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UN VIACRUCIS, EL CANAL DE PANAMÁ

  Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

En la década del 80 del siglo pasado, una expresión, ‘barranquillerizarse’, hizo carrera entre los valduparenses. Hacía alusión al volumen de agua que corrían por sus calles, haciéndolas intransitables cada vez que se desgajaba un fuerte aguacero. Amenazaba Valledupar a parecerse a Barranquilla, famoso por sus caudalosos arroyos, causantes de víctimas a granel.

Para salirle al paso a tales anegaciones y sus secuelas de pérdidas económicas, la dirigencia política del municipio proyectó una red de alcantarillado pluvial que consistía en la implementación de un sistema de tuberías e instalaciones que permitieran el desalojo de aguas lluvias de la ciudad. Por su costo, el proyecto se ejecutaría en varios periodos electorales. Uno de los tramos más importantes, sin duda, fue el conocido como el Canal de Panamá, ubicado en el suroriente de la ciudad.

A raíz del crecimiento y expansión de Valledupar, y de las numerosas edificaciones de los últimos años, la capacidad del antiguo canal para transportar las aguas pluviales que encauzan hacia el suroriente de Valledupar, no era suficiente; por ende, era necesario la ampliación del canal con un diseño estructural que se adaptara a los nuevos requerimientos de la ciudad.

Pues bien. El 6 de agosto del 2014 se firmó el contrato para llevar a cabo la ampliación del Canal de Panamá, cuyo diseño original fue elaborado por la firma bogotana Gómez, Cajiao y asociados Compañía Limitada, en el año 1995.

Anteriormente, el canal recibía 9 metros cúbicos de agua por segundo; ahora, la ampliación del canal se diseñó para recibir 56 metros cúbicos de agua por segundo, y tiene 2.5 km. de longitud, comprendidos desde la glorieta del terminal, hasta el río Guatapurí, lugar donde desembocan las aguas.

Las aguas pluviales que recoge este canal son las que caen sobre la avenida Simón Bolívar, la calle 44, la Terminal de Transportes, la de los barrios Sabana, San Martín, 7 Agosto, 12 de Octubre, Santa Rosa, San Joaquín, y algunos sectores del norte de la ciudad.

El contratante de la obra es el Sistema integrado de transporte de Valledupar, SIVA, en un convenio interadministrativo con la Gobernación del Cesar; el contratista es el Consorcio Sistemas Estratégicos de Transporte.

Las obras de ampliación del canal forman parte de un convenio cuyo objeto es la construcción y rehabilitación de la malla vial y espacio público, renovación y optimización de las redes de acueducto y alcantarillado sanitario y construcción del colector de aguas lluvias de la avenida Simón Bolívar, entre las glorietas del terminal y la ceiba; incluye la optimización del canal de aguas lluvias de la calle 44 desde la glorieta del terminal hasta el río Guatapurí y sus obras complementarias para la puesta en marcha del sistema estratégico de transporte público colectivo de la ciudad de Valledupar.

La inversión total del contrato sería de más de 29 mil millones de pesos, de los cuales 8 mil millones de pesos serían destinados a la ampliación del Canal de Panamá. Para la interventoría de la obra, que le corresponde una parte a la gobernación del Cesar, y otra al SIVA, se invirtieron 2 mil millones 76 mil 604 pesos.

Las obras de ampliación se iniciaron el 19 de diciembre de 2014, pero fueron paralizadas en junio del 2016, ocasionando el estancamiento de las aguas y los consiguientes malos olores que afectan a todos los barrios vecinos. La inconformidad ciudadana no se ha hecho, además porque el canal se quiere cerrado para evitar así que los malos olores emerjan. Los perjudicados e inconformes han sido los habitantes de los barrios aledaños, San Fernando, Los Cocos, Amaneceres del Valle, Panamá y Los Milagros.

“La obra no va en un 60% y lo que está ejecutado no sirve”

Álvaro Molina es un vocero de la junta de acción comunal del barrio Amaneceres del Valle. El líder popular manifiesta que la ampliación del canal inició de manera irregular, luego fue paralizada, por lo que han estado en constantes conflictos con el SIVA.

“El canal desde el primer año comenzó a deteriorarse. Hasta el sol de hoy, después de dos años, la obra no va en un 60% y lo que está ejecutado no sirve; tendrían que demoler en su totalidad lo construido para volverlo a reconstruir”, expresó Molina, quien además asegura que “toda la comunidad quiere un canal cerrado, pues con este canal se pone en riesgo la salud de los habitantes del suroriente de la ciudad”.

Para Molina, el Canal de Panamá mantiene un empozamiento de aguas residuales que se desbordan desde el norte de la ciudad, y por la inexistencia de un descenso bien articulado, las aguas se estancan en el corredor del canal. “Es impresionante cómo es este canal en épocas de lluvia. Este tema se convirtió en el talón de Aquiles del Sistema Integrado de Transporte de Valledupar, que fue una de las primeras obras que lideró y fue un gran fracaso, porque la obra estructuralmente no sirve”, expresó.

