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Valores, evolución, satisfacción

                                                                                                                                                                                                                                                       Por: Rafael Valle

ravalleo1@yahoo.com

Solo basta mirar algunos avances tecnológicos y científicos para entender lo lejos que ha llegado la raza humana. La inteligencia artificial es una realidad, al igual que la modificación del ADN y ni hablar de los avances en medicina para tratar distintas enfermedades.

A estos últimos 500 años de historia, algunos la denominan la ‘revolución científica’, pero para llegar a este punto ha habido otras revoluciones. En su libro ‘De Animales a Dioses’, el doctor en historia de la Universidad de Oxford, Yuval Noah Harari, habla de otras 3 revoluciones anteriores a la científica: la ‘revolución cognitiva’, cuando el homo sapiens crea y desarrolla un lenguaje para comunicarse, cooperar y compartir información. La ‘revolución agrícola’, cuando el humano deja de ser recolector para sembrar su propia comida; es acá donde se forman organizaciones complejas para ordenar la producción y la distribución de bienes, lo que conllevó a la jerarquización de los grupos. Y la tercera revolución, la ‘unificación de la humanidad’, donde se empiezan a crear sociedades más grandes y complejas y nace la cultura (las religiones, el dinero, las diferentes tradiciones, etc.).

El autor concluye su libro con una reflexión digna de ser tomada en cuenta: a pesar de toda esta evolución, donde los humanos hemos pasado de ser un animal sin mucha relevancia en un rincón de áfrica, a simular ser dioses con la capacidad de crear y destruir, “seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y parecemos estar tan descontentos como siempre (…) ¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben qué quieren?”.

No hay que ir muy lejos para entender las implicaciones de esta reflexión. Si nos enmarcamos en el contexto de nuestra región Caribe, vemos cómo esta falta de objetivos claros, y de insatisfacción por no entender lo verdaderamente importante en la vida, nos lleva a tener una sociedad llena de corrupción, violencia y desigualdad.

Toda esta insatisfacción y falta de objetivos empieza por casa: cuando, por ejemplo, un niño aprende de sus padres que lo importante es el dinero, y que el respeto se gana con dinero, este niño crecerá creyendo que el dinero es lo más importante y hay que hacer lo que sea por conseguirlo. No será de extrañar que al crecer el niño será un político corrupto que se roba la plata de la comida de los niños de La Guajira.

Así mismo, los demás niños de la ciudad que crecieron pensando lo mismo que él, se harán los de la vista gorda con respecto a la proveniencia de este dinero, y lo seguirán respetando y admirando por el hecho de ser rico. Sin embargo, supongamos que lo meten a la cárcel y sale la noticia en todos los medios de comunicación y redes sociales. En este punto, sus supuestos amigos lo abandonarán y se harán los que no lo conocen. Y entonces, ese político, que una vez fue un niño que creía que el dinero lo era todo, tal vez entenderá que hay cosas más importantes como la familia, la libertad, el buen nombre y la amistad.

Esto es una caricatura típica de nuestra región. Lo peor de todo es que no hemos aprendido la lección y la historia se repite. Solo cuando entendamos que vale más aprender un idioma que una camioneta último modelo; más un viaje para conocer nuevas culturas que una fiesta de 900 personas; más la admiración de un hijo que un contrato amarrado multimillonario, solo en ese momento podremos salir adelante como región. Y para lograr esto tenemos que replantear la manera de educar a nuestros hijos y replantear los valores que están predominando en nuestra sociedad.

Por supuesto, no tenemos todas las respuestas y no sabemos exactamente qué debemos hacer para lograr este cambio de pensamiento en todas las personas, pero se ha empezado un movimiento con diferentes lideres de la región que buscamos promover nuestra región y su talento. Es importante incluir diversas opiniones e integrar jóvenes y adultos para reflexionar y construir caminos.

Por ejemplo, en el último año hemos venido discutiendo estos temas con mis amigos Luis Alberto Rodríguez, un joven economista, preocupado por su región, y Jorge Araujo Durán, médico, ambos de origen vallenato; organizamos un foro de liderazgo en el sector salud donde abordamos soluciones prácticas para mejorar la educación en salud en el Caribe.

Es hora de aprender de la evolución y de la historia. Y de entender que debemos definir lo que queremos, fijando objetivos con propósitos nobles y admirables; es la única forma para lograr por fin estar satisfechos, para no llenar el vacío con cosas que, además de perjudicarnos, evitan que prosperemos como región.

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