La encrucijada del Cesar

Como no nos avispemos, la situación socioeconómica que se ha develado por cuenta de la pandemia en nuestro departamento del Cesar, como en tantos otros, habrá llegado para quedarse por un buen tiempo y no precisamente por culpa de la larga emergencia sanitaria. Los indicadores económicos de estos primeros meses de la pandemia que ya se conocen dejan muy mal libradas a varias ciudades capitales, entre ellas a Valledupar, poniendo de presente la fragilidad del sistema productivo y la alta tasa de informalidad.

¿Si en materia de desempleo Valledupar traía porcentajes cercanos al 17% en 2019 y en septiembre pasado arrojó un 29.3 % – 7ª en el país- frente a un 15.8% nacional, como será en los municipios restantes? Desde luego, con el agravante de que la proporción del desempleo asociado a la pandemia es de 80/20, y de la incertidumbre de recuperarse en el corto y mediano plazo por la condición histórica de informalidad del empleo -con un 59.1% -5ª del país-.

Ese escenario empeora aún más por la gran amenaza que enfrenta la región con la parálisis y eventual salida de grandes yacimientos mineros -PRODECO, CNR- y la notable disminución en las metas de producción en DRUMMOND y el resto de minas en razón del precio internacional, que se agrega a una crisis de largo aliento, y que constituye el mayor factor desestabilizador en nuestro futuro próximo.

El desafío en el corto, mediano y largo plazo que plantea este riesgo a nuestros dirigentes privados y públicos, especialmente a gobernantes regionales y locales, es inmenso. Opino que por encima de diferencias políticas, se impone la urgencia de activar una convocatoria amplia por parte de la gobernación, en su condición de responsable constitucional de la planificación y orientación del desarrollo económico del departamento, a la sociedad civil – gremios de la producción, sindicatos, universidades, iglesia, medios de comunicación, ONGs, etc. – para que, conjuntamente con las entidades del nivel nacional, se revise el modelo de desarrollo que nos impuso la explotación del carbón en los últimos 25 años, el cual se empieza a debilitar y se advierte definitivamente agotado a la vuelta de 30 años.

En efecto, desde hace algunos años empezamos a recibir señales negativas en torno a la utilización de combustibles fósiles. Para Colombia es una pésima noticia al ser uno de los mayores exportadores del mundo y acreditarlo como segundo renglón de divisas, pero especialmente para departamentos productores de carbón térmico y con instalaciones portuarias como el Cesar, la Guajira y el Magdalena.

De allí que llegó la hora de volver a pensar en grande y adelantarnos a la realidad que golpea a nuestra puerta con la suspensión de la explotación en algunas minas grandes y la consecuente disminución de puestos de trabajo que ya se cuentan por miles.

Tenemos que ponernos de acuerdo desde ya en la nueva visión del departamento que debe construirse entre todos. Las experiencias adquiridas en las bonanzas del pasado, positivas y negativas, son el principal insumo para esa abierta discusión. En fin, aquel estereotipo de que “De las dificultades surgen las oportunidades” tenemos que hacerlo nuestro.

En esa convocatoria, el compromiso de quienes gobiernan no puede ser meramente retórico. El Cesar y sus municipios no se pueden seguir dando el lujo de malgastar sus regalías en inversiones improductivas o suntuarias, ni en obras de infraestructura vial, de agua potable o saneamiento que quedan inconclusas o mal hechas como se ha visto en los últimos 12 años.

Así difícilmente podrán contribuir a impactar positivamente la superación de la pobreza ni el bienestar de la población. No todo deben ser parques ni escenarios deportivos como ocurrió en Valledupar y otros municipios en los últimos años, que colocan en tela de juicio la calidad del gasto público y la pobre focalización del mismo por parte del departamento y de los municipios, todo lo cual se traduce en una mayor deuda social con los cesarenses que ven frustrada su aspiración de participar de un mejor desarrollo económico.

