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‘La Casa en el Aire’ ¿Ajustes que desajustan?

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

helenbohorquezperiodista@gmail.com

Desde el inicio de su administración, el alcalde de Valledupar, Augusto Ramírez Uhía, planeó construir la ‘Casa en el Aire’, una casa-museo en honor a la vida y obra del maestro y juglar Rafael Escalona Martínez a propósito de su canción insigne.

La obra está diseñada desde el 2017, pero aún sigue en el aire por los tantos rifirrafes y ajustes hechos a los diseños y al presupuesto. El temor ciudadano es evidente: ¿le alcanzará el tiempo al alcalde actual para terminar y entregar la obra? ¿Llenará las expectativas ciudadanas? ¿Estará condenada a ser otro elefante blanco?

Desconcierta y alarman los desacuerdos e incongruencias desatadas en torno a los diseños iniciales encargados a la Universidad Nacional de Colombia (Unal), institución prestigiada y experimentada, sin referente de incumplimientos e irregularidades, pero sobre todo, con mucha autoridad ética, calidades deficitarias en las empresas de la región.

Una citación de la Contraloría General de la Republica a los diferentes actores implicados en la obra (alcaldía, gobernación, contratista e interventoría) en desarrollo de su estrategia ‘Compromiso Colombia’, encargada de realizar seguimientos y auditorias de regalías para fortalecer acciones de control fiscal, encendió las alarmas.

Ricardo Galindo, contralor delegado, explicó en su momento que la reunión se organizó por la preocupación de los ciudadanos sobre un aparente estancamiento de la obra iniciada el 20 de diciembre del 2018.  “Desde el órgano nacional se validan las informaciones recibidas, se analizan los riesgos y se programan mesas de diálogos con el fin de evitar procesos fiscales que puedan intervenir el proyecto”, sostuvo.

En efecto. La Casa en el Aire permaneció en el aire, paralizada, durante los meses de abril y mayo del presente año, afectando el cronograma de ejecución de 11 meses, que daba como fecha de entrega noviembre de 2019.

Los argumentos esgrimidos fueron en contra de la Unal provenientes del representante legal de la firma contratista, Consorcio Broers, Jorge Mario Peña, para quien “…la situación obedeció a inconsistencias en los diseños de la Universidad Nacional”.   

¿Quién tiene la razón?

Según Jorge Maestre, secretario de obras públicas de Valledupar, pese a confiar en el trabajo de la Unal – “la mejor consultora del país” – ocurrió algo particular con ‘La Casa en el Aire’: “la obra requirió de unos ajustes al diseño, aun cuando estaban avalados por la interventoría y aprobados por la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA). En el proyecto, debía retirarse la obra hasta siete metros del cerro (cerro de la DPA), donde estaba prevista ubicarla, fue la orden de la curaduría. En consecuencia, se le exigió a la universidad hacer los ajustes para poder iniciar la obra”, precisó. 

Como era de esperar, la Unal, a través de un comunicado firmado por Julio Esteban Colmenares, director del proyecto, con indignación rechazó dicha acusación. “Nos sorprende la forma temeraria como el gobierno municipal acusa irresponsablemente a la Universidad Nacional de ocasionar irregularidades (…) Recordamos que los diseños fueron entregados por la Universidad Nacional de Colombia luego de ser revisados y recibidos a satisfacción por la secretaría de Obras Públicas de Valledupar con el aval de la interventoría hecha por la SCA – Cesar”.

Ahora bien. ¿Por qué el municipio, la SCA y los contratistas no requirieron tal retiro, permitiendo unos diseños iníciales desfasados espacialmente? ¿Acaso los diseños se ‘aprobaron’ antes del concepto de la curaduría?   

Enfoque Vallenato (E.V) conoció que la ubicación exacta del proyecto respecto al cerro se planteó por la alcaldía desde el inicio del proceso; y a partir de allí, se realizaron los diseños. Luego, solicitan ajustes, los que en efecto se realizan. Según Colmenares, “el replanteo de la edificación fue expuesto y consultado a las dependencias municipales encargadas y a la interventoría del contrato de consultoría sin presentarse ninguna objeción”. Es decir, la obra se inició con los ajustes del diseño propuestos por la curaduría, es así como se empezó a edificar con los diseños finales, aun así, la obra se paralizó.

