Usted esta aquí
Inicio > En Actualidad > A todo señor, todo honor

A todo señor, todo honor

Por: Ciro A. Quiroz Otero

Siete años ha cumplido la revista Enfoque vallenato, gesta y desarrollo de su director, Dickson Quiroz Torres, impulsado por la vocación de expandir las ideas que conforman nuestra identidad regional.

No es el mero esfuerzo de escribir por escribir; no es el deseo de darle juego a la pluma, ni el de tributarle elogios con señalada intención a su creador lo que me lleva a tejer esta notícula. Me impulsa el ánimo de cumplir ante sí mismo y reconocer, por encima del parentesco, la labor meritoria de quien hace tiempo empezó a construir un monumento a la causa de sus convicciones.

Sé que Dickson tiene la afición por la política, pero la electoral en causa propia no tardó en abandonarla cuando se convenció que para lograrlo se requería ser extremadamente hipócrita. Nuestro protagonista no lo es; se hizo a un lado y escogió el periodismo donde podría ser reconocido en una actividad donde vale lo que se representa y no lo que se aparenta.

Abogado de la meritoria Universidad del Cauca, fue juez penal del circuito, concejal, diputado, secretario de gobierno y alcalde temporal de Valledupar y, finalmente, Senador de la Republica, cargo que lo desconcertó al convencerse que en aquel recinto hasta la ética se canjeaba.

Sabemos que la tarea del periodista es ardua, pero honrosa. Podrá carecerse de la más alta intelectualidad, pero no de ánimo y aplicación para armar un laboratorio del pensamiento.

Su director nos presenta una obra de lectura sin que pudiese escoger las palabras o doblegar en pliegues de ambigüedad la tragedia social y política de esta sección del país donde la moral se encuentra en crisis hace ya mucho tiempo; cojea la justicia social en un ambiente donde la feudalidad esconde victoriosas sus raíces. Dickson podría encarnar, sin riesgo a equivocarme, ese personaje idealizado en su canto por Alonso Fernández Oñate: ha sido ganadero, algodonero, arrocero, palmicultor, parrandero, empresario, emprendedor y mujeriego; no ha sido gallero, pero contrajo nupcias con Luz Marina Hinojosa, hija de quien amó sin mesura los gallos y se movió entre plumas, picos y espuelas.

La vida de Dickson dice bastante de su liderazgo social como un autentico innovador cuyo activismo lo ha llevado sin precedente a ser un comunicador por convicción con tan decidido entusiasmo que ha hecho de todo: escribe, corrige textos, se le mide a pruebas, consigue la propaganda, ilustra artículos o textos y hasta distribuye el producto si no tiene quien lo haga. Concibe caricaturas si no las hay, hacía el tarot y hasta secciones sentimentales y puede vérsele con su puño en el mentón rebuscando títulos casi enloquecido al pie de la litografía, donde sin duda suelta una que otra piedra cuando las cosas no salen como quiso o porque salen mal, tartamudea, se descompone un poco emocionalmente, herencia característica de sucedáneos antepasados.

Otras veces, muy sereno, manipula su diccionario cómplice en busca de una palabra que ajuste mejor y ya sabrá el lector que esto ha sucedido porque en algunos de aquellos artículos llevará al final una estrellita, y la palabra inequívoca editado.

Hace treinta años, quizás más, nuestro hombre ocupó la presidencia de la junta directiva del Club Campestre en el periodo de más brillo de la institución; gracias a él, a Dickson, a su tesonera pasión y a su empuje empresarial, el Campestre adquirió mayor dimensión al construir y estrenar la sede que hoy disfruta con esplendidez.

También brilló la sede social en su envestida cultural y en sus programas de distención y diversión, erigiéndose como el más pujante polo deportivo de la ciudad. Como director intercomunicó a los socios con Alborada, una revista con variedad de temas. Varios números salieron a la luz. No teniendo quien escribiera, se le ponían los pelos de punta – no era “calvo entonces” – recurrió a familiares que garrapatearon uno que otro tema, hasta el día que un artículo mío, más humorístico que familiar, llenó la copa: “Nosotros los Quiroz” (revista Alborada, sexta edición, año 1987), que fue preludio de una chispeante discusión protagonizada por el Magistrado Ciro Habid Manjárrez, quien, siendo mi compañero de promoción, afirmó que la tal revista solo servía a nuestra familia. La calma de Dickson casi culmina con una renuncia, entrando en decadencia a la vez el Club y su revista. Convirtiéndose de paso Habid Manjárrez, por este imponderable, en el causante indirecto del nacimiento del periódico.

El germen de su liderazgo le producía escozor, pues su vocación de periodista era latente. Se le ocurrió fundar un semanario, idea que le acolitó una joven promesa  cachaca del periodismo mejor conocido como ‘Vallenatín’. Un día me dijo: “Dame cheques posfechados”, los que fue mostrando a otros parientes y amigos cercanos que le brindaron su apoyo. Nació así El Pilón, cuyo nombre encarna la danza, el instrumento de trabajo y el símbolo de la pureza de lo que se trilla.

Podía vérsele diseñando untado de tinta hasta la cara, con las mangas recogidas hasta lograr convertir aquello en un diario respetable. De esto hace 25 años, consolidándose por primera vez y posicionándose dicha publicación como la primera de carácter permanente con circulación en Cesar, Magdalena y Guajira. Siendo a la vez la más autentica forma de expresión de la identidad vallenata. Moviéndose como un pensamiento plasmado en letras, que preserva el pasado para saber cómo fue esa etapa de la vida en el viaje interminable del tiempo, con toda su historia, hasta las genealogías.

Constituyéndose en los pasos del destino, lo que Dickson busca consolidar en esta revista, con estructurados textos históricos y  detalles para que las generaciones venideras sepan de este experimento, de verter y transmitir el conocimiento a través de sus títulos, sus autores, con una elementalidad que caracteriza un pensamiento libre.

Su altruismo secreto incursiona ahora en la Fundación que preside, Centro de Pensamiento Cesarense, en un noble empeño de fomentar la ciudadanía, la democracia, la institucionalidad y la competitividad, misión que desarrolla a través de los Diálogos de Ciudad, actividad dialéctica donde se debate a profundidad temas neurálgicos del territorio. Es frecuente verlo en la moderación de debates sobre la educación, la movilidad, los besotes, la seguridad, la salud, entre otros, cuyas conclusiones son insumos importantes para los sectores públicos y privados del departamento. En definitiva, es alto su sentido de responsabilidad social.

Podrá encontrar usted, paciente lector, un Dickson que tiene siempre el pretexto de encontrarse ocupado, pero también, quien recurra a él hallará un hombre disponible y capaz de asumir riesgos sin otro motivo que la amistad.

Deja un comentario

Top