Es decepcionante la precaria siembra de las regalías en el campo, como era la consigna a mediados de los 90´s, y el escaso esfuerzo en mejorar el entorno ambiental. Se explica en la estrategia electoral exitosa de quienes dominan el escenario los últimos años pues estos componentes no dan votos ni sus proyectos resultan ser de montos cuantiosos de tal manera que sean atractivos para la contratación.

Pero estamos a tiempo para rectificar esa práctica. Si bien ya no veremos ingresos de billones de pesos para el departamento en un cuatrienio como ocurría hasta hace poco -se anuncia que para el próximo bienio serán solamente 251 mil millones por regalías sin contar lo de los municipios mineros-, siguen siendo cifras importantes que bien invertidas pueden generar el suficiente impacto para mover los indicadores de pobreza hacia abajo.

La cofinanciación tiene que volver a ganar protagonismo como instrumento de descentralización y progreso, para permitir además jalonar tres veces esa cifra como mínimo, con la participación de la nación, los municipios y la empresa privada.

En esa dirección, la oportunidad de oro que tiene el Cesar al contar con varios hijos suyos ocupando altos cargos del Gobierno Nacional, como pocas veces desde que fue creado, no se puede desaprovechar. Por experiencia propia, parto de la base de que cada nombramiento en la administración pública trae consigo un compromiso regional ineludible, por lo que no comparto la excusa aquella con la que terceros los justifican, de que como llegaron a esos cargos por méritos individuales no son susceptibles de ser exigidos para el apoyo de grandes proyectos y soluciones a los enormes problemas económicos y sociales que nuestra región enfrenta, como es el caso del Ministro de Vivienda y Agua Potable, del Director Nacional de Planeación y otros más. Estoy seguro que vienen gestionando proyectos y recursos a favor del Cesar dentro de programas de alcance nacional, pero es preciso poner en sus manos para que decidan sobre ambiciosos proyectos de desarrollo y de generación de empleo que han sido aplazados y ya no dan espera.

El catálogo de proyectos e iniciativas por consolidar es largo: en infraestructura, la represa multipropósito de Los Besotes en el norte, el centro de apoyo logístico en la zona minera, y el acueducto regional y distrito de riego del Buturama en el sur del departamento.

En vivienda, la aceleración de proyectos de interés social y VIP en las cabeceras municipales, el incremento en el mejoramiento de la vivienda rural y la ampliación de cobertura en saneamiento básico son imprescindibles para la disminución de la pobreza y la generación de empleo, e inexcusable si no lo logramos ahora que tenemos a un cesarense en esa cartera ministerial. Pero para ello la gobernación y los alcaldes tienen que manifestarse con una inobjetable preinversión.

El sector agropecuario merece atención aparte por ser inherente a nuestra naturaleza y continuar siendo el primario de nuestra economía, pese a la preminencia que le arrebató por años el sector minero en la innegable generación de bienestar e impacto positivo en la distribución del ingreso y del patrimonio que propició en casi todos los municipios.

Ahora, proyectos que han querido consolidarse en el sector como son los de apoyo al cultivo del café y de cacao, de fruticultura, de piscicultura y de ganadería, deben tener prioridad y cabida en los planes de desarrollo.  Es la hora de definir un plan de oferta selectiva para promover la siembra de varios productos que tengan asegurada la productividad y la competitividad frente a la demanda.

Al ser una de las mayores cuencas lecheras del país, se debe estimular la llegada de nuevos proyectos lácteos de capital privado o cooperativo, sin descuidar el mejoramiento genético para un mayor crecimiento de oferta cárnica, tarea que debe reforzar en su misión de fomento el Centro de Desarrollo Tecnológico de la gobernación.

Ojalá se invirtieran más recursos de nuestras regalías en la creación de bancos de maquinaria y compra de equipos de perforación de pozos por parte del departamento y cada uno de los municipios que carecen de los mismos. También se debería retomar a nivel departamental la política pública de proveer asistencia técnica a los campesinos en todos los municipios.

