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Una palabra con mucho significado

Por: Rafael Valle Oñate

avalleo1@yahoo.com

Es impresionante cuando una misma palabra, o un mismo concepto, tienen significados tan distintos de acuerdo al contexto en el que se tenga en cuenta.

Para mi la palabra Shanghái tiene mucha relevancia y me recuerda innumerables experiencias gratas. Por un lado, esta palabra me lleva a una de las ciudades más pobladas del mundo, ubicada en China, con más de 24 millones de habitantes. Esta ciudad, ejemplo de poderío, de desarrollo y de transformación, es el centro comercial y financiero de la superpotencia asiática, siendo además uno de los puertos más grandes del mundo.

He tenido la oportunidad de visitar esta urbe varias veces. De las actividades más llamativas que uno como turista puede hacer, es observar la cantidad de edificios imponentes que forman el sector financiero. Una de sus construcciones insignias, la Torre de Shanghái, es el segundo rascacielos más alto del mundo, después del edificio Burj Khalifa, de Dubai. Tiene 638 metros de alto, 128 pisos, y ostenta el récord de tener la plataforma de ascensores más rápidos del mundo, los cuales alcanzan velocidades de 74 km. por hora.

Sin embargo, tal vez por mi profesión, lo que más me impresionó de esta ciudad no fue su moderna arquitectura, sino que tuve la oportunidad de conocer un laboratorio de alta biotecnología donde hacen medicamentos avanzados para la artritis. Toda la infraestructura, los procesos y la tecnología que pude ver, me dejaron ciertamente sorprendido.

Este es el Shanghái que se me viene a la mente cuando estoy en el contexto de los viajes y la ciencia. Pero para mi, Shanghái también significa algo completamente distinto y maravilloso en otros contextos. Por ejemplo, en los últimos 10 años he tenido la oportunidad de asistir anualmente, en Valledupar, a una fiesta donde la Barra Shangai, un grupo de personas cuya historia se remonta 52 años atrás, se reúnen para resaltar el concepto de la amistad, de la alegría y del entusiasmo.

En esta reunión se dejan a un lado los problemas personales y familiares que aquejan a cada uno de sus miembros, y se disfruta de la música, el baile, la camaradería. Todos los presentes nos contagiamos de esta atmósfera llena de magia cubierta de lazos fraternales.

Siempre he disfrutado este encuentro con admiración al ver que todos sus miembros son personas de la región que han aportado de alguna forma para el desarrollo de la misma. Es un evento que puede parecer extraño si se entiende únicamente como una fiesta, pero cuando se analiza más profundamente, se entiende como un espacio para compartir enfoques filosóficos, antropológicos, sociológicos, culturales, folclóricos y humanísticos.

La sensación de poder integrar el afecto, el folclor y el conocimiento en un solo espacio, es algo que debemos preservar y fortalecer.

Cuando intento integrar las experiencias vividas en la ciudad de SHANGAI, con las vivencias sentidas en las actividades lúdicas de la Barra Shangai, en Valledupar, me lleva a concluir que la vida está llena de emociones que, al interconectarse, producen la felicidad que tanto buscamos.

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