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Análisis Político- Breve repaso electoral

A escasos días de sucederse el importante certamen democrático de elegir a los mandatarios de los entes territoriales – y, por supuesto, a sus corporaciones coadministradores – el cuadro fotográfico presenta algunas sorpresas, en lo nacional, pero repite las imágenes, acaso más borrosas y sombrías en lo departamental.

Un repaso sucinto corrobora lo afirmado. La cabeza es la cabeza, Bogotá, capital de la República, que suele dar, sobre todo en los últimos lustros, claros ejemplos de buena democracia, encarnada en la libre expresión ciudadana, inclusive sacudida de la camisa de fuerza impuesta por los partidos, vetustos o no.

De acuerdo a las últimas mediciones de opinión para la alcaldía, el candidato Carlos Fernando Galán Pachón, merced a una inteligente estrategia de no aceptar apoyo de ninguno de los partidos, le disputa, nariz a nariz, a Clara López, candidata más del centro aunque con apoyo de una fracción de la izquierda, la favorita desde tiempos inmemoriales, la victoria final. En cambio, los candidatos de los extremos recalcitrantes, derecha o izquierda – Mario Uribe Turbay y Hollman Morris –  han quedado visiblemente rezagados.

Sin equívocos, un triunfo de la democracia, un triunfo de la opinión libre.

En Medellín se da otro tanto, aunque con parcialidad. Allí, contra todos los pronósticos, un candidato de opinión, Daniel Quintero, se acerca con posibilidades a Alfredo Ramos, candidato a la alcaldía del Centro Democrático. La diferencia es de pocos puntos porcentuales, pero la tendencia del primero es ascendente. Algo diferente acaece para la gobernación de Antioquia, donde la mayor opción a ganar es la de Aníbal Gaviria, candidato de coalición de los partidos tradicionales, quien derrotaría al del Centro Democrático.

También sin equívocos, en la propia meca del uribismo, Medellín, la libre opinión amenaza con darle un tatequieto a la extrema derecha.  

Sprint final

En Cali, la disputa cerrada a la alcaldía la libran Jorge Iván Ospina (Partido Verde) vs. Roberto Ortiz (CD, CR, PC, etc.), éste último en claro ascenso en aprovechamiento de los cuestionamientos judiciales que le fiscalía le hace al primero, a quien le ha tocado recurrir a la estrategia de la huelga de hambre para victimizarse.

A la gobernación del Valle del Cauca, en cambio, se da por hecho la victoria de Clara Luz Roldán, candidata de la actual gobernadora, la varonesa electoral Dilian Francisco Toro, más el apoyo del PU, PL, CR, Mira, Maís y Colombia Renaciente, que mantiene rezagada a la segunda en las encuestas, Griselda Restrepo, inscrita por firmas pero con el apoyo del Polo.

En esa zona del occidente colombiano, los partidos tradicionales aun pesan lo suyo, aunque un nuevo partido, el Verde, más de opinión, le pisa los talones.

Una nueva hegemonía

Barranquilla es otro cuento. El mando allí es hegemónico y tiene un nombre propio: Alejandro Char, con pretensiones presidenciales, quien desde la alcaldía actual y otra pasada le dio un vuelco ético y estético a la ciudad de Barranquilla, la que volvió por sus fueros de la primera mitad del siglo pasado.

Los candidatos de Char son imperdibles, según generalizada opinión. Jaime Pumarejo y Elsa Noguera serían los próximos alcalde y gobernadora, respectivamente, logrando el apoyo prácticamente de todos los gamonales y partidos políticos del Atlántico, excepción de Aida Merlano, todavía incapacitada por el totazo en sus ancas al caer y golpearse en su plan de fuga de la justicia.

Aquí sí que no hay equívocos. La hegemonía impera más que nunca, aunque con la atenuación de que se premia buenas y sostenidas gestiones gubernamentales.

Lo gamonal

Sin duda, el más ‘tradicional’ de los comportamientos electorales es el que se verá en el Cesar, incluida su capital Valledupar. En Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y muchas otras regiones del país no referidas en este artículo por falta de espacio, mientras allí se perciben oleadas democráticas de innovación, los vientos que por aquí soplan son los mismos, acentuación de un gamonalismo, casi una tiranía.

Contrastadas las recientes encuestas con otras hechas en diferentes épocas, no advertimos cambios sustanciales, o aproximaciones amenazantes del favoritismo de quienes siempre han ido punteando. En esas circunstancias estimamos una necedad llover sobre mojado, repetir por enésima vez lo mismo.        

Pese a la oleada de inconformidad que despierta la hegemonía detentadora del poder a través de la gobernación del Cesar, extendida sin duda a buena parte del territorio departamental, la candidatura repitente de Luis Alberto Monsalvo Gnecco se da por coronada, es un hecho casi irrefutable.

Con certeza, ni siquiera la unidad absoluta entre sus contendientes, de suyo improbable, ni la circunstancia de su judicialización por la Corte, daría al traste con las aspiraciones de Monsalvo, así en su contra se sume la pequeña votación hoy indecisa. Ha de reconocerse que Monsalvo está sólido, no solo por el inmenso poder económico que lo respalda, moderado en esta ocasión por ser menos intensa la lucha, mas también, y es de caballero reconocerlo, porque goza de bastante aceptación a lo largo y ancho del departamento, acaso por beneficiar a cada población con una o más obras determinadas. 

A sus contrincantes debe abonárseles su osadía para aspirar al cargo, sobre todo a ese que tenía dueño cantado, pero por infortunio no dieron la talla a la hora de nonas – le temieron al cuero luego de matar al tigre, decían los viejos – por enfrentarlo yéndose por las ramas, esto es, no cogiendo el trompo en la uña, o el toro por los cuernos, sobre todo Kaleb Villalobos, tímido y como acobardado para enfrentarlo en público aireando sus flaquezas y las de sus gobiernos (son varios), con lo cual y a la postre, al fungir como sparring solo ‘validaba’ la contienda democrática de Monsalvo, pues uno solo no contiende.

Para la alcaldía de Valledupar ocurre otro tanto, pero con marcadas diferencias. Aquí también el candidato, inscrito por firmas, es auspiciado por la mayor y más tradicional fuerza política del departamento, la del Partido Azul, una verdadera máquina electoral que cuenta a su haber con la actual administración municipal.

Sin embargo, su candidato, Ernesto Orozco Durán, aunque tiene antecedentes políticos no se le sataniza como politiquero y, más bien, goza de prestigio como hombre serio, honesto, empresario y buen gerente. Es decir, llegaría a la alcaldía alguien ya experimentado y probado con buenos resultados, y no un aprendiz con ganas de hacer pasantías en la administración. 

Por las cualidades ya descritas, la ciudadanía confía en su capacidad para resistir las presiones de la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones. Bien sabe él que el diablo, puerco, se mimetiza y aparece en todas partes.

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