Abdica Rey de España: bienvenida

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En pleno remate de mi artículo ¿GABO: UNIVERSAL O CARIBEÑO?, el pantallazo de la tv produjo una gran sacudida a las coordenadas de mi formación política ante la intempestiva abdicación del monarca Español, pues si bien es cierto no la ejerció a plenitud de sus pomposas competencias, también lo es que una vez entronizada la modernidad – como nuevo paradigma en la legitimación del ejercicio del Poder Político y de todas las formas de vida posible, donde la confraternidad, la igualdad y la Libertad eran los cañonazos que lanzaba la nueva sociedad civil, que abortó con la erupción de la Revolución Francesa – la existencia misma de las monarquías de cualquier tipo resultaban severamente cuestionadas e  impregnadas de  irracionalidad, si tenemos en cuenta que los fundamentos antropológicos, ideológicos, religiosos y filosóficos del nuevo orden establecido representaban y constituían un rechazo total a toda pretensión de legitimar la organización política de un Estado en consideraciones que no se fundamentaran en el concepto laico del poder, que es en esencia la Modernidad.

Por ello, si bien es cierto que el actual Rey favoreció la implantación de la era postfranquista en España, no por ello deja de ser anacrónica la supervivencia de una institución que repugna con las ideas republicanas del ejercicio de la función pública, al esgrimirse consideraciones exclusivas y excluyentes de vínculos de consanguinidad como fundamento para acceder al trono, por ser ello la entronización de privilegios familiares que chocan con los principios de la igualdad y la secularización total de las relaciones entre los ciudadanos, principios que buscan acabar con todas las formas de gobernar con criterios del viejo orden feudal donde el ejercicio del Poder tenía unas legitimaciones muy distintas de las que se impusieron con el triunfo de la razón, como suprema instancia  de justificar la existencia de los gobiernos civiles.

La expectativa gira en torno a la respuesta de los partidos y movimientos sociales en España donde ya se dejan escuchar voces que reclaman un pronunciamiento popular para que decida la continuidad o no de la monarquía en dicho País. Y no es para menos, si tenemos en cuenta que el régimen constitucional Español, que sirvió de modelo al nuestro, consagra el Estado Social de Derecho como su plataforma ideológica republicana, viéndose empañada por la existencia simultanea de un Rey que denota y simboliza la anti República.

Desde ya mi solidaridad con la vigencia plena de un régimen republicano que debe ser la consecuencia natural del Post Franquismo. Hoy día la existencia de las monarquías me recuerdan las épocas críticas de la violencia en tiempos de la Revolución Francesa por parte de Robespierre, quien pretendía seguir con su régimen de terror político a través de la tristemente célebre guillotina, que ponía en peligro la existencia misma de la Revolución, razón por la cual fue pasado por su misma guillotina al considerarse que esa forma de eliminar los adversarios ya no tenía ninguna justificación.

Razón tenía el gran Hegel, filósofo de dicha revolución, cuando  decía  que las instituciones y formas de gobierno surgían en un ambiente de necesidad y racionalidad, pero con el transcurso del acontecer histórico se iban tornando en innecesarias y como tales en irracionales, que perdían toda legitimidad para sobrevivir y deberían ser reemplazadas.

Este razonamiento se lo aplicó a Robespierre cuando sentenció: “Robespierre, la necesidad te abandona”. Con lo cual le quería decir que ya no era necesario y como tal su posición se tornaba en irracional. Esto pone de presente la fragilidad de las instituciones y formas de gobiernos en relación con la dinámica de la historia, donde no hay verdades definitivas y situaciones políticas plenamente consolidadas.

La Monarquía, en su tiempo impregnada de necesidad y racionalidad, hoy día su vigencia denota la supervivencia de residuos salpicados por la nefasta noción de privilegios y exclusiones sociales que chillan en una República y al igual que le pasó a Robespierre, su permanencia se torna innecesaria y, consecuentemente, irracional.

En buena hora, pues, la renuncia del Rey de España. Abre la posibilidad de imaginar de nuevo la gran aventura que ha sido consolidar el Régimen Republicano Español, que en su último intento fue arrasado por la tiranía de Franco, donde pensar y disentir era un crimen de lesa humanidad, dando lugar  a  la afamada guerra civil española, inmortalizada por el gran Pablo Picasso, como símbolo del dolor, en su célebre obra de arte y de protesta política Guernica, por el bombardeo de la provincia del Pueblo Vasco.

Bienvenida la Nueva República Española.

 

 

 

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