El Pilón, el humilde periódico vallenato que se le paró duro a Salvatore Mancuso y sus asesinos

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Fue por julio de 1994 cuando Dickson Quiroz prendió por primera vez la rotativa. Sus ojos de abogado vallenato no habían visto algo más hermoso, un desfile multicolor lleno de papel periódico fue el culmen de cuatro años de trabajo constante emprendidos con el periodista Ivan Alejandro Duarte Torrejano, se inventaron dos proyectos, uno fue Crear Siglo XXI, una empresa asesora en comunicaciones, publicidad y mercadeo, y otra Crear impresores que ofrecía servicios de litografía. Fue la génesis de lo que se llamaría después El Pilón.

En esa época una nube amenazaba el Cesar. En 1991 las FARC, que hacían presencia en la región, intentaron secuestrar al ganadero Don Rodrigo Tovar. Su hijo, Rodrigo Tovar Puppo, un año después, empezó a armar a los hombres que lo protegían. En 1995 Tovar Puppo dejó de llamarse así y se refugió en su alias, el de Jorge 40. Empezaba a cernirse una tormenta contra Valledupar y todo el Cesar. Era el peor momento para hacer periodismo en esa región.

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Dickson Quiroz asumió las riendas de su creación, El Pilón, fundada en 1995, un año horrible para el Cesar. Entre los periodistas más acuciosos estaba el de Guzmán Quintero. Estudió periodismo en la Universidad del Norte de Barranquilla, y se especializó en judicial. Sus titulares, en una época en donde los paramilitares mataban a periodistas, eran, como mínimo, osados. Sin embargo sus investigaciones tenían el peso de la justicia y la verdad. Un artículo llamado Los hijos de la sierra retrata lo que pasaba en la frontera colombo-venezolana y habló además sobre la instalación de ejércitos privados en la serranía del Perijá: El Comandante del Ejército, general Harold Bedoya Pizarro, dijo que no conoce información sobre existencia de un grupo paramilitar en la zona fronteriza, sobre las estribaciones de la Serranía del Perijá, a raíz de la notificación del Gobernador del Cesar, Mauricio Pimiento Barrera, quien alertó sobre la conformación de la organización que se autodenomina “Hijos de la Sierra”.

La primera amenaza que recibió el Pilon fue por este artículo y les llegó el miércoles 29 de noviembre de 1995. Una corona mortuoria apareció en la entrada del edificio de tres plantas. Inmediatamente los gremios de la ciudad y sus personajes más importantes se plantaron a favor del diario vallenato. Incluso salieron a marchar por la vida y la libertad de prensa. Si bien El Pilon entero temía que le pusieran una bomba, como había sucedido con el Espectador en la década del ochenta. Pero eran los artículos de Guzmán Quintero los que calaban más hondo, sobre todo los que denunciaban cultivos de amapola, la flor de donde sale el veneno de la heroína, en la serranía del Perijá, que limita con Venezuela y que pertenece a la tierra sagrada de los Barí.

El 10 de mayo de 1990 Guzmán Quintero tituló un artículo publicado en El Pilón, Ejército asesinó a dos civiles. Más protagonismo no podía tener el periodista cuando salió en la foto principal con un niño herido, cargado al hombro y en su escrito el Guzmán le echaba toda la culpa al Grupo Mecanizado Rondón. En uno de los apartes se escribe lo siguiente:   ‘En cercanías de Patillal – La Fuerza Aérea disparó “fuera de Polígono”’, en la que se relata un ejercicio en el que de forma inexplicable los militares dispararon contra una vivienda en Patillal, corregimiento de Valledupar, donde resultó herido un niño”. En ese momento la muerte había posado sus ojos sobre él. En Junio de 1999 miembros de una banda criminal fueron a la sala de redacción del periódico para preguntar quien había escrito un artículo sobre la muerte de dos mujeres en el Conejo, Guajira. Quintero, quien era jefe de redacción, se levantó y afirmó que fue él.

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En el tiempo que duró como periodista en El Pilón, Guzmán Quintero tenía la costumbre de parar de escribir en su computador e irse a tomar tinto en el hotel Cardones. En la noche del 16 de septiembre de 1999 un hombre entró al restaurante del hotel. Quintero estaba con dos periodistas más tomándose unas cervezas. El hombre desenfundó la pistola y descargó el cargador contra él. Afuera, otro hombre lo esperaba en una motocicleta. Ambos emprendieron la huida. Los amigos intentaron llevar a un hospital a Quintero pero ya había fallecido. Tenía 36 años. Había nacido en el Carmen, Norte de Santander, en 1965. A su entierro los periodistas que asistieron lo hicieron con sus bocas cerradas con cinta. El mensaje, la protesta, estaba claro.

El Pilón perdió su fuerza periodística cuando Dickson Quintero decidió vender sus acciones en el 2011 a empresarios que empezaron a gozar de los beneficios de estar cerca de las administraciones públicas del Cesar.

Veintidos años después Salvatore Mancuso reconoció que él ordenó el asesinato del periodista. Sin embargo, eso no es claro. Hay evidencias que detrás de su muerte estaba Jorge 40. La razón por la que Tovar Puppo dio la orden era porque ellos creían que Guzmán Quintero pertenecía al frente 59 de las FARC. Todo fue una mentira. La Fiscalía declaró en el 2019 su crimen como de lesa humanidad. Igual, nada ha cambiado. Aún no sabemos quién dio la orden.