Gratitud Eterna

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Tan cerca y tan lejos de ti, Sophía, como Valledupar de la Sierra Nevada. Ambas se tocan, pero no se reconocen, sus lenguajes son diferentes. Para comprenderlo, tuve que experimentar dos viajes: uno a Tihuanaco, el otro hacia el centro del corazón. Vamos por pasos, impaciente diosa juvenil que nutre mi inspiración.

Tihuanaco es considerada actualmente la civilización más antigua de América. Desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile, se extendió pacíficamente antes de la era incaica, y consolidó una sociedad armónica. Los registros arqueológicos no han encontrado una sola víctima por violencia durante los algo más de mil años que poblaron este vasto territorio. Para ti, mujer de delicadas facciones, no es sencillo entender cómo es esto posible, acostumbrada como estás a griegos y romanos, que acrecentaron su poderío mediterráneo invadiendo y destruyendo, con la idea de creerse dueños de la verdad filosófica o religiosa. Es un hito humano tan siquiera soñar con cien años de paz; pues los Tihuanacotas superaron con creces esa hazaña. ¿Cómo lo consiguieron, hermosa Sophía, si los seres humanos somos de naturaleza violenta?, o ¿no?

Una de las respuestas te será un desafío entenderla; no subestimo tus capacidades, son enormes, aunque están limitada por siglos de mentalidad occidental: argumentativa, aristotélica, politeísta, monoteísta, dualista, en resumen… fraccionada. Ellos practicaban una creencia que heredaron los actuales indígenas amazónicos y andinos, algo que a nosotros, hombres del siglo XXI, nos suena a pasado de moda e ilógico: el animismo.

¿Te suena? No pongas esa cara de sorpresa, y mírame cuando te hablo que esto es muy serio, Sophía. El animismo asume algo maravilloso, y es que todo en la naturaleza tiene alma, vive: la montaña, el río, las nubes, el agua, los pajaritos, nosotros. Por lo tanto, todo merece respeto. Más aún, la Tierra es considerada por ellos como un ser viviente, nuestra madre, y como sus hijos, tenemos derecho a disfrutarla. Piensa en tu madre, Sophía. La compartes con tus hermanos, no te la repartes por pedazos, ni delimitas su piel con marcador para que a todos les quede claro que este brazo te pertenece.

De allí viene la concepción ancestral de los Arhuacos, los eternos vigilantes de la Sierra Nevada. Desde Tihuanaco sabemos que la violencia es una decisión, no es la naturaleza humana. Para nosotros entenderlo es un desafío, porque somos herederos de la racionalidad europea, con la responsabilidad de ser los eternos vigilantes del folclor Vallenato.

Hace poco, Sophía, murió Linda, la perra de la casa, la consentida por todos. Su partida nos dejó un inmenso dolor. Encontrar de pronto alguno de sus juguetes debajo de la cama, sentir su olor en el sitio donde habitualmente dormía, o tomar finalmente la decisión de recoger del piso los platos donde comía, fue devastador. Aceptamos lentamente que ya no estaba. ¡Un simple animal!, dirían algunos, obviando una virtud cada vez más esquiva entre los humanos, la bondad: capacidad de sentir empatía por el sufrimiento ajeno. Ese animal nos unió como familia, nos recordó lo valioso que son los momentos sencillos, nos conectó con el sufrimiento de todos aquellos que han pasado por la partida de alguien que aman, nos preparó para futuras partidas.

Casualmente, animal y animismo, así como animar y ánimo, provienen de la raíz latina ‘animal’, y traduce alma, espíritu vital. Es de los pocos vocablos que no ha cambiado desde la época romana, y se escribe igual en español, francés, portugués, catalán, rumano, italiano y corso. Más aún, la palabra original proviene de la raíz indoeuropea ‘ane’, que significa soplo, aliento. De allí que animar, es dar aliento al otro, y animal traduce también soplo de vida. Un ejemplo que clarifica es la cita bíblica siguiente: Entonces, Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente, Génesis 2:7.

Por eso estamos tan lejos de la Sierra Nevada: nuestro entendimiento del cosmos es completamente diferente. Aún así, confío en tus capacidades, Sophía, en tu integridad. Te invito a que seas más animal, a reconfortarte si te comparan con un burro, una cabra, un marrano, términos que los hemos vuelto despectivos, porque somos ignorantes. Te invito a convertirte en animista, es gratis, no necesitas ser bautizada, no requieres testigos, es un rito personal que traerá mucha paz en tu corazón.

Esa fue la paz que nos trajo y nos dejó Linda… estaremos agradecidos con ella por siempre.

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