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Valledupar: ciudad cultural, turística y ecológica

Por: Carlos César Silva.

Tw: @CCSILVA86 

El conversatorio naranja

Sin duda alguna, el conversatorio ‘Valledupar: Distrito Naranja’, realizado el pasado 15 de junio en la Universidad del Área Andina, fue pertinente y constructivo. Para contrarrestar el desempleo rampante, Valledupar no puede continuar con una economía ensimismada en la ganadería, la agricultura y la minería, sino que debe desarrollar su potencial más relevante: la creatividad de su gente.

No obstante, ese día se insistió demasiado en las bondades culturales y económicas de la música vallenata, que, obviamente, es nuestra máxima expresión de ingenio, pero no la única: sí, faltó resaltar más a las otras. Asimismo, se hizo mucho hincapié en Valledupar como emporio cultural y turístico, pero poco se habló sobre su riqueza ecológica, que es una de las principales fortalezas de la ciudad.

A continuación, presentaré mis impresiones sobre algunos temas que fueron discutidos en ese evento, partiendo de ciertas definiciones fundamentales.

Economía: ¿creativa o naranja?

El concepto de economía creativa fue acuñado por John Howkins en su libro “La economía creativa: transformar una idea en beneficios”, cuya publicación fue en 2001. Allí Howkins manifiesta que la economía creativa comprende los bienes y los servicios que se fundamentan en la propiedad intelectual: arquitectura, teatro, cine, televisión, música, radio, editoriales, artesanías, diseño, juguetes, moda, publicidad, software, videojuegos…

Por otro lado, la denominación economía naranja apareció en el libro “Economía Naranja: una oportunidad infinita”, escrito por Felipe Buitrago y el nuevo presidente Iván Duque: “Conjunto de actividades que de modo encadenado permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual”. Este universo está compuesto por arte y patrimonio, industrias culturales convencionales y creaciones funcionales, nuevos medios y software.

De modo que la economía creativa y la economía naranja -prácticamente – son lo mismo. Tal vez solo existen dos pequeñas diferencias entre ambas. Primera, la creativa es el antecedente y la inspiración de la naranja. Segunda, el concepto de Buitrago y Duque (como manifiesta mi amigo Ernesto Altahona) trata de agrupar el aguacero de definiciones que hay sobre las empresas basadas en la creatividad del ser humano. Por eso, a diferencia de la economía de Howkins, la naranja envuelve al turismo y al patrimonio cultural.

Valledupar: ¿Distrito Naranja?

En el foro Valledupar: Distrito Naranja, se plantearon dos ideas puntuales: (1) convertir a Valledupar en un distrito o en una ciudad naranja y (2) utilizar a la música vallenata como el principal eje para consolidar este proyecto.

Frente al primer punto, pienso que el trámite para convertir al municipio en un distrito no solo puede resultar complicado y tedioso, sino también contraproducente. La administración tendría que asumir unas obligaciones estructurales y financieras que tal vez no está preparada para cumplir. El escenario es sencillo: se crea una categoría especial y la burocracia aumenta, pero el presupuesto sigue igual.

En efecto, me resulta más sensato la inclusión de un artículo en el Plan de Desarrollo del gobierno de Iván Duque, que permita convertir a Valledupar en un piloto de ciudad naranja, pues esto no solo requiere pocos tramites, sino que es menos riesgoso para la administración. Sin embargo, pienso que la marca debe ir más allá, que no debe limitarse al concepto creado por Buitrago y Duque. Así que propongo trabajar desde la ciudadanía, el sector público y el privado por una ciudad cultural, turística y ecológica.

En cuanto al segundo punto, debo expresar que Valledupar no solo es música vallenata. Aunque existen unos datos que conmueven y demuestran cómo el folclor de Escalona impacta de manera positiva en la economía de la ciudad, sería un error seguir mostrándonos ante Colombia y el mundo como una ciudad que solo produce vallenatos, cuando realmente tenemos otros atributos muy valiosos para mostrar.

Valledupar: ciudad cultural, turística y ecológica

Más allá de la música vallenata, Valledupar tiene una amplia fluidez creativa: Casa Arte (pintura), Walter Arland (escultura), Maderos Teatro (teatro), Nina Marín (cine), Alonso Sánchez Baute (literatura), Raúl Garrido (fotografía), Darío Valencia (moda), Típicos Eloy (gastronomía), Editorial Terrear (editorial)… Claro, el vallenato es nuestro imán principal, pero hay que acompañarlo de otras iniciativas culturales para diversificar más este proyecto. Además, debemos aprovechar al máximo nuestras riquezas naturales, pues tenemos el potencial para afianzarnos como un foco de turismo sostenible: el río Guatapurí, la Sierra Nevada, la variedad de aves…

En consecuencia, propongo que ampliemos más el universo de acción: no reduzcamos a Valledupar solo al concepto naranja, sino que trabajemos por una ciudad cultural, turística y ecológicamente sostenible. Esto hay que consolidarlo como un propósito colectivo que vincule al sector público, a las empresas privadas, a la academia y a la sociedad civil. Se trata de hacer un acuerdo sobre algo básico: buscar un equilibrio entre lo cultural, lo turístico y lo ambiental, teniendo como punto de referencia la creatividad de la gente.

En Valledupar tenemos el potencial humano para construir una ciudad creativa, pero debemos mejorar en muchos aspectos. Hay que generar unos programas de formación artística, ambiental y empresarial. Hay que crear una infraestructura cultural que incentive el turismo. Hay que organizar una agenda cultural que vaya más allá del Festival Vallenato y que ofrezca, al menos, un evento seductor por mes.

No se trata de un modelo de desarrollo esporádico, ni exótico, ni incauto. Ciudades como Lima, Curitiba y San Francisco lo están aplicado. La idea es dignificar la creatividad de los vallenatos generando mejores formas de vida desde la orbita individual, social y ambiental.

Claro, para todo esto debemos tener dos puntos de partida: el río Guatapurí, que es nuestra alma natural, y el centro histórico, que no solo representa el pasado de la ciudad, sino también el futuro.

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