El silencio que pasa gritando

0
92

Airlen Durán Acosta

Vivimos en un tiempo en el que se plantea la necesidad de reconocer e incorporar a los grupos tradicionalmente excluidos. En la actualidad, la infancia ha sido visibilizada como nunca: los que hoy tienen más de cuarenta años recuerdan que cuando eran niños sólo querían ser adultos porque en aquel entonces ser un niño no contaba. Se han hecho visibles también – aunque un poco antes – el joven, el adolescente y la mujer.

A través de las artes y la investigación no sólo se reivindica el derecho a ser diferente y el acceso igualitario a los lugares de poder, sino el orgullo por ser diferente y la liberación que supone poder decirlo en público.

Una amplia teorización sobre el género pone de manifiesto que la ausencia de la voz femenina en el espacio público está asociada a las relaciones de poder que establecen los hombres sobre las mujeres; que esto condiciona el desarrollo de las mismas en la vida en sociedad y afecta su desarrollo en todas las áreas. A nivel global un significativo número de mujeres lucha por conquistar estos espacios.

 

En Valledupar y a nivel nacional se han hecho algunas campañas para disminuir los altísimos índices de violencia contra la mujer – que mencionan justamente al Cesar como uno de los departamentos a la cabeza del listado de regiones de violencia. Y, en muchos lugares, se plantea el debate de si somos una sociedad de patriarcado o matriarcado que concede más libertad y oportunidad de beneficios a unos que a otros.

El debate en cuestión plantea más preguntas que respuestas, pero deja un hecho en pie: faltan datos e información que den cuenta de la experiencia de las mujeres a lo largo de la historia en esta región cultural.

Lo anterior permite afirmar que la experiencia femenina aparece como ‘oscura’, incomprendida, invisibilizada o silenciada. Y que esta ausencia de representaciones de lo femenino (hecha por las mismas mujeres) se parece a aquellas escenas en las cuales la mujer fallece después de un altercado con su pareja y sólo podemos conocer la versión de la pareja porque de los dos es el único sobreviviente. Nada menos.

 

En Valledupar muchos compartimos hoy el dolor de las mujeres violentadas, negadas, oprimidas, invisibilizadas, aniquiladas y silenciadas. Desde esta columna me uno a esa red de luchadoras que cuestionan muchas prácticas del contexto cultural vallenato actual para analizar: ¿cómo sería un discurso alternativo para escapar al círculo vicioso de matriarcado- patriarcado?

Necesitamos unas voces y unos discursos que nos narren, representen y saquen de la oscuridad y el anonimato. Necesitamos unas representaciones que nos revelen: que revelen las experiencias femeninas.

Las normas jurídicas funcionan como restricciones importantes, pero también lo hacen las normas culturales que nos imponen un precio muy alto cuando no estamos conformes. Las restricciones definen el abanico de las posibilidades de las mujeres y los costos de buscar otras opciones.

Es un tema urgente e importante: necesitamos analizar una serie de condicionamientos que restringen la manera en que las mujeres se expresan y desarrollan en Valledupar; hablar de las estrategias de autoprotección que utilizamos y analizar hasta qué punto éstas limitan nuestro desenvolvimiento en la vida en pareja, laboral y social; analizar, en definitiva, cuándo éstas nos obligan a continuar con relaciones insanas por el temor de ser señaladas al haber optado por una conducta prohibida por el hombre y su discurso; ese discurso masculino que pretende decirnos o enseñarnos ‘qué es una mujer’, mostrándonos todo lo que se le opone con ofensas, ridiculizaciones, bromas, ‘piropos’, adulaciones y muchos tipos de violencia.

Los hallazgos de hoy tienen que abonar el camino para la igualdad y la creación de estrategias eficaces que fomenten acciones de solidaridad y encuentro entre las mujeres que nos permita prevenir todo lo que nos impide vivir: más autonomía, movilidad, expresión, libertad. Los hallazgos deben hacernos preguntar: ¿Cuáles son las posibilidades de una mujer en un contexto social que le condiciona el vestuario, comportamiento, la manera de relacionarse con otros y le impide definir por si misma lo que le conviene?

Valledupar está de negro por el luto en los corazones de muchos y, también, porque la experiencia de oscuridad, silencio y muerte de muchas mujeres se repite día a día en una y muchas mujeres sin ser iluminada. Este silencio – como diría el artista – pasa gritando. Mi cariño y solidaridad para todos los vallenatos, sobre todo para sus hijas.

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here