Arde Venezuela

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El clima de confrontación antagónica que se registra por estas calendas en la vecina República de Venezuela pone los pelos de punta. A solo un poco más de un mes de oficializarse la confrontación, que no la polarización pues data de tiempo atrás, los muertos en tales reyertas se acercan a los 30, muchos de ellos estudiantes que osaron encender la llama tomándose las calles para protestar: ‘Que la calle no calle’, arengaban.

Venezuela está sentada sobre un barril de pólvora. Como nunca (¿acaso como siempre?), los ánimos están exaltadísimos, quizás ambos bandos polarizados y prevalidos de la fragilidad del régimen: la oposición para tumbarlo, y el régimen mismo para sostenerse ejerciendo su autoritarismo a punta de bayonetas y disparos de fusiles.

Aunque hay razones de peso mediáticas – deterioro de la economía, inflación altísima, escasez de productos (harina de maíz, aceite, leche, azúcar, café, inclusive papel higiénico, tan locuaces los mandatarios venezolanos) – que explican la revuelta, ha de reconocerse causas remotas que bien podrían hasta justificar el fenómeno popular.

Nicolás Maduro no es Hugo Chávez Frías, ni de lejos. Éste se impuso en Venezuela e impuso un régimen ‘socialista bolivariano’, explayándose más allá de sus fronteras, así fuesen monumentales y catastróficos los costos económicos para su pueblo venezolano. Pero se impuso y se sostuvo incólume dada su recia personalidad y su grande carisma. Maduro, por el contrario, fue impuesto a dedo así haya sido ratificado en urnas pocas semanas después merced a la emotividad y a la detentación de un poder rayano en la dictadura que extendía sus tentáculos a todas las ramas del poder público venezolano. El transcurso del tiempo y el ejercicio de su poder tienen la virtualidad de distanciar y colocar a Maduro años luz de su antecesor. Como quien dice, Maduro fue madurado artificialmente.

Aunque el bipartidismo corrupto y anacrónico imperante ya había sembrado la semilla de la anarquía, bien podría señalarse como precipitante del problema venezolano el advenimiento de un nuevo régimen – ‘socialista bolivariano’ – tutelado por un gobernante populista cuyo afianzamiento lo previó exportando su ‘revolución’, aunque le costara a su país un ojo de la cara al volver anémica su economía, y luego una sucesión recaída en persona In-Madura, a juicio de muchos especialistas, que ha sabido ahondar tales problemas hasta la polarización y confrontación antagónica actual. Como quien dice, de Guatemala a Guatepeor.

Como moraleja, el pueblo termina cansándose, así haga gala de una mansedumbre proverbial. Y por donde menos se cree, se rompe la pita: por los estudiantes, que los anales de la historia universal registran sus proezas en el propiciamiento de cambios radicales en sus sociedades de turno. En la misma Colombia – país de concha de morrocoyo, imperturbable y soporífera incluso ante malaventuras gubernamentales – en la propia Colombia épocas hubo de levantamiento del estamento estudiantil.

Ahora lo vemos en Venezuela. Hace más de un mes – un 12 de febrero  – los estudiantes izaron la bandera de la inconformidad y se tomaron las calles para protestar por la precariedad de la vida venezolana; poco encontraban en los supermercados, y para eso poco era menester filas interminables; además, una ola de violencia de las mayores en el mundo (24 mil homicidios el año pasado, 79 homicidios por cada 100 mil habitantes, según el Observatorio Venezolano de Violencia).

La respuesta contra esta movilización fue nuevamente la violencia: los primeros 3 estudiantes muertos; y de ahí en adelante no ha parado la espiral de violencia, y lógico, como bola de nieve crece también la protesta, sumándose población civil no estudiantil, nuevamente más violencia, más protestas…más encarcelamientos de opositores, más silenciamiento de medios de comunicaciones,  más confiscaciones de propiedades, más y mayores protestas… los augurios no son para nada halagüeños.

Para colmo, la comunidad internacional, aun sabiendo la vulnerabilidad sobre todo de los países vecinos, parece no tomar conciencia de la magnitud del problema venezolano. Así se deduce del silencio o de las posturas anodinas de muchos países – Colombia, Perú, Brasil, entre otros que prefieren pasar de agache – o de la declaración displicente, además de insípida, del grupo de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), que acordó ‘…enviar (para el próximo mes) una comisión de cancilleres a Venezuela para ‘asesorar al presidente Nicolás Maduro, expresando… su respaldo a los  esfuerzos del ejecutivo venezolano para propiciar un diálogo entre el gobierno, todas las fuerzas políticas y actores sociales…’

¿Cuántos muertos, cuántos heridos serán necesarios para lograr una acción diligente de esta comisión y otras instancias?

Cosas de la vida: una vela incendiaria trata de apagarse y otra refulge.

 

 

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