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Reseña histórica del departamento del Cesar

 Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

helenbohorquezperiodista@gmail.com

Ha pasado medio siglo desde que la creación del departamento del Cesar se convirtió en toda una realidad. Unas bodas de oro que recuerdan aquel 21 de junio de 1967 cuando el entonces presidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, creó por ley 25 el departamento del Cesar, y meses después, el 21 de diciembre de ese mismo año, tuvo lugar su inauguración.  Desde entonces, han sido 5 décadas de vida político- administrativa, de historia y tradición, de cambios y transformaciones que han aportado, a pesar de las dificultades, al crecimiento de este territorio que lo conforman 25 municipios ubicados al noreste del país, y que ocupan 22 mil 925 km2 de suelo.

Fue el doctor José Antonio Murgas Aponte, a la sazón representante a la cámara, quien presentó el proyecto de ley que daría vida al departamento, reconociéndose al doctor Alfonso Araujo Cotes como uno de sus principales precursores, pues ya antes había presentado la iniciativa a consideración del Congreso de la República.

Pero no todo fue color de rosa. De la idea de la creación del departamento, al hecho, hubo un espinoso camino por recorrer, enfrentado por una férrea determinación de la población marginal del Magdalena, asfixiada por el centralismo de la capital, Santa Marta.

“El abandono que tenía la capital Santa Marta a nuestra región, nos obligó a dar un grito de independencia para ser nosotros mismos los promotores de nuestro desarrollo. La necesidad de manejar nuestros propios recursos nos permitió una voluntad unánime y colectiva del pueblo cesarense, todos los sectores concurrieron a independizarse del Magdalena Grande”, aseguró el señor Araujo Cotes.

Grandes dificultades

Así de grande como la determinación de la provincia, eran también las dificultades, algunas parecían insalvables. Para esas calendas, el país vivía un fenómeno, conocido como ‘Departamentalitis’. Para la época nació Córdoba, Sucre, Risaralda, el Quindío y, por último, La Guajira, que le dio un golpe de mano a las aspiraciones del Cesar, en cuyo imaginario se contemplaba seguir integrados jurídicamente con los municipios del centro y sur de La Guajira, por idiosincrasia, por cercanía, por familiaridad y por vida socio-económica común.

El país no quería más segregación, presentándose una colosal oposición denominada ‘antidepartamentalitis’. La opinión nacional, la prensa, el parlamento, diversos sectores, recalaban contra la creación de un nuevo departamento. Lógico, el pagano sería el Cesar.

La oposición a la creación del Cesar no era solo externa y exclusiva a la causa antes dicha. En el orden interno también fue tenaz la oposición, encabezada por el líder político más poderoso de Valledupar, Pedro Castro Monsalvo, varias veces gobernador del Magdalena, senador de la República y ministro de Estado. Castro Monsalvo aducía déficit de líderes para sostener el empuje que implicaba un departamento naciente.

Entre la densa población joven universitaria, sobre todo la asentada en Bogotá, también nació un sólido movimiento de oposición al nuevo departamento del Cesar, movimiento que llegó a editar un periódico al servicio de su causa y que tuvo, inclusive, oportunidad de expresarse en las altas esferas políticas del país.

Incluso, cuenta el doctor Murgas Aponte que el mismo presidente Carlos Lleras Restrepo escribió un artículo en el que manifestaba que no era posible la creación del Cesar, el cual fue publicado el día previsto para presentar el proyecto de ley.

El enano se creció

Esa oposición, por el contrario, hizo crecer al enano. La inconformidad creció como una bola de nieve, los esfuerzos se redoblaron, la cohesión ciudadana se apretó y, lo que era apenas una ilusión, se había vuelto una pasión y un propósito de todo un territorio: todos los concejos municipales independentistas aprobaron proposiciones de apoyo irrestricto; la asamblea del Magdalena, curiosamente, también respaldó la iniciativa gracias a la gestión persuasiva del diputado vallenato Benjamín Costa Gutiérrez. Y los sectores representativos de estas regiones, al unísono, arrimaron sus hombros con decisión.

Ante tantas negativas, se emprendió una gran campaña. Un selecto grupo de hombres se alzaron a favor de la creación del Cesar, conformando así un comité central pro-departamento, integrado por más de una centena de personajes representativos, todos destacables líderes visionarios que recogían e interpretaban el querer y la voluntad de la gente provinciana.

A propósito. En honor a la verdad histórica, la idea y la fuerza ciudadana no surge de la nada como por arte de birlibirloque. Fue un proceso que duró incubándose mucho tiempo y que cuando la vasija no aguantó más, reventó y se hizo realidad. Fue la situación irredenta de la provincia, el olvido de Santa Marta, las pocas oportunidades para el talento provinciano, las acuciantes necesidades básicas insatisfechas, el estado permanente de menoría, todas esas circunstancias fueron recogidas por los líderes de la región hasta concretarla en realidad.

