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La dura crisis de la UPC

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

helenbohorquezperiodista@gmail.com

Hablar de los problemas que existen en la Universidad Popular del Cesar no es tema nuevo, es probable que suene incluso iterativo. Siempre ha preocupado su politiquería, lo que a su vez incide en su deficitaria administración, el interés desmedido que tiene algunos de ser su rector(a), la falta de calidad en sus procesos y programas formativos que la renquean en desprestigiados lugares frente a otras universidades públicas del país, entre otras inquietudes.

Pero es que debe ser la misma esperanza de los cesarenses de ver una universidad diferente lo que hace que su estado actual y su futuro, sea un necesario tema de debate. Por esta razón, en semanas pasadas, en el XV diálogo de ciudad liderado por la Revista Enfoque Vallenato, se analizó, discutió y se plantearon salidas a su crisis partiendo de la reflexión que suscita el siguiente interrogante: ¿La Universidad Popular del Cesar le hace honor a su condición de Alma Mater?

Conocedores de la materia dieron contexto sobre su situación, coincidiendo y reconociendo en primer lugar el desprestigió que tiene la UPC y la necesidad de reformarla para que pueda contribuir al desarrollo de la región como es debido, y que pueda demostrar que sus casi 50 años de existencia no han sido en vano, y que los cerca de 18.000 estudiantes que hoy se forman allí con más de 1137 docentes en 18 programas, pueden sacar adelante a este organismo hoy con falta de liderazgo.

“La UPC: se percibe desprestigiada, corrupta, politiqueada, carente de principios rectores, desarraigada de su entorno, apóstata de su misión, rezagada entre sus pares”, sostuvo el director de Diálogos de Ciudad, Dickson Quiroz añadiendo que se la he perdido la confianza “por su divorcio con el sector productivo. Por pervertir procesos democráticos. Por deconstruir ciudadanía. Por su desinterés con los procesos académicos. Por permanecer en la retaguardia en el proceso de transformación social”.

Estas ideas fueron reforzadas por Andrés Molina, Abogado y periodista, expositor del diálogo de ciudad, quien sentó algunas de las necesidades del claustro resumiéndolas de la siguiente manera:

  • Trabajar sobre la empleabilidad de los egresados.
  • Apostarle a la producción de conocimiento como razón de ser de los centros de educación superior y que dicho conocimiento se relacione con el entorno socioeconómico de la región.
  • Creación de un centro de pensamiento que fortalezca las relaciones con las empresas y con organismos del estado 
  • Fortalecer la capacitación de docentes.
  • Creación de emprendimientos productivos.

Molina también entregó una reflexión sobre la llegada de la Universidad Nacional, indicando que, aunque se convierte en un reto que debe impulsar a la UPC a consolidar su calidad, aún le falta mucho camino para que le dispute el número de estudiantes que tiene la UPC y además, está ofreciendo programas distintos.

Falta de ética e investigación

Agregando a esta radiografía de la universidad, otro de los panelistas, Napoleón de Armas, docente universitario y columnista del diario El Pilón, comentó que: “la falta de ética en los procesos internos del centro de educación ha estancado la evolución del plantel y su calidad educativa e investigativa”.

En este orden de ideas, el ingeniero industrial acotó que la UPC carece de un buen administrador y de docentes con formación académica que fomenten investigaciones y generen importantes aportes a la ciencia.  

“La producción de conocimiento se hace a través de la docencia, la investigación y

la extensión. ¿Ha producido conocimiento la UPC? ¿Tiene patentes sobre alguna

producción académica? Quizás no. ¿Ha esbozado teorías sobre nuevas realidades científicas? No las conozco. ¿Ha validado teorías blandas o duras que aporten al saber? Desconozco”, señaló este expositor.

Preocupado porque ve en el limbo la misión y visión del claustro, agrego que la UPC no ha participado activamente en los procesos sociales y económicos del Cesar y de la región y recalcó que actualmente no tiene un fuerte académico que para mostrar e influir, y finalmente, cuestionó la retroalimentación del desempeño profesional que tiene esta institución con sus egresados.

Dos salidas

Ante el panorama desalentador de la universidad se propusieron dos salidas: la primera relacionada con una intervención del Ministerio de Educación para retomar el rumbo de la UPC, pues para algunos catedráticos el camino comenzó a perderse desde el mal liderazgo de los últimos rectores; la idea fue apoyada solo por un mínimo de participantes del diálogo, la mayoría confía en que la salida a la crisis se puede gestar desde la misma universidad.

Entonces, la segunda alternativa, según el docente universitario e investigador, Cesar Torres, sería una autoreforma a partir de una constituyente universitaria “que fomente un espacio democrático colectivo y concertado por los estamentos básicos e institucionales de la Universidad Popular el Cesar, en particular del Estatuo General como norma genérica y máxima de la universidad fundamentado en la autonomía universitaria”

Se trataría de una constituyente que trate temas como gobierno universitario, investigación, vínculos con el sector productivo, profesores, estudiantes, bienestar universitario y régimen financiero y de la que participarían todos los estamentos básicos de la Universidad Popular del Cesar tales los estudiantes, profesores, administrativos, egresados., sector proactivo, gobierno nacional y local.

Para el docente Torres, esta sería una opción para una universidad que además de todo lo expuesto, tiene dos problemas más: por un lado, la escasez presupuestal, teniendo en cuenta que para 1993 los aportes de la nación a las universidades públicas representaban 73% de sus recursos y para el año 2018 habían disminuido a 49%, y por otro lado, el elevado valor de las matriculas que no son pensadas para familias de escasos recursos.

Mesa de diálogo

Con el ánimo de hacerle un seguimiento a las reflexiones y propuestas establecidas en el XV diálogo de ciudad, se concertó la conformación de una mesa de diálogo para que en palabras del director  Dickson Quiroz se pueda defender “una institución que, además de preciada, debe ser una institución imprescindible, esencial, en el desarrollo de nuestro territorio”.

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