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La UNAL, entre oportunidades y tropiezos

La Universidad Nacional (UNAL), una de las 10 mejores universidades públicas de Latinoamérica, con más de 150 años formando profesionales, llegó a la región caribe a aportar a la educación. Grandes expectativas rodean su funcionamiento, calidad y su aporte al desarrollo de la región.

Su destacado rendimiento académico y operación administrativa ha hecho que tenga presencia, con sede, en gran parte del territorio nacional: Amazonía, San Andrés, Manizales, Medellín, Orinoquía, Palmira y Tumaco, brindando conocimientos en más de 20 programas de pregrados y muchos otros en post grado.

Un examen de admisión, ‘estricto y transparente’, aseguran sus directivos, es el boleto de entrada al claustro; solo quienes obtengan los mejores puntajes serán los merecedores de pertenecer a este centro de educación superior, lo que por decirlo de alguna manera, hace que forme a los mejores estudiantes del país.

El sueño del Cesar de tener una sede de la UNAL inició en el 2010 en el gobierno de Cristian Moreno Panezo, y se fue cristalizando año tras año hasta entregarse oficialmente la obra, al menos la primera fase – el 10 de septiembre de 2018, 8 años después – a escasos metros del municipio de La Paz y a nueve kilómetros de Valledupar.

El comienzo

Para esta mega obra se invirtieron alrededor de $62.000 millones, incluyendo la interventoría a cargo de la Universidad Nacional. Fue el pasado mes de agosto de 2019 cuando las puertas de la Unal, sede La Paz, se abrieron oficialmente a sus estudiantes con seis programas académicos: Biología, Estadística, Geografía, Gestión Cultural y Comunicativa; Ingeniería Biológica e Ingeniería Mecatrónica.

Para destacar, el valor de la matrícula es accesible en relación a otras universidades públicas. Según el claustro, se parte de un Puntaje Básico de Matricula (PBM), el cual ubica al aspirante en una tabla básica para la liquidación de valores de los derechos a cancelar. 

El valor mínimo oscila entre los $0 hasta $8.000.000. En lo que respecta a la sede de La Paz, se ha conocido que el 92% de los estudiantes se ubican en estratos 0, 1 y 2, por lo que sus matrículas oscilaron en los $93.000.

La prioridad en este primer semestre de operaciones fue para 240 estudiantes, preferencialmente del Cesar, de los cuales a la fecha hay 222 en formación, circunstancia que le da pie a los críticos para cuestionar por qué una obra de más de 60 mil millones de pesos, esperada durante tanto tiempo, solo inicie educando a un poco más de 200 estudiantes. Se estima un tiempo de por lo menos 10 años para que la sede de La Paz alcance una cobertura acorde con la inversión hecha y con su condición de pública. (En vía de ejemplo, la Universidad Popular del Cesar cuenta con más de 16.000 estudiantes).

Inicialmente, solo cesarenses

Así se propagó por las directivas de la UNAL: los admitidos en el primer semestre serían exclusivamente estudiantes oriundos del Cesar, preferencia que ‘supuestamente’ se tendrá hasta el primer semestre del 2020.

Sin embargo, esta directriz parece no ser del todo cierta, o al menos no fue bien comunicada e interpretada por la comunidad. Según información suministrada por el Área de Planeación de la Universidad Nacional, varios de los alumnos provienen de otras partes del país; incluso, habría un estudiante del extranjero, dejando en entredicho la prelación con los jóvenes locales. 

De acuerdo a los registros suministrados de estudiantes, 

190 alumnos son del Cesar; de La Guajira, 4; del Magdalena, 4; Barranquilla, 5; Bolívar, 3; Santander, 2; Caldas, 1; Norte de Santander, 2; Bogotá, D.C., 9 y extranjero, 1.

Iván Jaramillo, vicerrector de la Universidad Nacional, sede La Paz, explicó que estos estudiantes “seguramente nacieron en otros lados, pero demostraron que cursaron dos años de su bachillerato en algunas de las instituciones de secundaria del departamento y así se admiten como si fueran del Cesar… claro que, de acuerdo a lo planeado, las oportunidades irán creciendo de la mano de las expectativas. A partir del segundo semestre del 2020 se expandirá la oferta a jóvenes del Magdalena y La Guajira”.

Peros en el camino…

Aunque de buen augurio, la apertura de la UNAL traerá  algunos tropiezos, apenas explicables, al menos mientras la dinámica propia del asentamiento ajuste las condiciones para su funcionamiento.