“Efectivamente los ajustes se hicieron antes de iniciar la obra. No tenemos conocimiento de las causas de la suspensión, ya que no hacemos parte del proceso contractual que maneja la construcción de la Casa en el aire”, explica Colmenares, director del proyecto.

Lo del ajuste espacial fue apenas un inconveniente inicial, pues luego otros surgirían. Una vez en marcha la obra, ‘apenas’ advirtieron la administración, la auditoría y los contratistas que no había claridad en otros detalles.

“Con esos rediseños no se surtieron o previeron algunas partes del proyecto como las instalaciones hidrosanitarias y eléctricas. Primero había que definir por dónde pasaría la tubería; además, la puesta a tierra del proyecto no cumplía con la normatividad local exigida por Electricaribe denominado RETIE (Reglamento técnico de instalaciones eléctricas)”, aduce el secretario de obras.

Lo que mal empieza, mal termina. ¿Cómo es que inician una obra sin tener claras las distancias reglamentadas, sin saber por dónde pasará la tubería y sin cumplir con la normatividad eléctrica? ¿Por qué tanta improvisación y falta de rigor?

Hernán Cabello, arquitecto interventor de los diseños de la Casa en el Aire, asegura que antes de emprender el proyecto “se entregaron planos eléctricos, hidráulicos, sanitarios, de equipos especiales de aires acondicionados,  instalaciones mecánicas, desagües de agua potable y cálculos estructurales; todo está en las memorias. Sería una locura de la administración emprender una obra sin el lleno de los requisitos, de lo contrario habría espacio para una demanda, una obra no puede iniciar sin todos los estudios hechos”, puntualizó.

Entonces, ¿Estaban o no surtidas las instalaciones hidrosanitarias y eléctricas? Sin duda, son distintas las versiones de la administración y las de la universidad. En la búsqueda de claridad, E.V. consultó al coordinador de la interventoría en la ejecución de la obra (distinto al interventor de los diseños), Juan David Mindiola, para quien “…no había suficiente información de la parte eléctrica; la que se tenía no se ajustaba, por lo que el diseño tuvo que adaptarse a las nuevas condiciones que exige Electricaribe”. De cualquier manera, la obra inició con el vacío de esta información. “Se inicia la obra sin tener claridad de esos detalles porque para las primeras actividades no se requería esa información; además, arrancamos porque tenemos unos tiempos contractuales que cumplir”, agregó Mindiola.

Respecto a las instalaciones hidrosanitarias, el arquitectoHernán Cabello explica que “la obra no tiene un volumen grande de baños, a la hora de la verdad es poca tubería la que se compromete, sanitariamente no era un motivo para paralizar una obra”.

Algo no huele bien, sobre todo porque se habla de otras supuestas inconsistencias que tendrían por finalidad ‘justificar’ una adición presupuestal. Aunque no pudo ser confirmado oficialmente, se conoció de buena fuente que el concreto sugerido por la Universidad Nacional, ‘cemento ocre’ de una muy alta calidad y estética, no es el aplicado a la obra, al parecer para minimizar costos, afirmándose que por la misma razón, los cimentos hechos no corresponderían a los establecidos en el diseño propuesto por la universidad.

Preguntado al respecto el interventor Mindiola, aseguró que es completamente falso que se estén usando materiales que no correspondan a los sugeridos en los diseños. Aclaró “…que los materiales son de la más alta calidad y que el concreto utilizado es ‘Concreto PRE mezclado y bombeado’, comprado al ‘Dorado’, una de las mejores concreteras de la región”.

De cualquier manera, desde la Universidad Nacional están planeadas una serie de visitas técnicas por los diseñadores a nivel arquitectónico y estructural con el fin de verificar que se esté cumpliendo lo concebido en el diseño.

