El reto ante nuevas coyunturas

 

Se apresta el país para recibir un nuevo mandato presidencial, que en esta ocasión, gajes de la reelección, recaerá en la misma persona que funge como presidente de la República.

El mismo, o diferente (para el caso da igual), es un nuevo mandato, con presupuesto y plan cuatrienal nuevo, circunstancia que obliga a los entes territoriales a prepararse con rigor para reinsertarse y aprovechar al máximo la instancia nacional, dadora de recursos. Sin duda, muchos de los inmensos problemas que padecen las regiones solo pueden paliarse o solucionarse merced a la decisión del gobierno nacional, decisión que muchas veces no acaece por espontaneidad o por visión de equidad, sino por la resuelta y emprendedora gestión que hagan las instancias regionales.

El Cesar y La Guajira tienen un reto por delante; aunque el gobierno nacional no ha sido del todo mezquino con la región, que algo ha prodigado, su generosidad luce pálida ante la inmensidad de los problemas sufridos, sobre todo en términos de equidad entre el centro del país y su periferia, entre regiones industrializadas y regiones rurales. Por supuesto, más pálido luce la dirigencia regional, incapaz de unirse en rededor de macro proyectos definidos y defenderlos, todos a una, con criterio espartano.

Sin embargo, no es hora de llorar sobre la leche derramada. La coyuntura es única. Es hora de actuar en conjunción y reivindicar obras de impacto que en verdad apunten a un desarrollo territorial. Obras que garanticen una mediana y sostenida redención, que reivindiquen el campo para aminorar la brecha con la ciudad, que tenga la virtud de inocular una nueva cultura con nuevos paradigmas de emprendimiento.

Lo dicho. Ha de actuarse sobre una primera coyuntura: Un nuevo mandato presidencial y un nuevo periodo congresal, con una renovación altísima entre los congresistas. El primer reto es cómo convocar y cohesionar a los congresistas cesarenses, inclusive a los de La Guajira, mancomunándolos con toda la dirigencia representativa de la región, para trabajar de consuno ante la instancia nacional y así lograr la inclusión y defensa de nuestros macro proyectos en los planes de desarrollo nacional.

Con simultaneidad ha de definirse ese norte colectivo (macros proyectos), verdadera fuente de estimulación para mantener la cohesión y el entusiasmo. Y hay prisa (‘Camarón que se duerme se lo lleva la corriente’) porque debe encajarse con los tiempos del nuevo mandato presidencial. Sin caer en la informalidad, la cuestión no parece tan remota por la existencia de estudios diagnósticos que indican necesidades cruciales, todas inaplazables, pero algunas más prioritarias.

Y aquí, entre tantos, inclusive por una actual pero cíclica coyuntura, relumbra como norte prioritario el macro proyecto de agua para atender las miles de hectáreas fértiles, pero ‘casi’ no productivas del campo cesarense. El sector agropecuario hay que mirarlo con una nueva y mejor óptica: su problema principal, su déficit vital es fundamentalmente de agua, sobre todo en zonas secas como las del norte del Cesar y casi todas las de La Guajira, y peor aún en presencia de fenómenos como el del Niño, ya reiterativo, que agrava al máximo la situación.

El Cesar puede ser convertido en la Mesopotamia de Colombia. Su riqueza hídrica es considerable. No solo sus escorrentías, también sus aguas subterráneas, estimadas a la ligera en más de 610 mil millones de metros cúbicos. Da grima morir de sequedad en medio de hontanares. Razón tienen quienes afirman que peor que la pobreza es el empobrecimiento. Algo similar le sucede al Cesar – cada día se empobrece más su recurso hídrico –  y será peor de no ponerle coto a la situación.

Con agua, la productividad y rentabilidad del campo será mayor. El éxodo hacía las ciudades sería menor. El cordón de pobreza disminuiría, con todas sus secuelas. Una nueva cultura, con nuevos paradigmas de emprendimiento, podría prosperar por el mejor aprovechamiento de las tierras. Con otras medidas complementarias, podría atacarse la desertización. Muchas son las bondades, sin desconocer la principal, el abastecimiento para el consumo humano.

Se ha dicho hasta la saciedad: el Cesar es carbo-dependiente, pero esa situación acabará más temprano que tarde, por sustracción de materia. El sector agropecuario, pero dotado de lo mínimo vital: infraestructura de agua, parece el sucedáneo idóneo por la extensión y feracidad de sus tierras, por la vocación de sus pobladores, etc.

El reto es grande. Recuérdese: lo que no se comienza, nunca se termina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here