¿Mayores niveles de conciencia?

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Airlen Durán Acosta

Pensar que como sociedad hemos mejorado y que, en términos globales, hoy se sufre menos, para seguir a Eduard Punset, implica también que como conjunto los seres humanos hemos alcanzado mayores niveles de conciencia.

Empezamos por reconocer al otro al que antes se le negó la humanidad en todos los procesos expansionistas de las naciones europeas, en los que el sometimiento fue posible bajo el supuesto que aquellos pueblos sometidos no eran propiamente seres humanos. Y, finalmente, en la actualidad a nadie se le ocurriría negarle el estatus de ‘ser humano’ a ninguna mujer, negro, indígena o individuo perteneciente a cualquier grupo étnico del planeta. Es un hecho reconocido que todos somos seres humanos.

El reconocimiento del otro y del respeto de la vida se da en muchos niveles: existen grupos ecologistas que luchan por el cuidado y la protección del medio ambiente y la defensa de los animales. Hemos constatado que los animales sienten dolor y que desarrollan ciertos procesos que antes se creían exclusivos de los seres humanos. Hemos llegado a reconocer la importancia de la vida en sus múltiples manifestaciones como sociedad global, como conjunto, pero ello no significa – desde luego – que el mundo entero marche al compás de los movimientos de defensa del medio ambiente y los animales.

Para no ir muy lejos, la semana pasada la ministra de Medio Ambiente, Luz Helena Sarmiento – de quien justamente podríamos esperar una ejemplar conciencia medioambiental – declaró ante los medios de comunicación que “…no fue tan grave la tragedia de Casanare (porque)… solo se murieron 6 mil chigüiros…” luego de que fuera ella la responsable de entregar las licencias ambientales a las petroleras que generan la tragedia ambiental en Colombia. ¡Plop!!

Digamos que la ministra ignora deliberadamente hacia dónde se mueve el mundo en términos de conciencia ambiental y de reconocimiento de la vida en sus múltiples manifestaciones; y, digamos, que desconoce cuando menos la respetable lucha de los movimientos de defensa del medio ambiente y los animales que a nivel mundial cada día cobra más fuerza y adeptos.

Pero… ¿cómo puede importarle un comino confirmarle a los colombianos que en Colombia todo esto es posible por no existir una legislación medio ambiental fuerte que ponga freno a los daños causados por las multinacionales?

¿Cómo puede importarle un bledo no hacer nada desde su cargo para que Colombia deje de ser uno de los destinos preferidos por las petroleras y demás multinacionales justamente por carecer de una fuerte legislación medioambiental que penalice los delitos de las compañías responsables?

Y, finalmente, ¿cómo puede suponer que sus declaraciones son mínimamente responsables, respetuosas y correctas desde el punto de vista político? ¿Cómo puede suponer que no le costarán el cargo y la favorabilidad, si de conservar esto se trata?

Si la ministra echa por la borda algunos de los progresos más significativos logrados en el mundo en las décadas recientes y nos avisa que no hace parte de ninguno de esos movimientos llenos de intenciones de construir un mundo mejor – que encarnan la lucha por el respeto a la naturaleza – no sólo no está en sintonía con el renacer y despertar mundial sino que no puede llevar el liderazgo de un Ministerio que justamente es resultado de ese mayor nivel de conciencia mundial y nacional.

Y, entonces, no defiende los intereses que debiera representar ni asume el liderazgo que le corresponde como autoridad competente en la defensa del medio ambiente.

Quizá la intención de la Ministra era señalar que no es inusual que eventos como la muerte de 6.000 chigüiros ocurra en Colombia bajo las condiciones normales en que operan hoy las multinacionales, pero esto sólo puede dejarnos en el peor de los escenarios: aquel en el que resultan completamente normales para nuestros dirigentes los peores males.

Ya lo veremos: dentro de poco será impensable que alguien diga: “No fue tan grave la tragedia de Casanare (porque)… solo se murieron 6 mil chigüiros”, así como impensable es que alguien afirme hoy que no fue tan grave la masacre en las bananeras o que «el holocausto nazi no fue tan grave porque solo murieron seis millones de judíos”.

Creo que la sinceridad, la transparencia y el respeto por la vida en todas sus dimensiones, debe llevarnos más allá de un afán por minimizar lo ocurrido; debe llevarnos a un manejo trasparente de todas nuestras instituciones y ministerios.

*Por un error involuntario en la Edición pasada salió ‘Bolivia’ en lugar de Brasil.

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