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Una malla vial desastrosa

Por: Ing. Hugo Alfonso Rincón Lobo*

‘Movilizarse’ por las diversas vías de nuestra querida ciudad de Valledupar, aun es un verdadero calvario. Fácilmente se detectan las protuberantes fallas de la malla vial.

Las últimas seis administraciones, incluyendo la actual, han sido displicentes, auspiciando el anquilosamiento, abandono y desidia para realizar las inversiones que verdaderamente ameritan el componente. Un examen juicioso de las administraciones nos muestra la parálisis, el mismo modo operandi, unas sectoriales asesoras – Planeación, Obras y, peor aún, Tránsito – dormidas en sus laureles, sin las capacidades técnicas, administrativas y de acciones; unos funcionarios especialistas en poner trabas, que caminan a la deriva, sin un norte, sin quien los dirija. Referenciamos al alcalde por su pobre gestión y falta de ímpetu para acometer todas estas actividades. Mucha palabrería, mentiras hacia la gente y pocos hechos.

La red primaria conformada por las avenidas Simón Bolívar, Los Militares, avenida 23 diagonal salida a Fundación, calle 44, son vías de doble calzada en las cuales el usuario se mueve sobre la carpeta asfáltica y pavimento hidráulico. Además, encontramos las diferentes calles, carreras, transversales y diagonales, al igual que las redes principales, con toda clase de fallas – grietas, desplazamiento lateral, asentamiento, fisuras, piel de cocodrilo, descascaramiento, vetustez, cárcavas, roturas de la capa de rodadura en concreto, ya sea asfáltica o hidráulica; se incluyen las vías cuyo estado de movilidad es en afirmado.

Los correctivos tomados son muy pobres técnicamente, como los contratos adjudicados para reparcheo, convirtiéndose en tapa huecos, muchos de ellos ya colapsados, como (i) el ejecutado desde el establecimiento Olímpica (Los Cortijos) hasta la glorieta de la Pilonera Mayor, incluyendo la del Pedazo de Acordeón, con el agravante de ir destruyendo el existente que presentaba cierta estabilidad con su capa de rodadura en asfalto; y (ii) como el de la gobernación hasta el glorieta de la Ceiba, posteriormente levantado por el nuevo contrato del SIVA.

Y qué decir de los ajedreces empalmes en muchos barrios, aún sin completar.

En el barrio Dundakare se realizó la pavimentación en concreto hidráulico de unas carreras, pero la terminación del pavimento de la calle perpendicular a ésta es un adefesio para la ingeniería, una cuneta en medio de la calzada, qué tristeza, dónde está la clase profesional, más intervención, qué pasa con esa secretaría de obras: se reciben las obras con fallas de planeación y ejecución.

Referente a los tramos intervenidos por el Sistema Integrado de Transporte, SIVA, es preocupante que dichas actividades no cuenten con interventoría, topografía y, de existir, es de muy precaria función, todo lo hace la empresa contratista.  Presentan fallas técnicas y administrativas y no cumplen con las normas y especificaciones de Invías 2012. En los sectores observados, después de ejecutadas todas estas actividades en muchos trayectos no se le suministró material de subbase, base, colocándose capa de asfalto y losa de concreto. La fundida de las losas de concreto aunado al manejo topográfico es deficiente; represamiento de aguas, los bombeos transversales fueron dirigidos hacia el eje de la vía, manteniendo una gran fricción que perjudica la rasante de la losa de concreto, lo mismo con las pendientes longitudinales, muchas deficiencias.

Hay mucha improvisación. No se realizó un catastro de redes, razón por la cual, después de fundidas las losas de concreto, requirió la rotura de la misma para incluir sumideros e instalación de alcantarillado pluvial; en el sumidero existente en la intersección con la olímpica de La Ceiba se encuentra que internamente el agua no presenta escorrentía, permaneciendo estancada en épocas de lluvia; no existió programación de obras, adecuación inicial de sitios alternos donde el usuario, sin entorpecer las actividades, realizara su desplazamiento.

Grave aún que después de entregadas las obras encontramos las intersecciones del centro comercial Valle Centro, Olímpica, carrera quince, donde el concreto presenta envejecimiento prematuro, deterioro; muy pronto se establecerán cabezas duras y todas las afectaciones del pavimento hidráulico, las losas principales dudo que tenga una vida útil de cinco años.

En el contrato desde el Round Point del terminal hasta el semáforo de la veintidós, duró tres años en ejecutar la obra y actualmente continúan con la demolición y reposición de las losas de concreto. Además, al actual le adicionaron el complemento, desde el semáforo hasta el Round Point de Los Músicos, realizándose de norte a sur la calzada izquierda en pavimento rígido y la calzada derecha en concreto asfáltico, pero qué tristeza que la capa de asfalto no presenta las características de unos buenos materiales porque está totalmente destruida; además, es preocupante que la pavimentación de la vía de los 450 años presente cantidad de falencias. Aseguraría que una patología a todas estas vías, incluyendo la calle 44, el resultado sería catastrófico, acaso porque la directora del SIVA debe confiar en los ingenieros contratista al desconocer ella la parte técnica.

Causa extrañeza la pobreza del Plan de Desarrollo (Acuerdo 001 de 25 de abril de 2016) presentado por el alcalde. No hace referencia a la intervención de la malla vial, probando el poco interés. Con razón, no se han atrevido a realizar o formular un plan vial acorde a las necesidades de la ciudad, incluyendo vías alternas, deprimidos, pasos elevados y otra solución al mejoramiento de transitabilidad del usuario.

Si se hace un ejercicio retrospectivo, se observa que las últimas vías que impactaron la malla vial y la movilidad de Valledupar fueron realizadas en las administraciones de Rodolfo Campo Soto (1998-2000) y Aníbal Martínez Zuleta (2000-2002), entre otras la circunvalar de la 4ª. Posterior, la malla vial sufrió un abandono total (a pesar del crecimiento poblacional y vehicular), salvo por dos obras lastimosamente diseñadas con protuberantes deficiencias: la Avenida Sierra Nevada, que insertaba a una densa población al centro de la ciudad, pero a la que le fue negada su solución pluvial. Transitarla en época de lluvias es un calvario. Igual acontece con el Canal de Panamá, hoy más fuente de problemas que de soluciones.

Alcalde, despierte. Atrévase a cambiar al funcionario que no dé la talla. Menos palabras y más hechos, porque nuestra querida y hermosa ciudad dejó de ser parroquiana para convertirse en sitio donde convergen todas las personas de Colombia, del mundo; su progreso es alto. Debemos caminar y sacarla adelante con fuerza y tesón.

 

*  Ingeniero civil, Universidad La Gran Colombia. Especialista en vías y transporte, Universidad del Norte. Interventor, Diseñador y supervisor de innumerables obras de ingeniería.

 

 

 

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