El transporte es el más serio de los problemas que afrontan los nuevos estudiantes, para los cuales solo hay disponibilidad de una ruta intermunicipal concertada entre el Área Metropolitana, la gobernación del Cesar y las alcaldías. Se trata de Cootransdipaz, empresa que por años ha conectado a San Diego, La Paz y Valledupar.

Aunque logró un punto de carga y descarga en la sede, los estudiantes se quejan de los precios. Para quienes se desplacen de San Diego, el pasaje vale $3.500; desde La Paz $2.500 y desde Valledupar $4.000, lo que sumaría al mes, según los estudiantes, unos $200.000. Irónicamente, un valor superior al de la matrícula.

Stiven Campo, quien viaja Valledupar – UNAL ocho veces por semana (ida y vuelta), sostiene que “es un valor difícil de conseguir, soy una persona de escasos recursos; a veces tengo para los pasajes, pero no me alcanza para copias, comida u otras cosas. En ocasiones, al no ser beneficiado de subsidios de transportes, me toca ubicarse a un costado de la carretera a esperar un ‘aventón’ para ser trasladado gratis, o por $1.000 pesos menos…”.

Por supuesto, es uno de los estudiantes que reclama “poner en funcionamiento los supuestos buses adquiridos por el plantel, los cuales estarían a la espera de un contrato de gasolina, el mismo que presuntamente debe efectuarse entre las alcaldías de La Paz y Valledupar”.

Indagado el vicerrector Jaramillo, dice desconocer detalles de este contrato. “No tenemos ningún tipo de buses. El transporte ha sido uno de nuestros temas más complejos, solo hemos logrado habilitar una ruta, pero es una tarifa muy alta para los muchachos, pero seguimos trabajando con las entidades competentes para soluciones. Además, buscamos entrar subsidios a los más necesitamos, estamos en ese censo”, manifestó el vicerrector.

Cuando no hay perro se montea con gato, reza el refranero popular. Será por ello que algunos universitarios han optado por desplazarse en bicicletas desde los municipios cercanos, también en moto taxi  y moto carros, exponiéndose a graves peligros; incluso algunos de ellos ya han sufrido accidentes, por suerte nada de gravedad.

Así viven los estudiantes

Brayan Piñeres es oriundo de El Paso (Cesar). Emocionado aprovechó la instalación de la Universidad Nacional, ganándose uno de los cupos dispuesto en el primer semestre; aunque el pago financiero fue bastante bajo, ha tenido que solventar algunos ‘monstruos’, así los llama, económicos como arriendo, alimentación y otros aranceles educativos.

El estudiante entregó una radiografía de gastos en los que debe incurrir mensualmente, gastos que serían el promedio de los estudiantes que dejaron su lugar de origen para instalarse en un municipio cercano a la universidad:  

  • Arriendo de una habitación amoblada con servicios básicos – luz, agua y conexión a internet: $210.000;
  • Alimentación – almuerzo y cena de lunes a domingo: $230.000. 
  • La cena a final de semana corre por su cuenta: $20.000
  •  Copias, compra de libros, implementos y otras herramientas: $60.000
  • Para todo ello, más el transporte, el estudiante debe disponer alrededor de $780.000 cada mes.

Piñeres cuenta solo con el apoyo de su madre, la cual devenga un salario mínimo; “con esfuerzo he logrado mantenerse en La Paz, donde evidentemente es más económico la estadía en comparación con Valledupar o San Diego”.

“No me quejo de la oportunidad, pero sí de que no hayan tenido en cuenta estos aspectos: es una universidad dirigida y hecha para personas de escasos recursos que buscan formarse. A veces pareciera que su fin no fuera ese, sino para el que pueda defenderse económicamente. Eso en algún momento puede ocasionar deserciones”.

El vicerrector académico, Jaramillo, aclaró que hasta la fecha no hay estudiantes retirados y aún se mantienen activos en los programas; además, afirmó que los planes se vienen desarrollando de acuerdo a lo previsto.

“Los profesores están acá, iniciamos actividades y el proceso de trabajo con la metodología propuesta implantada en la sede; estamos conformes y contentos con los resultados que hemos tenidos”, dijo Iván Jaramillo. Agregó que se están iniciando los procesos de investigación para poner en marcha la formación en posgrados para el próximo año.

***

La Nacional está por culminar apenas su primer semestre de historia académica en el Cesar; es apenas el comienzo, de seguro que sirve para analizar los retos por asumir y así ir mejorando paulatinamente.

Sin duda, la movilidad de los estudiantes debe ser, el próximo año, tema ineludible de los alcaldes de la zona de influencia de la UNAL, para así evitar deserciones por obstáculos económicos.

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