2.800 millones de pesos para el ajuste

La inversión inicial del proyecto ascendía a la suma de $6.398.499 provenientes del Sistema General de Regalías (SGR) con asignaciones directas del departamento, transferidas al municipio en su calidad de ejecutor.

Ventilado a raíz de los tantos rifirrafes, los cacareados  diseños requieren un ‘ajuste presupuestal’ – figura legal equivalente a una ‘Adición presupuestal’ – de cerca de $2.800.000.000, o sea, el 42% del valor total del contrato: $1.300 millones aportados por la gobernación del Cesar aprobados en el OCAD, y el resto lo aportaría el municipio, para una inversión total aproximada de $9.198.000.000.

Lo curioso del caso es que la UNAL desconoce – y no justifica – lo de la adición presupuestal anunciada, preguntándose por qué y para qué, mientras la interventoría de la obra la justifica por “la necesidad de más concreto y estructuras metálicas que no estaban contempladas en el presupuesto inicial”.

Nivel de ejecución

A la fecha – octubre de 2019 – la obra parece tener un avance del 63%, previéndose su entrega para enero del 2020, según vaticinó el gobernador Francisco Ovalle en el encuentro de la Contraloría, aunque los vaticinios de la administración municipal son más optimistas: aspira a entregarla, 100% ejecutada, antes de finalizar el año.

Es oportuno aclarar que ahora solo se prevé entregar una primera fase, la estructura principal, básicamente la casa habilitada para el ingreso de personas, pero no el proyecto final en su totalidad.

El proyecto completo tiene una inversión superior a los $14.000 millones (sin sumar la o las adiciones) y  contempla áreas anexas: parqueaderos, locales para restaurantes y artesanías, plazoleta, salón de conferencias, auditorio y corredores, entre otras, no contratadas por falta de recursos.

Lo curioso del caso es que el proyecto total, completo, no es conocido por la comunidad y seguramente tampoco por los actuales aspirantes a gobernar el municipio. No hay más remedio que elevar plegarias al cielo para que no se repita una historia de común ocurrencia en la ciudad: los nuevos mandatarios no suelen concluir las obras de su antecesor, convirtiéndolas en elefante blanco.

Impacto turístico

El turismo es el argumento principal de las autoridades municipales para justificar esta obra, calificándola de alto impacto. Según el alcalde Ramírez Uhía, “este escenario será el arca donde van a reposar todas las imágenes y el acervo cultural del maestro Rafael Escalona; allí se podrá encontrar la memoria de este hombre que partió la historia del vallenato en dos; será un lugar que combina lo ecológico con lo cultural”, indicó.

Desde el Sistema de Información Turística del Cesar, se cree que será un importante atractivo de la ciudad. Juan Felipe Camargo, director de SITUR, sostiene que según las mediciones adelantadas, los turistas llegan atraídos por la cultura vallenata, por eso el río Guatapurí, la Plaza Alonso López y la glorieta Los Juglares son los lugares más visitados: “cerca del 98% de los encuestados indica que estos son los atractivos para visitar”, afirma Camargo. “La casa en el aire hará que el turista que viene a Valledupar por la magia del vallenato tenga un atractivo adicional; hará que su experiencia en el destino sea más satisfactoria”, agregó el director.

Probablemente la afluencia de turistas (¿O simples visitantes?) en este lugar sea representativa y se convierta en otro punto icónico de la ciudad, aportándole a la oferta cultural, a condición de que se superen las irregularidades ya denunciadas; la calidad de las obras es requisito ineludible para su buena apreciación y explotación, predicable esto con mayor razón a un homenaje a la obra y vida juglaresca de Escalona Martínez, tanta gloria como le dio al vallenato.

‘La Casa en el Aire’ debe estar bien cimentada, pues a diferencia de la concebida por el juglar Escalona, sostenida por ángeles, para evitarle a su hija las visitas de ‘gallinazos amoreros’, ésta, terrenal, debe garantizar el retorno, sano y salvo, de los muchos visitantes que lleguen a deleitarse.

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