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Valledupar ¿Ciudad creativa de la música ante la UNESCO?

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

helenbohorquezperiodista@gmail.com

La economía creativa o economía naranja pudo haber existido desde siempre. De hecho, muchos sin saberlo la ejercen y lo han hecho en el transcurso de sus vidas, pero hasta hace tan solo un par de años se ha convertido, por lo menos en Colombia, en el eje y en el discurso de muchos líderes que ven en la capacidad creativa y emprendedora de las personas, la oportunidad para generar desarrollo, riqueza, empleo y reconocimiento.

Valledupar, prevalida de su cultura y folclor musical, no ha sido la excepción a esa fiebre, cuyo virus fue ‘alborotado’ por la presidencia de Iván Duque Márquez, que ve en la economía naranja una fuente importante de dinamización de la economía nacional. Los primeros vallenatos en copiarles, aunque con pequeñas variantes, fueron Nicola Stornelly y Carlos César Silva.

Posteriormente, Augusto Ramírez Uhía, alcalde de Valledupar, poseso de la fiebre, y con un oportunismo encomiable, ha tomado como propia la bandera, transpirando naranja por todos los poros: su actuar y su discurso apuntan hacia allí; casi a diario luce de naranja, hasta el estuche de su celular, reloj, bolso, esfero, son de este tono, como queriéndole infundir a sus conciudadanos el sentido de pertenencia por esta línea de acción.

A instancia del presidente Duque, quien considera que esta ciudad tiene todo el potencial para serlo, Ramírez Uhía se ha fijado el norte de convertir a Valledupar en Ciudad naranja.

Un poco de historia

Cuando el presidente de Colombia llegó a esta capital en el marco de la celebración de los 469 años de la ciudad, anunció que gestionaría, ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO, la postulación de Valledupar como ciudad creativa de la música, anunciando que aunaría esfuerzos para convertirla en la principal capital turística y cultural de la costa caribe.

Luego, el 26 de abril, durante el festival vallenato, ratificó que la postulación era un hecho y que en mayo sería oficial. Pues bien. Hoy reposa en la UNESCO un expediente de Valledupar en el que se plasman todas las razones por las cuales debe obtener esta declaración.

Viaje a París

Lunes 13 de mayo de 2019. En París, Francia, se encontraba la delegación colombiana. Clara Inés Vásquez, ministra de Cultura; Tatiana García, directora de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores; Natalia Sefair, jefe de Asuntos Internacionales del Ministerio de Cultura; Augusto Ramírez Uhía, alcalde de Valledupar; Tomás Darío Gutiérrez, director de la Casa de la Cultura de Valledupar, y el acordeonero Álvaro Meza Reales, Rey Vallenato.

El objetivo era claro: postular a Valledupar como ciudad creativa de la música, lo que la uniría a las 180 ciudades ya declaradas en todo el mundo.

Se presentaron ante la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay. El alcalde Ramírez Uhía expuso durante más de dos horas el expediente que contiene todos los datos pertinentes exigidos por este organismo internacional.

“Lograr entrar al club selecto de ciudades creativas a nivel mundial, permite que Valledupar tenga un posicionamiento internacional como ciudad naranja, como ciudad creativa, la ciudad de la cultura, del talento y la música. Por supuesto, nuestro gobierno tiene una gran oportunidad de visibilizar el territorio; por eso acompañamos a esta delegación designada por el señor Presidente para sustentar este expediente tan importante”, dijo el alcalde desde París.

La ministra de cultura también dejó un mensaje inspirador. “Hay una región del norte de Colombia que hace parte de nuestra alma cultural y artística, con una música única y una creatividad a flor de piel: Valledupar. Es esa misma ciudad la que quisiéramos que todos amaran visitar, porque su cielo es como el cristal y en su aire vibran los tambores, el acordeón, y ahora también las guitarras eléctricas y las voces de las cantadoras”, expresó.

¿Qué son las ciudades creativas de la UNESCO?

Desde el 2004 apareció la red de ciudades creativas, una estrategia de la Unesco. El propósito, tal como lo indica esta organización: “…promover la cooperación hacia y entre las ciudades que identifiquen la creatividad como factor estratégico de desarrollo urbano sostenible y que trabajen juntas hacia un objetivo común: posicionar la creatividad y las industrias culturales en el centro de su plan de desarrollo local y cooperar activamente a nivel internacional en la materia”.

Experiencias en Colombia

Las ciudades creativas se clasifican según su potencial: artesanía y artes populares, artes digitales, cine, diseño, gastronomía, literatura y música.

Las ciudades creativas de la UNESCO declaradas en Colombia son: Bogotá y Medellín, en el área de la música; Popayán y Buenaventura, en gastronomía.

Llama la atención Bogotá. Obtuvo este reconocimiento gracias a las 1.700 empresas asociadas al sector musical que generarían alrededor de 10.000 empleos.

Según Juan Luis Restrepo, coordinador del programa Bogotá Ciudad de la Música del IDARTES, “Bogotá le aporta al país el 57% del total del recaudo por concepto de Ley de Espectáculos”.

