NOS PREOCUPA LA INFECCIÓN…

Mientras los trinos y los medios de comunicación formaban alharacas y brincaban locos de contento por la ‘superación de la crisis institucional’ entre las administraciones departamental y municipal de Valledupar a propósito del proyecto Centro Cultural Vallenato, un nuevo enfoque perturbaba nuestra atención.

Nos detuvimos en el affaire, la liberación o no del uso del suelo en la manzana 200, solo porque vislumbrábamos con claridad el síntoma de una infección grave que estancaba el desarrollo de Valledupar. Era la fiebre que evidenciaba la infección, según predicamento de la medicina. La resolución del affaire se antoja apenas la aspirina que ocultó la fiebre, dejando latente la infección, con el riesgo de agravarse sobre todo por el advenimiento de épocas electorales, de suya turbulenta.

Repasemos. La gota que rebosó la copa, a finales del año viejo, era el ‘embolate’ del proyecto ‘Centro Cultural del  Vallenato’ propuesto por la administración departamental para construirse en la manzana 200 – antiguos hotel de turismo y Zona de Carretera y actuales oficinas del INVÍAS – cuyos trámites no podían comenzarse sin la previa liberación del uso del suelo, lo que le competía a la administración municipal.

Para el gobernador bastaba con la voluntad política de la administración municipal, no explicándose porqué tantas argucias así el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) previera para la cacareada manzana 200 una rotonda. Por fortuna, probándose que los problemas más complejos se resuelven de la manera más sencilla, alguien iluminado hizo diana al proponer la construcción del Centro Cultural  sobre la rotonda.

El penoso episodio, que casi precipita un cisma, retrotraía a los vallenatos a repetidas ingratas vivencias y los hacía preguntarse si estábamos condenados a la vergonzosa pugnacidad irreconciliable y antagónica entre sus gobernantes, que referida a mezquindades con su territorio probaba con suficiencia su falta de grandeza.

Cesaron los tambores de guerra, ¿pero acaso se disiparon los nubarrones sobre el cielo de Valledupar? No queremos ser ave de mal agüero, pero ojala la resolución del impasse no sea el árbol que oculte el bosque. Contrario a los trinos y a la alharaca de los medios, inclusive a las expresiones mutuas de parabienes, estimamos frágil la relación personal – institucional de nuestros gobernantes, y de contera, incierto el destino prospectivo de Valledupar como ciudad-región.

Un buen ojo clínico, analítico, descubriría y diagnosticaría fácil la infección, sobre todo por los antecedentes ya documentados de la patología. Pareciera que en Valledupar se  hubiese incubado la cepa de la desunión crónica entre gobernadores y alcaldes, que ninguna de las parejas de gobernantes ha sido vacunada para trabajar en armonía y prospección en Pro de la ciudad, con el resultado catastrófico de un Valledupar en decrecimiento galopante.

Ha de suponerse que el municipio de Valledupar cuenta con un plan de desarrollo, al menos por el cuatrienio, hoja de ruta que se supone no caprichoso sino rigurosamente cimentado, en el cual deben estar priorizadas las inversiones urgentes y necesarias para atender los nudos problemáticos y hasta las plataformas de lanzamiento.

Si pensamos con grandeza y en función de ciudad, ha de presumirse que todas las obras por construirse en Valledupar deben observar ese orden de prioridades, y ha de presumirse en sana lógica que dicho plan hubo de ser discutido con el socio vital del municipio, la administración departamental, para proyectar y garantizar de antemano un volumen de recursos – entre otros, los financieros – que aseguren la ejecución de las macro obras convenidas.

De seguro, ninguna de las obras proyectadas en Valledupar por el departamento ha sido previamente acordada con el municipio. No es necesario mayor esfuerzo, pues, para advertir la nula concertación institucional entre el gobernador del Cesar y el alcalde de Valledupar. En ausencia de un norte acordado, el gobernante departamental querrá dejarle su impronta a la ciudad haciéndole sus propias obras inclusive sin obedecimiento al plan de desarrollo.

Solo ello explica el surgimiento del proyecto Centro Cultural, cuya importancia nadie osa discutir, aunque sea posible que la ciudad priorice y exija obras más necesarias. Sólo ello explica el debate sobre su ubicación, cuando el dónde debiera estar establecido de antemano, atendiendo que su construcción no sea un nuevo problema para la movilidad…

Me gusta el centro cultural, pero nos preocupa el manejo de la ciudad, sin brújula. Lo ideal y conveniente, en vez de la modalidad al detal, es que los gobiernos del Cesar y Valledupar se articulen de entrada y convengan el presupuesto y las macro obras a ejecutarse durante el periodo de gobierno. Ah, y que ese acuerdo de voluntades sea blindado por el aval ciudadano.

He ahí la infección, de fácil reproducción: La insularidad que genera pugnacidad. La no articulación entre sectores vitales. La no asociatividad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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