?, son interrogantes que se pasean como ‘automóviles’ de Fórmula 1 por nuestra cabeza.  El que me sorprende está en el quinto interrogante que planteé.

Existe una casualidad trágica con los 23 de noviembres en nuestro país de bandera roja en exceso, poco azul y muy poco amarillo. Rojo de sangre que lleva años goteando, un azul que se supone vivirían los tiburones que ahora pueden cazar “legalmente” y un amarillo, del que no tengo la menor idea, porque el sol solo ilumina, parece, a los más privilegiados.

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Hace 203 años, Francisco Morales fue fusilado por sus acciones en contra de las autoridades establecidas, no hay mucha data publicada al respecto, de igual forma la información de Dylan se irá perdiendo en el tiempo.

Dylan Cruz, de 18 años, el sábado 23 de noviembre fue golpeado en la cabeza por una bomba lanzada por un agente del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) en Bogotá. El lunes 25 del mes en mención, falleció.

Justo en el momento en que el país reconocido a nivel mundial por su corrupción, narcotráfico, prostitución y otras cosas, se encontraba bostezando luego de una larga siesta, así como Dylan, muchos colombianos alzaban una sola voz y salían a la calle pidiendo dignidad, justicia, ser escuchados y ser valorados, resguardado con la peligrosa arma del alma y una cacerola.

Dylan falleció apenas a sus 18 años, a partir del lunes por la noche habrá una nube de periodistas, aspirantes presidenciales populistas, posiblemente los autodenominados influencers y también compatriotas con odio, hablando del ¿por qué pasó?, pero nunca respondiendo si tenía que pasar.

Muy prontamente los familiares y amigos de Cruz se quedarán solos con su dolor.

Probablemente el autor intelectual de la interrogante más conocida en los últimos días: ¿de qué me hablas, viejo?, mencionará que el gobierno lamenta profundamente la muerte, pero al mismo tiempo validará y respaldará el actuar de fuerzas policiales, terminando la idea en que los saqueos y actos de vandalismo están directamente relacionados a la movilización social que está con vida a nivel país.

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Aunque al menos la evidencia en el caso Cruz, muestra como el joven intenta alejar el artefacto del sitio donde están los manifestantes y segundos después se desploma; sí, él, en los ojos del país, viralizado y dejando al desnudo el actuar policial en contra de un colombiano igual que salió a manifestar su descontento como producto de una cadena sistemática que aísla a gran porcentaje de la población.

Esforcémonos para que no se continúe dañando nuestra convivencia nacional, no seamos parte de esferas donde la corrupción impere, demandemos lo que no es justo ni equitativo, el sistema de salud está en contra de la misma salud y sus trabajadores.

Es el momento donde cada humano deberá sacar fuerzas desde lo más profundo y empezar a ser empático, donde cada humano deberá empezar a entender que han sido muchos años de maltrato, hostigamiento, desconsuelo, violaciones, corrupción o, ¿usted también es de los que cree que es mejor que exista una corrupción no-visible y sin espacios de manifestaciones?

Leí en una red social algo que me llamó poderosamente la atención, a este joven lo asesinaron en la mitad de la capital del país, ¿se imaginan cuántos casos se dan en las zonas más periféricas?

Esta es una de las cosas de las que yo te quiero hablar, viejo.

José Daniel Torres
Psicólogo
Universidad de Chile

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