Muchos sitúan la chispa libertaria en los salones del Club Nuevas Juventudes (ya extinto), frecuentado por jóvenes de clase media, inconformes con el statu quo de la época. Recuerdan muchos a Cecilia Villazón Zubiría, destacada líder joven emprendedora. Recuerdan a Santander Durán Escalona, quien para 1963 grabó en su propia voz, acompañado en el acordeón de Alberto Pacheco, la canción Añoranzas del Cesar, a la postre el himno de la lucha que se libraba por la separación.

Éstos, entre otros muchos, fueron los líderes anónimos de la emancipación cesarense. Aún se les debe un merecidísimo homenaje.

Se impusieron las relaciones públicas

Lo dicho. La caustica oposición ‘antidepartamentalitis’ fue enfrentada con una no menos recia embestida de relaciones públicas, donde los acordeones y los juglares jugaron rol decisivo, a la par que la dirigencia social y política de la región que empezó a recoger los frutos de la hospitalidad centenaria a favor de los interioranos. Cada día y cada parranda, integrándose los afectos y los desafectos a la creación del departamento, los acordes del acordeón fueron ganando adeptos, abriéndose espacios insospechados, venciendo poco a poco la resistencia nacional, congresal y finalmente la gubernamental.

“Misael Pastrana Borrero, conservador, ministro de gobierno del presidente liberal Carlos Lleras Restrepo, fue un gran padrino nuestro, de la mano con Germán Bula Hoyos, Presidente de la Comisión Primera Constitucional del Senado, fueron los dos hombres que convencieron al presidente Lleras Restrepo que debía crearse el departamento”, manifestó Jose Antonio Murgas Aponte.

El departamento, inicialmente conformado únicamente por 13 municipios, comenzó con un gran empuje agrícola y ganadero. En sus primeros 20 años tuvo un destacable crecimiento económico, fue el primer departamento algodonero del país y el segundo arrocero: se trataba de la revolución agrícola más importante que se había hecho en el país. Se sembraron en todo el departamento 180 mil hectáreas de algodón y en toda la costa 500 mil hectáreas, generando cerca de 200 mil empleos productivos.

El segundo puesto en exportaciones menores las ocupaba el Cesar. Según Murgas Aponte, “lo que creó el Cesar fueron las bases de una economía nueva, un cambio total en las relaciones de producción. Así como el eje cafetero dio importancia al café, el algodón nos elevó al plano nacional, exportábamos algodón a España, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, entre otros países”.

El comercio creció, al igual que la educación. El departamento pasó de 228 escuelas en 1967 a 1.246 en la actualidad. Además, en sus inicios no contaba con universidades, hoy en día tiene siete claustros educativos de educación superior al que se le suma la Universidad Nacional, sede La Paz, que abrirá sus puertas en el 2018.

Se urbanizaron los campos y se crearon sus riegos en gran parte. Empezaron las edificaciones, la mejora y construcción de vías (hoy el Cesar comunica con las ciudades: Santa Marta, Barranquilla, Bucaramanga, Bogotá, La Guajira y Venezuela. Cuenta con más de 4.500 kilómetros de carreteras, 1.512 kilómetros de vías férreas y 341 kilómetros de ríos navegables), entre otros avances significativos.

El PIB per cápita del departamento, en los años 60s y 70s, superaban el de Colombia. El sector agropecuario representaba el 70% de su economía. No obstante, ocurrió un descenso hacia los 80s con la caída del precio del algodón. Luego (1995), la minería cambió el comportamiento económico de la región.

Actualmente el carbón, con las minas de explotación ubicadas en La Jagua de Ibirico, El Paso y Chiriguaná, se convierten en una importante fuente de ingresos para el departamento a causa de las regalías, aunque hay que decir que está costando un deterioro ambiental.

El Cesar nace por ‘cesárea’

La frase le es atribuida al egregio hombre público Darío Echandía, ante las dificultades del ‘parto’ del nuevo departamento. “Así sea por cesárea, pero nacerá”, sentenció.

Sin embargo, no es de la locución cesárea de donde surge el nombre del nuevo departamento, sino al parecer en honor al río Cesar, que lo atraviesa. Por designación del presidente de turno, Alfo

nso López Michelsen – máximo jefe del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), oposición al Frente Nacional, coalición de gobierno – fue su primer gobernador.

La capital del Cesar es Valledupar, ciudad que anteriormente ya había sido capital del departamento del Valle de Upar del Estado Soberano del Magdalena en 1864, y que hacia los años 60 sólo contaba aproximadamente con 15 barrios y hoy supera los 200.

