Un día en la vida de un ‘mulero’

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Un día en la vida de un ‘mulero’
La 'Mula' recibe mantenimiento constante para evitar accidentes o fallas mecánicas / Foto: cortesía

Hay un dicho popular que reza: “el trabajo dignifica” y para algunos esta ‘dignidad’ implica sacrificios como la vida en solitario.

A las 3:00 a.m. sonó la alarma del celular de Noel Peñaranda, un conductor de tracto-camión quien desde hace 20 años pasa la mayor parte de su tiempo en el asfalto de las carreteras colombianas distribuyendo hidrocarburos para dos empresas en las cuales trabaja sin horario ni fecha en el calendario.

Apenas suena el teléfono, Noel salta de la cama y hace su rutina diaria: una ducha rápida y fría, se coloca el uniforme compuesto de pantalón y chaqueta de jean, con el logo impreso en la ropa y  sus tenis; enciende su moto (a veces elige salir en su carro) y se encamina para una nueva ruta de carga y descargue del combustible que servirá más tarde para cientos de personas que transitan en las vías. Sí, gracias al trabajo de Noel, las estaciones de servicio pueden surtir a todo aquel que lo necesite. Posiblemente, Noel es un héroe de la vía.

Además de gasolina, también transporta cualquier otro hidrocarburo como el ‘crudo’, es decir, petróleo.

El primer viaje del día es hacia Barrancabermeja, Santander, para cargar de combustible. El segundo viaje para descargue de la materia prima es hacia el municipio La Gloria, Cesar.

La mula tiene  18 horas para llegar a su lugar de origen desde el momento que carga. Algunas vías son usadas por malhechores para montarse en las mulas y robar al conductor, rompiendo los vidrios de la ventana lateral y trasera.

La vida hace algunos años le hizo ver el riesgo de montar desconocidos en un camión; hace unos 10 años una mujer lo intentó apuñalar para robarlo cuando la llevaba en un traslado a Cartagena.

Un mulero puede pasar más de 12 horas sin dormir por lo que significa un reto en la vía / Foto: cortesía

El camino inició

3:15 a. m. del viernes 5 de febrero, «Dos tintos, por favor» pidió Noel a una vendedora ambulante en la estación de servicio donde lo recogería otro compañero de trabajo. El cigarrillo es un compañero infaltable en la vida diaria de Noel, así que mientras toma su tinto aspira y bota el humo que le da vida.

A las 3:30 a. m. llegó su compañero y comienza la segunda parte del camino que es llegar hasta San Martín donde se montará en su ‘mula’.  El trayecto es solitario, con poca luz y avisos que identifican la vía. Los compañeros conversan ávidamente de su trabajo y algunas quejas personales que ambos comparten. Hace dos años se conocieron.  Gustavo también conoce perfectamente las vías. Hace unos 20 años se inició como conductor de ‘Mula’.

4:11 a.m. Llegamos al parqueadero donde estacionan las mulas. Ahí, Noel se monta en su gran tracto-camión sostenida por 22  llantas, el tren delantero es de color verde y el tanque de cargamento gris, así inicia la tercera parte del viaje: La carga del hidrocarburo. Acompañado por la estampita de la Virgen del Carmen, se persigna y se adentra a la carretera sentado en una rechinante silla, la cual tiene un espaldar de mallas que le ayuda con sus molestias de tórax por pasar 12 horas o más sentado.

Aunque este es un trabajo que exige la responsabilidad frente al volante, está el riesgo de quedarse dormido, como sucedió una vez, contó, una mula se volcó pero no hubo heridos ni daños mayores (gracias a dios).

En la madrugada la carretera es como un bosque, pueden suceder accidentes o situaciones inesperadas. Mientras llega a Barrancabermeja, Noel pudo percatarse de un carro accidentado al que posiblemente el sueño lo venció el sueño y quedó atravesado en la mitad del asfalto.

4:51 a.m. El camión carga de combustible a una estación de servicio; unos 240 litros, es decir,  40 galones que equivalen a 350 mil pesos, que es lo que recibe la ‘mula’ por descargar el hidrocarburo. Otro cigarrillo, un sorbo de agua y el recorrido continúa por la fría madrugada.

