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RIOHACHA – VALLEDUPAR, UNA RUTA EN ESTADO CRÍTICO

Por: Ciro E. Benítez Quiro

Recientemente realicé un viaje familiar, en mi carro particular. Viajamos desde Albania (La Guajira) hasta mi natal Popayán (Cauca), en una travesía de más de 1.500 kilómetros que incluía además un desvío extra por los Santanderes y Boyacá.

Aunque no era el propósito, tuve la oportunidad de conocer y comparar las rutas que atravesaba, con aquellas con las que convivía todas las semanas, particularmente la vía Riohacha-Cuestesita-Badillo-Valledupar, una de las más importantes del norte del país y que une a dos ciudades capitales.

Mi conclusión es categórica. Estamos frente a una de las peores vías en cuanto al estado de la vía, al diseño geométrico y a los dispositivos de seguridad y señalización, o sea, todo por lo que Invías/Gobernación/Municipios/Concesión deben velar para un tránsito seguro y económico. Una vía en mal estado al final redunda en accidentes y costos de operación vehicular, factores que cuestan lo suyo en pesos. Resulta paradójico que departamentos con tantas entradas de regalías por minerales – carbón, sal, gas natural – tengan una malla vial tan deficiente.

Seguramente muchas otras rutas también padezcan esta clase problemas, pero en ésta confluyen otros factores que incrementan dramáticamente los peligros.

Las siguientes estadísticas de accidentabilidad en la vía respaldan mi afirmación:

TABLA 1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 1. Diez Departamentos con mayor cantidad de muertes y lesiones por accidentes de tránsito en Colombia en el 2015. Fuente Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses

La Guajira ocupa alrededor del puesto 20 entre los 30 Departamentos con 108 casos de muertes y 190 casos de lesionados en 2015.

TABLA 2Cuadro 2. Diez Departamentos con mayor tasa de muertes y lesiones por cada 100.000 habitantes en accidentes de transporte. Colombia en el 2015. Fuente Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses

La Guajira ocupa también alrededor del puesto 20 entre los 30 Departamentos con una tasa de 11,28 para el caso de muertes y 12,41 para el caso de lesionados en 2015.

Al analizar los resultados de accidentalidad en el 2015, La Guajira tiene un mejor comportamiento que el Cesar, reflejándose en las tasas que al final son las que sirven para comparar igualitariamente a los Departamentos.

Sin embargo, si se cruzan los datos de incidentes con la cantidad total de la flota vehicular en cada departamento (automóviles, motos, volquetas, buses etc.), comprobaríamos que La Guajira, uno de los departamentos con menor flota vehicular, ocupa un deshonroso segundo lugar y el Cesar un noveno puesto. Los incidentes en La Guajira son muchos y graves.

TABLA 3

 

Cuadro 3. Diez Departamentos con mayor indicador de Incidentes por flota vehicular en el 2015. Fuente Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Informe “Mortalidad y Lesiones por accidentes de Transporte 2013,2014” presentado por MINSALUD en septiembre de 2015 y Datos RUNT marzo 2015.

Respaldándome en las anteriores estadísticas, me detendré un poco en cada uno de los puntos que hacen de esta ruta Riohacha-Valledupar una de las peores y más peligrosas vías del país:

  • Estado de la vía, diseño o configuración geométrica y dispositivos de seguridad:

En esta ruta hay varias entidades que velan por diferentes tramos, pero pensando como usuario frecuente da lo mismo quién atiende qué, pues esta ruta une dos ciudades principales – comercio, turismo y transporte de pasajeros – y debe cumplir con todos los estándares.

En general, la ruta tiene tramos buenos y malos, iluminados y no iluminados, señalizados y no señalizados, con dispositivos y sin dispositivos de seguridad, pero lo que hace a una ruta realmente estándar y buena es que todos los tramos cumplan con todos los requerimientos; de a pedacitos no sirve.

Destaco los peraltes deficientes de las curvas antes de llegar, de norte a sur, al Puente sobre el río Badillo: el mal estado de los tramos Barrancas/ Hato Nuevo, Fonseca/San Juan – incluido el del peaje, cuyos problemas mayúsculos de drenaje hacen que todos los reparcheos e intentos de estandarización fallen – y Cuestesita/La Florida, la Joya de la corona, ejemplo de dejadez y abandono estatal, pues cuenta con innumerables tipos de fallas y huecos en el pavimento asfáltico o lo que queda de este, la manigua se la está comiendo y no hay un metro con señalización reflectiva, tan necesaria en los viajes nocturnos.