Con sinceridad, tengo que decir que la incuria de nuestros dirigentes es evidente a la hora de promover nuestro potencial agropecuario. A manera de ejemplo, ¿dónde estaban nuestros gremios, el gobernador y los alcaldes de los municipios de la época, cuando MINERVA, la mayor empresa exportadora de carne del mundo, decidió ubicar su gran frigorífico en Santander y no en el Cesar? No hubo quien le ofreciera mejores ventajas de nuestra región en materia tributaria y le advirtiera sobre la cercanía a los puertos. Habría sido la mayor oportunidad para crecer en ganado de carne, con mercado propio y precios más estables y justos.

Respecto del plano energético, en mi opinión se debe retomar la iniciativa de la construcción de la carboeléctrica sobre el Rio Magdalena, en Tamalameque, que junto con el proyecto de La Luna, en El Paso, nos coloque en el mapa de la generación eléctrica propia, sirviéndonos para ello de los grandes recursos existentes por el cargo de confiabilidad que pagamos todos los meses en nuestro recibo de la luz.

De igual modo, es inaplazable apostarle al aprovechamiento de la bendición de contar con unas de las zonas con más radiación solar en el mundo, como son las del centro y norte del Cesar.

Y porque no, agarrar el toro por los cuernos y defender entre todos la posibilidad de explotar los yacimientos de petróleo y gas mediante el método de extracción de fracking en el sur del departamento y en la cuenca del Rio Cesar, que resultó ser la más grande del país, garantizando, eso sí, que se haga con los más exigentes requerimientos de sostenibilidad ambiental y sin afectación a los recursos hídricos.

Lo mismo ocurre con el acompañamiento indispensable de la fuerza pública. Estamos esperando desde hace tiempo el copamiento efectivo por parte de la autoridad armada del Estado de aquellos espacios que ocuparon las FARC y las autodefensas desmovilizadas. Ello se constituye en un imperativo moral para esas instituciones y los responsables del orden público, el gobernador y los alcaldes, si queremos que nuestra región no se convierta nuevamente en presa fácil de quienes se mantienen en armas contra el Estado, y de la delincuencia común, como empieza a advertirse.

En suma, al responder la solicitud que me hiciera Dickson, he querido realizar un ejercicio intelectual de invocar algunos diagnósticos conocidos, pero proponiendo lo que a mi juicio podría ser un conjunto de soluciones a la encrucijada que ya enfrenta el Cesar en varios sectores, que representan al mismo tiempo una ambiciosa agenda para su desarrollo en la tercera década del siglo.

*Editado

**  Abogado de la Universidad Libre de Colombia, con master en derecho de la Washington School of Law, de American University. Amplia trayectoria en cargos públicos de dirección a nivel nacional y de consultoría en organismos internacionales y privados en Estados Unidos y Paraguay, así como experiencia en gerencia de empresa de ingeniería eléctrica en Chile. Ex gobernador del Cesar y ex senador de la República elegido para dos periodos. Actualmente a cargo del proyecto de APP Férrea de Chiriguaná-Puerto Brisa, Dibulla.

 

 

 

6 Comentarios

  1. Interesante las apreciaciones de este exgobernador del Cesar, de pronto las circunstancias eran diferentes a la de hoy, pero en el Cesar, hace más de 20 años, nuestro principal producto que contribuye con el PIB, es precisamente el carbón, y está de paso, ahora no fuimos capaces de manejar tantos recursos, y se invirtieron en obras que realmente no le trajeron beneficio a la comunidad, solamente al mandatario de turno. Y la lista es grande en nuestro Departamento. Un abrazo solidario.

  2. Todos somos responsables y más los gobernantes que se embriagaron con el poder sin saber que el otro Cesar, la mayoría, se bebía el trago amargo de la desigualdad y falta de oportunidad .
    Aun estamos a tiempo de sembrar el carbón que nos queda en innovación y emprendimiento, transformando nuestros productos del sector primario uniendo todos los eslabones de la cadena.

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