El Canal de Panamá se vislumbró como un proyecto que generaría un impacto positivo para la ciudad, pero hasta la fecha este no ha sido el resultado, “lo que realmente queríamos era una arteria vial para la ciudad; un canal cerrado costaría 17 mil millones de pesos y este costó 8 mil millones”, dijo.

La voz de un ingeniero.

El ingeniero civil Francisco Fuentes, con una gran experticia en el tema, comenta que “se habían hecho unas intersecciones con unos canales enterrados que se trazaron por la calle 21 desde el mercado hasta el río, y también sobre la vía a Fundación, desde la glorieta de la ceiba hasta el obelisco, y la estructura como tal trabajaba muy bien, pero tras la pavimentación de diversos barrios  las aguas se encausaron hacia el sur de Valledupar producto de la inapropiada distribución de los pavimentos de la ciudad”.

El ingeniero manifiesta que la prolongación del Canal de Panamá la ejecutan con la misma dimensión de la del año 1995, haciendo que la obra no trabaje de forma óptima. “Lo que deben hacer es colocarle unas tuberías paralelas para que pueda recoger las aguas que se canalizaron hacia esta zona”, es la propuesta de Francisco Fuentes, para quien la comunidad tiene razón, pues lo ideal era emprender la construcción de un canal cerrado para hacer por tubería el drenaje.

Gerente del SIVA responde

Tras haberse ausentado durante dos años del cargo, Katrizza Morelli Aroca regresó a la Gerencia del SIVA. Frente a la polémica suscitada por el Canal de Panamá, se puso en la tarea de revisar, con la interventoría de la obra, lo que estaba sucediendo.

Asegura que la obra está ejecutada en un 53% y confirma que la inversión total es de 8 mil millones de pesos, de los cuales ya se ha destinado más de la mitad del presupuesto.

Ante la petición de la comunidad sobre un canal cerrado responde: “El canal no fue planeado para ser cerrado; si en el futuro llega un gobernante y cambia el diseño, seguramente será bienvenido por la comunidad, pero hoy lo vamos a dejar en las condiciones que fue contratado”.

Argumenta, además, que si se hubiera tenido presupuesto para la construcción de un colector pluvial enterrado se hubiera ejecutado; sin embargo, con los recursos que se cuentan para destinar al canal, se puede entregar una obra optimizada.Screenshot_2017-03-02-10-04-09-1

Asegura que se encontraron dos problemas fundamentales. El primero de carácter constructivo, la obra estuvo suspendida cerca de 6 meses. “El contratista no previó que la obra iba a estar suspendida tanto tiempo y no tomó las protecciones necesarias para una obra que iba a quedar paralizada; llegaron las aguas de abril y dañaron la estructura de lo ya construido”, daños que correrán por cuenta del contratista.

El segundo inconveniente diagnosticado es que Valledupar desde el año 2012 cuenta con un Plan Maestro de colectores Pluviales, que contempla la creación de 11 colectores – aún no se ha construido el primero – y cuya inversión asciende a los 300 mil millones de pesos, colectores que “deben ir aguas arriba de la calle 44. Luego, entonces, el canal de la 44 se diseñó para una capacidad hidráulica específica hoy desbordada por recibir más agua de la prevista; está recibiendo agua por los costados que es por donde no debería circular, y nos está afectando el Canal de Panamá”.

Además, explica, que la capital por su topografía drena por pendientes, siendo el canal el punto más bajo de la ciudad; si se contara con la instalación de todos los colectores y estuvieran drenando agua hacia el río, probablemente lo que llegaría al canal fuera la cantidad de agua correspondiente.

Fue enfática al desmentir que las aguas recibidas por el canal sean residuales, puesto que son netamente de lluvias, “lo que pasa es que la ciudadanía…tiran al lugar colchones, mecedoras, ropa y, obviamente, si tú tienes al canal como un basurero va a oler a feo, como todo basurero”.

Otra de las causas de los malos olores obedece al rebosamiento de los manjoles en épocas de lluvia, donde están las alcantarillas de aguas residuales, aspecto que suma gravedad a la problemática, “pero eso nada tiene que ver con el canal que lo único que transporta es agua limpia. Puedo garantizar que el SIVA dejará el canal en las condiciones inicialmente contratado de calidad y, sobre todo, de funcionalidad”, advirtió Morelli.

Finalmente, hacia el 15 de febrero del presente año debió estar finalizada la revisión de los diseños de la obra; posteriormente se dará inicio a la reparación por parte del contratista de los daños del canal y la inclusión de las estructuras complementarias. En abril se reactivarán las obras con un plazo de 6 meses para su entrega final.

Amanecerá y veremos.

 

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