La intersección más importante en la ruta es la de Cuestesita, la cual conecta a Riohacha con Valledupar y la ruta que viene de Maicao y el Cerrejón y en vez de ser una intersección a desnivel con puentes y accesos vehiculares y peatonales, es una intersección a nivel, estrecha, con la carpeta de rodadura maltrecha y una cantidad de personas invadiendo la vía; esta intersección ha tenido muchos accidentes y fatalidades.

En cuanto a señalización horizontal y vertical reflectiva, sólo se cuenta con un buen soporte de San Juan hacia Valledupar; el resto es oscuridad total en las noches.

Hay una Concesión Vial, de cuyo nombre no quiero acordarme, que va desde Cuestesita (La Guajira) hasta San Roque (Cesar). Esta empresa ya puso un peaje entre Badillo y Rio Seco, pero no se le ve por ahora mucha gestión en la estandarización de las vías; el usuario siente que le cobran más por lo mismo. La concesión debería arreglar y después cobrar o por lo menos hacer una gestión más acelerada a las condiciones más críticas.

  • Flota vehicular: La flota vehicular en la Guajira es vieja, con muchos vehículos subestándar. Los Renault 12 o 18, antes usados en las caravanas pimpineras, ahora han quedado como medio de transporte improvisado al no haber casi empresas legales que presten el servicio de transporte intermunicipal. Los controles policiales vehiculares se interesan más por el contrabando, lógico, y menos por la revisión Tecno-mecánica a los vehículos con más de 6 años de circulación para garantizar una mayor seguridad en la flota vial.
  • Alto tránsito de animales: Impresiona que en la mayoría de predios a los lados de la carretera casi no hay cercas ni barreras para los animales, bien vacunos en el sur de La Guajira o norte del Cesar, bien chivos en centro/norte de La Guajira.
  • Comportamiento humano: con todo, el problema mayor que hace esta carretera altamente peligrosa, es el comportamiento de conductores y usuarios de la vía. Una vía puede estar en pésimo estado, pero si los comportamientos de los usuarios son seguros, la vía será segura. Acá pasa todo lo contrario.

Los comportamientos más frecuentes que implican riesgo, son:

  • Adelantamientos en curvas o en zonas prohibidas de sobrepaso, de día y de noche.
  • Excedencia en límites de velocidad, aún en zonas urbanas.
  • Conductores de automóviles y motos hablando y hasta chateando por celular.
  • En la noche, frecuentemente las luces altas son puestas permanentemente sin importar que en el carril contrario a los usuarios les produce encandilamiento. De nada vale hacer cambio de luces alertando incomodidad, casi siempre la situación sigue igual.
  • La nueva moda de hacerse al lado de las motos, preparándose para un sobrepaso e invadiendo parte del carril contrario que provoca que el usuario del otro carril tenga que hacerse a un lado de la vía saliéndose del camino, quedando en el espacio de la berma de seguridad.
  • Poco uso de las señales direccionales, por lo que hay que estar alerta todo el tiempo para evitar un choque en el que obviamente el que está atrás paga.
  • Increíblemente, conductores en estado de alicoramiento. En los municipios que atraviesa la ruta son muy pocos (por no decir nulos) los controles policiales para este tipo de comportamientos y sólo en los extremos de la ruta, Riohacha y Valledupar, hay frecuentes revisiones de alcohol. Si va a tomar no maneje y tenga siempre un conductor elegido.
  • Falta de uso de accesorios de seguridad: cinturones de seguridad, cascos y reflectivos en los usuarios de motos.

Hay que decir que las autoridades son cómplices cuando hay algún incidente comportamental en la vía. Las leyes fueron hechas para proteger a los usuarios de las vías, pues no todos pueden protegerse a sí mismos por increíble que parezca; si los controles no son ejecutados, las personas se ‘sienten’ libres de hacer lo que quieran, caso de las leyes de tránsito en especial para La Guajira.

Ni los alcaldes, ni la policía, hacen campañas educativas para el uso de cascos o cinturón de seguridad, que es lo mínimo para proteger a su gente. Esa indiferencia estatal es también complicidad.

A pesar de ser un conductor prudente, he dejado en estos caminos llantas explotadas, ejes dañados, bompers destruidos, rayones, amortiguadores en el piso y hasta chivos atropellados; he pintado mi vehículo 3 veces y aun así me considero con suerte. En algunos casos he tenido incidencia, pero en la mayoría he sido víctima de alguna condición a riesgo o un mal comportamiento de otros usuarios.

Esta reflexión, más parece un desahogo, la hago para que tengamos conciencia de la situación actual de nuestras vías, nuestros vehículos y de los usuarios que transitan con la esperanza de que haya una mejora, por supuesto precedida por un gerenciamiento estratégico y estructural, sostenible en el tiempo y que cuente con el concurso del gobierno, las autoridades policiales y la empresa privada.

Como se puede ver, nos queda todo por mejorar.

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