 

Una región con gran diversidad cultural, con destinos turísticos muy atractivos, apreciable por la pesca, ganadería y agricultura, que ostenta ser el primer  productor nacional de semilla de palma africana y el segundo de arroz.

Territorio, además, reconocido por sus importantes manifestaciones culturales. La música vallenata es de las más representativas, que evoca la narrativa de letras compuestas y cantadas por juglares que además ejecutaban el acordeón, como el caso del hijo de estas tierras Alejo Durán o el compositor Freddy Molina.

El Festival de la Leyenda Vallenata, realizado en la capital, también es un referente contemporáneo con la creación del departamento, cuyo principal promotor fue justamente su primer gobernador López Michelsen. Un evento que desde 1968 mantiene vivo los 4 aires del vallenato: puya, merengue, son y paseo, y que expone al mundo, cientos de talentos de esta expresión musical.

El Cesar, un departamento que inició con cerca de 393 mil  habitantes y hoy  son más de un millón 40 mil pobladores, con importantes comunidades indígenas, Arhuacos, Wiwa, Koguis y Kankuamos en la Sierra Nevada de Santa Marta, y los Yukpa en la serranía del Perijá.

Hasta el momento ya han sido 34 gobernadores los que han tenido a cargo el departamento y han encaminado a la región a posicionarlo como un territorio promisorio.

No todo es color rosa

Sin duda, el crecimiento y el desarrollo del Cesar ha sido evidente. De la irredención y las escasas oportunidades de la primera mitad del siglo pasado, mucho se ha avanzado. Es evidente. Valledupar, su capital, y en menor proporción otras capitales municipales, de villorrios se convirtieron en ciudades. Valledupar es epicentro de desarrollo, ciudad región, área metropolitana, por satisfacer las demandas de bienes y servicios de los municipios circunvecinos. Se avanzó de modo significativo en vías – primarias, secundarias o terciarias –, antes caminos de herraduras; hoy, en grande proporción, pavimentadas o con placas huellas.

Se avanzó en cobertura educacional: los niños y jóvenes no tendrían que salir a otros departamentos a cursar su bachillerato, su pre o post grado. Se avanzó en apuesta turística, apoyándose en el puntal de la música vallenata, que no ha opacado el surgimiento de otras expresiones culturales (pictórica, escultórica, literaria, poética, etcétera). La mujer, en buena hora, ha ganado espacios, destacándose en todas las áreas.

Pero, siempre un pero. Al hacer el análisis y evaluación integral del desarrollo departamental, se encuentran también, evidentes, grandísimos lunares, comprobándose aquello que lo malo no es el crecimiento per se, sino el desmadre del crecimiento. El crecimiento sin control, que denota falta de autoridad en su acepción más amplia.

Un renglón productivo, antes decisivo en la economía del Cesar, la actividad agropecuaria, se ha venido a menos, con apenas una ínfima participación en el PIBD; comparado con unas décadas atrás, se usa más área en su explotación, pero la rentabilidad es menor, sin trazas de reivindicación.

Otra desmejora ostensible se evidencia en el sector ambiental, depredada al tiempo por muchas actividades de malas explotaciones. La del carbón – además, indebidamente aprovechada en su encadenamiento por el departamento; como si fuera poco, amenazada por la embestida mundial de no utilizar más el carbón para proteger al medio ambiente -, inclusive la agropecuaria, la desprotección de bosques y de fuentes hídricas, la disminución de los caudales hídricos…

La violencia ha hecho estragos, asolando la región, empobreciéndola, generando desplazamientos, envenenando el espíritu. La violencia, junto con la corrupción, a su vez causa y efecto, ha impedido un mayor desarrollo, no solo por la apropiación de dineros públicos en perjuicio de inversiones sociales, sino también por generalizar la práctica perversa y, lo que es peor, pervertir la política, más la electoral con todas sus secuencias, y por descabezar generaciones enteras de líderes al ser judicializados por conductas reprochables o delictuales.

Entre la violencia y la corrupción se ha sumido al departamento en la orfandad. Unos líderes asesinados, otros presos, otros con pánico de levantar la cabeza… mientras, escasean las empresas, hay déficit de academia, brilla por su ausencia lo gremial… se está en el peor de los limbos.

En consecuencia, ahora los retos son más grandes. La percepción de Araujo Cotes es que en los últimos años los gobernantes no han tenido una buena planeación para las inversiones, no han realizado una perspectiva de desarrollo a 20 o 30 años como se hace en todas las regiones que quieren progresar. “Necesitamos un cambio, y esperamos que después de estos 50 años, venga un nuevo movimiento de jóvenes y valores que cambien la estructura que estamos viviendo por una de mucha más prolongación, con gran sentido económico, de más valoración de la gente y comunidades vulnerables”, manifestó Araujo.

Feliz aniversario.

 

 

 

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