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POLÍTICA, SEXO Y RELIGIÓN

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Por: Fabrina Acosta Contreras

“Yo soy apolítico, a mí eso no me gusta”, “Yo soy ateo, no creo en Dios”, “Hay gente aberrante que solo habla de sexo, como que no tienen otro tema”.

El psicoanálisis plantea que en la negación discursiva se hace una aceptación y se le otorga la existencia a lo que se niega; basada en este argumento, yo planteo que no creo que existan los apolíticos pues los procesos sociales, aunque no siempre electorales, son naturalmente políticos; no creo en los ateos, porque siempre se cree en algo y se enaltecen distintas representaciones aunque sea al Yo mismo, la naturaleza o a un ser divino; y no creo en lo asexual, pues la sexualidad está en todas las relaciones, diálogos y encuentros entre los seres humanos, desde la exploración de los cuerpos y el erotismo, esto se genera de manera fluida en los seres humanos porque existen atracciones o necesidad del relacionamiento con el otro u otra.

En este sentido, los seres humanos que por naturaleza somos sociales, también somos seres sexuales, creyentes y políticos; éstas son categorías naturales y espontáneas de nuestra esencia humana, pero sucede algo particular y es que simultáneo a esta situación existen paradigmas o prejuicios que instalan roles de apariencia y conveniencia que llegan a reprimir acciones y sentimientos, para ajustarse a modelos sociales de aprobación.

Los seres humanos que por naturaleza somos sociales, también somos seres sexuales, creyentes y políticos; estas son categorías naturales y espontáneas de nuestra esencia humana

Con esto pretendo reflexionar sobre la renuncia que hace en ocasiones el ser humano de su esencia, esto en razón a guardar una imagen, adherirse a moralismos o peor ajustarse a imposiciones que suprimen su libertad de ser y vivir de manera autentica. En este sentido, se asumen discursos sin argumentos objetivos sino desde ‘moralismos’ arraigados a arquetipos en sí mismos negativos para el desarrollo integral del SER.

Decir que se siente agrado por la política no solo es afirmar que se hace proselitismo o se es corrupto, referir que se cree en Dios no siempre concierne a una religiosidad y sentirse sexual no es sinónimo de inmoralidad.

La política, el sexo o la sexualidad y la religión son categorías inherentes al ser humano; desde ellas nos movemos, crecemos, relacionamos y vivimos a partir de perspectivas racionales, espirituales, corporales, académicas, eróticas y/o emocionales; el ser humano gestiona (política), erotiza (sexualidad) y cree (religión o libertad de fe), ninguna persona por muy mojigata o atrevida que sea, se escapa de caminar en dichas categorías.

De este modo, a cada persona la influyen elementos del sistema social y cultural en el que vive, es decir, las preferencias, las costumbres y los mandatos tradicionales que le lleven a determinadas conductas; como sociedad compartimos condiciones históricas, aunque cada situación tiene características particulares para cada contexto.

En este sentido, puedo afirmar que la sexualidad, la religión y la política hacen parte de todos y todas, son categorías que dinamizan nuestras vidas y que otorgan el sentido de ser hombres o mujeres racionales, emocionales, sociales o culturales; desde esas libertades es que debemos lanzarnos a existir y co-existir con otros y otras que nos ayudan a tejer nuevas realidades y van dando cambios a nuestras creencias.

Lo importante es reconocer que en el respeto por las diferencias y el amor entregado a los demás se encuentra nuestra mejor forma de hacer política humanizada y sin máculas. Esa es la libertad a la que debemos apuntar, la de vivir a plenitud pensando en la propia felicidad y en la importancia de no causar daños a terceros.

 

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