Tras la declaración de la Unesco en el 2012, en la capital del país se han construido 20 Centros de Formación y Creación Artística (Crea). Se creó también, por parte del Instituto Distrital para las Artes, el proyecto Festivales al Barrio, que este año llegaría a su tercera versión.

Adicionalmente, la Cámara de Comercio de Bogotá fortaleció, por un lado, el clúster de la música; por otro, la plataforma comercial ‘Bogotá Musik Market’, que promueve a artistas nacionales e internacionales.

Actualmente, según María Claudia López, secretaria distrital de Cultura, “se está construyendo un plan estratégico a 20 años con acciones a largo, mediano y corto plazo para fortalecer el sector musical”.

Valledupar, ciudad creativa de la música

Es en la música donde se ubica Valledupar.  Es fácil evidenciar y convencer que Valledupar es la cuna del Vallenato. La sede del festival vallenato y de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, todo lo cual hizo posible la declaratoria del Vallenato como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Además del vallenato, otros géneros se han ido imponiendo en Valledupar: el rock, electrónica, ranchera, música popular, baladas, cumbias, porros, etc. El expediente contenía la oferta cultural ligada a la música que se desarrolla en esta zona del país, que no es solo el Festival Vallenato, también el festival Tierra de Compositores (Patillal), festival de Música Vallenata en Guitarras y Tambores, el Festival de la Quinta, Kz Rock Festival, encuentro Cultural y Folclórico de la Sierra Nevada, Encuentro de Gaitas en el asentamiento Indígena Guatapurí, Festival Vallenato Fides, Encuentro Vallenato Femenino-EVAFE, entre otros.

Adicionalmente, hay un registro de 1.211 establecimientos comerciales, de los cuales 307 están orientados a actividades musicales como producción, formación y venta de artículos.

También hay más de 300 compositores miembros de SAYCO, algunos de los cuales perciben más de $1.000 millones al año.

 Impacto en Valledupar

Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, director de la casa de la cultura de Valledupar, indicó que si bien la música sería el ítem especifico de la declaratoria, se trataría solo del primer atractivo.

“La música es el atractivo, es el señuelo, pero detrás de eso se van todos los demás factores. Nosotros tenemos muchas cosas que ofrecer, eso tiene relación directa con el medio ambiente, con la historia, pues los atractivos históricos son magnéticos ya que muchas ciudades viven de su historia y la diversidad cultural manifestada en las diferentes etnias que aquí se asientan”, indicó.

Las personas llegarían cautivadas por la música, pero el impacto sería en materia económica, por el dinamismo que genera en diferentes sectores que propios y visitantes recorran la ciudad.

Aun no se puede cantar victoria

Todavía no se puede celebrar. En diciembre habrá humo blanco… o negro, cuando se pronuncie la UNESCO.

Lograr la inclusión de Valledupar en la red de ciudades creativas no parece tarea difícil, como quiera que “el mayor atractivo que tiene Valledupar desde hace muchísimo tiempo es su cultura tradicional, de suerte que la UNESCO reconocería una realidad. Vamos en busca del reconocimiento de un hecho histórico ya dado, y necesariamente, después que tengamos la categoría, esto tendrá que reflejarse en impactos económicos”, afirmó Gutiérrez Hinojosa .

El reto sobreviene, por supuesto, una vez declarados ciudad creativa, pues Valledupar ha de cumplir los compromisos institucionales previstos:

  • Reforzar la creación, la producción, la distribución y la difusión de actividades, bienes y servicios culturales.
  • Desarrollar polos de creatividad e innovación y aumentar las oportunidades al alcance de los creadores y profesionales del sector cultural.
  • Mejorar el acceso y la participación en la vida cultural, en particular en beneficio de grupos desfavorecidos y personas vulnerables.
  • Integrar plenamente la cultura y la creatividad en sus planes de desarrollo sostenible.

Entre regocijos y frustraciones

Aún se recuerda, para desesperanza nuestra, logros históricos obtenidos por Valledupar, malogrados luego por ausencia de una implementación básica. Unos lustros atrás, Valledupar vivió el boom y fue declarada como Ciudad Educadora, integrándose a la red mundial de Ciudades Educadoras. Además de las formalidades…nada ocurrió. El proyecto reposa en los anaqueles.

Unos años atrás, la misma UNESCO declaró a la música vallenata como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad; a la vez que reconocimiento, alertaba sobre la necesidad e importancia de salvaguardarla… a juzgar por la opinión de muchos expertos consultados, aún se está en mora de adoptar una política pública que preserve ese patrimonio folclórico que tanta gloria le da dado a Valledupar, al país vallenato y a Colombia.

Aunque hay otros, los botones mostrados bastan y sobran. Regocija que se reconozca, a nivel nacional e internacional, la valía de la cultura vallenata, tanta que se ha ganado los abrazos, inclusive más allá de sus fronteras geográficas. Pero inquieta y preocupa una nueva frustración, sobre todo atribuida a la nula capacidad de ejecución y trascendencia, demostrándose por enésima vez que somos buenos para soñar y formular proyectos y malos e irresponsables para aterrizarlos y llevarlos a la práctica.

Ojalá que en esta ocasión se les dé un mentís a los escépticos.

 

 

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