Los retos del Cesar para superar los efectos sociales producidos por el conflicto armado, la caída del carbón y la crisis del coronavirus

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A escasos meses de que el Cesar cumpla 53 años de vida institucional como ente territorial, hoy sus autoridades y los estamentos sociales de este espacio subnacional del país estamos ante el reto de enfrentar los efectos sociales dejados por el conflicto, la caída del carbón y la crisis del coronavirus. Para esto es necesario abordar tres momentos que pueden mostrar avances y retrocesos en el bienestar general de la población del departamento: (i)  la inauguración del departamento, (ii) la intensidad del conflicto y (iii) la necesidad de construir entre todos un futuro colectivo para enfrentar dichos retos.

Antes del primer momento, lo que sería el territorio del Cesar sufría el atraso producto del centralismo estatal  por parte de las autoridades del Magdalena. Por fortuna, varios factores confluyeron – no habría espacio para pormenorizarlos –  para que se produjeron avances y relativas satisfacciones de bienestar general en los moradores del territorio.

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Pero no todo fue color de rosa, pues el crecimiento no alcanzó a nivelar las brechas sociales de inequidad (aún no se ha logrado). Como sociedad regional seguimos rezagados, en tanto el grueso de la población vive en condiciones de pobreza al no contar con ingresos y servicios básicos.

Un segundo momento da cuenta de la agudización del conflicto por parte de grupos armados al margen de la ley (guerrillas y paramilitares) que, por la ubicación geopolítica del Cesar, se establecieron aquí desde los años 70, 80 y 90.

La intensidad del conflicto en el Cesar generó graves problemas sociales, económicos, políticos y culturales, ante las constantes violaciones a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, lo que ha afectado, entre otros efectos letales, la atracción de capital e inversión que permita hacer y mantener empresas, generar riqueza, empleo y bienestar general, lo que a la postre llevó a la población más vulnerables a mayores niveles de marginalidad social y pobreza.

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Para colmo, el Cesar, primer productor y exportador de carbón térmico del país, ha visto afectada su economía y sus finanzas por la abrupta caída de los precios internacionales, haciéndose incierta la demanda por el tránsito hacía las energías renovables

La pandemia del coronavirus y el confinamiento social agravaron la situación económica del Cesar al caer de modo abrupto la producción, ocasionándose destrucción de empresas, empleos, pérdidas de ingresos y retrocesos sociales por el crecimiento de la pobreza monetaria que, según informó el  DANE, viene creciendo al pasar de 34.7% en 2018 al 35.7% en 2019, cifras que para el 2020 pueden estar por encima.

Ante ese panorama poco halagador le corresponde a las fuerzas vivas, organizada como sociedad civil,  encontrar salida mediante el diseño e implementación de una estrategia compartida de futuro colectivo de largo plazo  que permita hacer del Cesar un territorio incluyente, sostenible, competitivo y dispuesto a hacer catarsis para sacudirse de un pasado de desastres.

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Desde luego, debe aprovecharse el potencial en riqueza ambiental, en diversidad de recursos naturales renovables, en la producción agropecuaria de palma de aceite, en los cultivos de cafés especiales de exportación, cacao, frutas de exportación (mango, melón, piña y otras), y en ganadería de doble propósito (carne y leche), y el potencial generador de energías del futuro, las renovables, a partir de la alta irradiación solar que, según el IDEAM en el norte del departamento son entre 7 y 9 horas de sol al día.

Son potencialidades en procesos productivos que bien ameritan la construcción, dotación y acceso a bienes públicos e inversiones de todo orden que posibiliten adelantar mejoras, transformaciones y alianzas productivas en el campo, encaminadas por un lado, a obtener mayores rendimientos y a propiciar la agroindustrialización para generar valor agregado, riqueza, empleo e inclusión social y, por el otro, a propiciar la producción de bienes y servicios competitivos que diversifiquen la economía regional y sirvan de sustitutos del carbón en declive, incrementen la oferta exportable y puedan generar lo mismo.

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Perfil de José Adalberto Arroyave:

Economista. Especialista en finanzas y negocios internacionales y Maestría en planificación y administración del desarrollo regional. Investigador y docente universitario.

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