Eduardo Vidal Romero: melómano de tiempo completo

0
357

Creció entre boleros y salsa. Heredó el exquisito gusto por la música de su padre, Carlos Vidal Brugés, quien cantaba, tocaba tiple, guitarra, ocarina y además perteneció a la ‘Vieja Guardia’ de Riohacha interpretando el serrucho (instrumento musical). Eduardo, desde niño, escuchaba y aprendía en la cotidianidad de su hogar, sin pensar que dedicaría su vida a ello; no toca ningún instrumento, excepto la dulzaina; y al hablar de música, afirma que su viejo era de gustos más finos.

Estudió su bachillerato en Bogotá, ciudad a la que llegó en 1950, cuando aún se vivían vestigios del Bogotazo. Pensó estudiar arquitectura y luego administración, pero ninguna de las dos resultó, dedicándose a la vida alegre, a la bohemia, al trasnocho.
De vuelta a Valledupar, unos años después, conoció a quien sería su esposa, Sonia Oñate Martínez, con quien procreó 4 hijos; tiene 8 nietos a los cuales disfruta mucho.

Eduardo Vidal
Eduardo Vidal Romero

Trabajó por muchos años en el sector público y privado, logrando destacarse en los cargos desempeñados, la Tesorería Departamental, en el gobierno de Álvaro Araujo Noguera, y la Secretaria de Deporte Municipal, entre otros, pero su destino era la música: con ella conseguiría innumerables reconocimientos.

En sus venas circulan letras e instrumentos, melodías. Todo empezó cuando conoció la colección 4×4, una recopilación de las mejores orquestas del mundo de la disquera London que su hermano Carlos Vidal le regaló a su padre; de allí en adelante no invertía su dinero en otra cosa que no fueran discos, el primero que compró fue uno del Trío los Panchos.

Hoy, muchos años después… Camina por la sala y mira a su alrededor contemplando parte de su colección de discos: más de 8.000 acetatos la conforman; dedica gran parte de su tiempo a ellos y los cuida como el tesoro más preciado.

Habla despacio y en un tono pausado. Toma un disco en sus manos y con una mirada penetrante, queriendo inyectar sus conocimientos en los demás, lo muestra asegurando que es uno de los más valiosos que tiene: es del año 1978, de la autoría de Rafael Escalona Martínez. Afirma con seguridad que nadie sabe que este importante compositor de la música vallenata grabó este doble compacto llamado Noche buena y Navidad. No recuerda cómo lo adquirió, supone que con la desaparición del tornamesa llegó entre los muchos discos que le han regalado quienes conocen de su gusto por la música. En medio de cada respuesta, llegan a su mente recuerdos y relata una anécdota; cada una, es una canción.

El compromiso con sus discos obligó a la construcción de un espacio para ellos, la ‘sala Carvidal’, un templo sagrado donde con recelo mantiene gran parte de sus discos al igual que sus premios, libros, antigüedades; un disco de oro y uno de platino de Emilianito Zuleta, permanecen entre sus recuerdos. Eduardo Vidal no solo sabe de música, la respeta y disfruta de ella, acompañado del silencio y un buen whisky. Es un vallenato con raíces guajiras a quien no le gusta el Old Parr; prefiere el sello negro o un buen ron.

Es coleccionista. Ha sido concursante, participante y jurado en importantes festivales como el Festival Internacional de Bolero realizado anualmente en Riohacha.

La música le ha regalado un sin número de alegrías a este hombre de mirada profunda. No recuerda cuántos premios ha ganado; en la sala de su casa permanecen 6, 7, 8 que los guardan sus nietos. Reconoce sin dudar que el premio más importante para él fue el que le otorgó la institución ‘Saludreinun’, la cual no está relacionada con la música, pero su talento, autoestima y desarrollo personal permitieron conseguir esta estatuilla.

Carlos Vidal Romero es un hombre cordial, bondadoso, de carácter fuerte; sus amigos son pocos, todos comparten el mismo gusto por la música. Reconoce a su padre como su mejor maestro, a Armando León Quintero como uno de sus cómplices en el inicio de su afición, a quien le debe muchos de sus conocimientos del género vallenato. Uno de sus amigos, Jaison Penso Molina, afirma que es una autoridad musical. “El viejito vive por la música, conoce mucho de bolero, nos ha transmitido a sus amigos muchos conocimientos, compartimos y discutimos la música, el contexto social y hasta político de las letras”.

Amante del Jazz de Miles Davis y del bolero cantado como el de Panchito Riset, Olimpo Cárdenas, Julio Jaramillo, Orlando Contreras, Maria Luisa Landín, Agustín Lara, por nombrar algunos, ese género ocupa gran parte de su colección, seguida de la música mexicana como rancheras; salsa, música colombiana y orquestada, del resto tiene un poco.
Manifiesta lo complicado en decidirse por el cantante que más admira y prefiere segmentarlo por sexo: escoge al cubano Orlando Contreras, seguido por María Luisa Landín y Olga Guilloth.

La Sonora Matancera y cada uno de sus integrantes, destacando a la famosa Celia Cruz como el ‘monstruo’ del género, marcaron un precedente significativo en su vida musical, al igual que Benny Morez y su orquesta.

A un melómano no solo debe gustarle la música, también debe saber de ella y cada uno de sus géneros, agrupaciones y proceso en el contexto internacional. Sueña a Cuba, la define como un país de una riqueza musical incalculable, de mezcla innata, un tesoro cultural rico, inagotable y codiciable, al que gracias a su nieta Maria Paula Aroca Vidal, quien heredó su gusto musical, volverá a compartir con leyendas vivientes como Lucho Valdez y Pacho Amado.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here