Mientras conduce, Noel volvió a percatarse de otra particularidad: un carro en contra vía, no pasó nada está vez, pero, este incidente le hizo recordar un lamentable hecho ocurrido hace pocas semanas donde un autobús de una empresa de transporte invadió el carril de un conductor de mula, ambos vehículos impactaron de tal forma que los conductores y acompañantes murieron al instante. «Ah pero la gente dice: ‘eso fue el mulero que se quedó dormido’ «, refutó Noel ante los prejuicios de las personas que los ven como los malos de la vía.

Algunas zonas además de ser peligrosas por los accidentes que ocurren, también está el ganado que de vez en cuando atraviesa la carretera para comer pasto del otro lado.

«Este trabajo es el más peligroso y riesgoso. Nosotros tenemos un seguro de riesgo N°5, el más alto por el tipo de trabajo que ejercemos», dijo Gustavo quien estuvo de copiloto hasta llegar donde su mula se encontraba.

Algunos avisos que indican Bucaramanga – Bogotá avisa la longitud de la carretera que se extiende hasta conectar con el centro del país y al mismo tiempo con la costa, la conocida ‘Troncal de Magdalena medio’. El olor a hierba del pasto y la radio encendida son otro elemento del día a día de un camionero.

6:00 a.m. Otro tinto y un cigarrillo, vidrios abajo y un amanecer que aclara la vista. Sigue el trayecto por algunos peajes. Noel menciona que cuando una ‘mula’ está fuera de los límites permitidos puede ser multada por millonarias sumas de dinero. Es decir, un tracto-camión debe pesar alrededor de las 50 toneladas según las normas protocolares, si tiene líquido del hidrocarburo demás, ésta anomalía puede causar problemas al conductor y hasta su despido.  Entrar a la Báscula policial es obligatoria para medir que todo esté en orden, al menos en cuanto al peso.

La crisis económica de Venezuela también se percibe en las vías, migrantes que caminan interminables trechos con niños, ancianos y mujeres embarazadas es otra reciente.

7:00 a. m. Para entrar a Barrancabermeja se debe adentrar por una trocha angosta, agrietada y polvorienta. Adentro de su tracto-camión Noel maneja estremeciéndose como en una montaña rusa. Ya en la ciudad el ‘mulero’ hace una parada: El desayuno, tan cargado como la mula que maneja, y no es para menos, el día puede ser tan largo que a veces no hay oportunidad para almorzar a tiempo y si acaso alcanza a cenar. Mientras tanto, a las 7:32 a.m. otro tinto para seguir despierto.

8:30 a. m. La mula debe pasar por controles protocolares para luego descargar el combustible, esto se hace en un puerto llamado Impala a las afueras de Barrancabermeja. Este proceso puede ser tardío, 6 horas o más hasta llevar la mula a mantenimiento.

Desgastado, sin almuerzo y con cigarro en mano, Noel regresa al centro de la ciudad de Barrancabermeja para esperar (y descansar) hasta las 6:00 a.m. del sábado cuando retorna al Cesar para descargar la mula en La Gloria y poder volver a casa donde lo espera Simón, su perro de raza labrador, de ojos café y color negro azabache, quien desesperado por tanta espera recibe a su dueño después de una larga y agotada jornada.

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Un día en la vida de un ‘mulero’
Los conductores están expuestos a robos constantemente, sobre todo en viajes nocturnos / Foto: cortesía

¿Por qué mulero y no otra cosa?
– Porque es lo que sé hacer ¿Qué más voy a hacer? A mí me gusta mi trabajo, yo me monto en la mula y me emociona. Nadie maneja una mula por obligación, es porque le gusta. A mí me gusta.

Eso responde Noel, cuando surge esta pregunta frecuente y aunque él mismo admite que toca hacer de tripas corazón con fechas especiales y la cercanía con la familia, es un apasionado de su trabajo y no lo oculta, lo lleva con orgullo en su mano izquierda donde tiene un anillo de oro con la figura troquelada de un  tracto-camión.

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