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PLAYA MARAVILLA, UNA MARAVILLA CON DUEÑO DUDOSO

 

Valledupar no tiene mar, pero si tiene en plena ciudad un hermoso río, y una hermosa playa, rodeado de frondosos árboles que se convierten en senderos.

El río Guatapurí nace en la Sierra Nevada de Santa Marta y baña la ciudad justamente en el balneario Hurtado, donde llegan familias enteras los fines de semana a disfrutar de sus aguas frías, algunos a lanzarse de gigantescas piedras y otros a tomarse fotos en la estatua dorada de Rosario Arciniegas, una niña desobediente que, según la leyenda, se convirtió en sirena al zambullirse en sus aguas un viernes santo.

Quisiéramos seguir describiendo las bondades del río Guatapurí, pero no, esta vez centraremos la atención en el uso y ocupación del entorno de Playa Maravilla, un novedoso sitio turístico del balneario Hurtado.

El gestor de Playa Maravilla fue el periodista Carlos Quintero Romero, quien quiso aprovechar un espacio muy
grande entre los árboles y la orilla del río luego de la terminación de la construcción de los gaviones protectores de la calzada de la cuarta, espacio que antes de la construcción de la obra era un sitio lleno de piedras que afeaba la orilla del río, atolladero en invierno y un polvero en verano.

Según Quintero Romero, “espontáneamente se me ocurrió una idea que había traído de Australia, exactamente de Birmania, donde existe un lago rodeado de arena y palmeras, lo que da la impresión de una playa, donde la gente acude cualquier día a disfrutarla; gracias a los empresarios y las personas de buen corazón y amigos del río, que acogieron la idea, se inició el proyecto, hoy una realidad”.

En estos momentos, Playa Maravilla es, digámoslo así, un epicentro turístico que atrae a propios y visitantes, en el día y en la noche, deseosos de disfrutar la belleza natural del paisaje y de vivir un rato de sano esparcimiento. Esa atracción, esa afluencia de visitantes alimentó el espíritu emprendedor de muchas personas, montando allí sus propios negocios comerciales en búsqueda de subsistencia.

Por supuesto, Playa Maravilla y todo el parque lineal que comprende la margen derecha de río es un espacio público del orden municipal y, comoDSC_0044 tal, su uso y aprovechamiento debería estar regulado por el ente municipal. Paradójicamente (como ya es costumbre), la que más brilla por su ausencia es la alcaldía de Valledupar, que
parece no ser la dueña de tal espacio o por lo menos no parece percatarse de su explotación particular e informal, esto es, no goza de ninguna ascendencia sobre tales predios, explotados como amos y señores por particulares.

En efecto. Asentarse o montar un negocio en el parque lineal no ‘exige’, según los propios vendedores, permiso alguno emanado de la alcaldía: “solo debemos dirigirnos al presidente de la asociación de vendedores del río con la fotocopia de la cédula y enseguida somos ubicados, carnetizados y enchalecados. Es decir, ese espacio público es gobernado por la ‘Asociación de Vendedores del Balneario’, la que en buena hora ha sido acuciosa en la protección del orden y las buenas costumbres en su área de influencia.

“Yo tengo 17 años de vender acá, dice José González, y para eso solo tuve que hablar con las personas que tienen años y el presidente de la asociación, porque eso lo decide el gremio”.

Eligia Jurado Velásquez, con 12 años de estar allí, dijo que “hablé con el señor Abraham y él nos ubicó, no pago nada por ocupar este espacio, solo tengo que colaborar cuando él va a ser alguna diligencia, por ejemplo, si nos quitan la luz o algún problema que tengamos los vendedores”.

Pedro Lozano trabaja en el río hace siete años: “siempre lo estoy cuidando (al río) y le enseño a la gente que, así como yo lo cuido, ellos también deben cuidarlos; nosotros no dejamos que en la orilla de Playa Maravilla la gente venga a poner fogones, porque hay otros espacios donde pueden hacer sus comidas”.

Y claro, si no se tiene gobierno sobre el espacio, menos podrá pretender el municipio obtener ingresos a través del pago de impuestos, medida que muchos vendedores estiman justa. “Nosotros hemos escuchado que la Alcaldía nos va a cobrar un impuesto por el espacio, pero no sé si eso es verdad, estamos de acuerdo”, sostiene González.

Cómo funciona el gremio…

Abraham Hormaza – 30 años de ser vendedor en el río y 25 como presidente de la ‘Asociación de Vendedores del Balneario’ – dice que la agremiación surgió como entidad ambientalista a pesar de ser comerciantes. “Esta agremiación en la actualidad cuenta con 170 afiliados, pero un domingo se filtran hasta 500, sobre todo ahora por la llegada de los venezolanos. Sin embargo, luchamos porque la asociación no crezca en número de participantes, el más antiguo tiene cincuenta años y el más nuevo cinco”.

Además, agregó que en el río ya no hay donde ubicar más vendedores estacionarios, por eso solo permiten la presencia de vendedores ambulantes. “Nosotros guardamos la esperanza que la alcaldía cumpla lo que prometió, ubicarnos una vez sea construido el Eco Parque; mientras tanto seguimos trabajando acá y nos regimos con las directrices de la asociación, porque nosotros no nos podemos perjudicar, no podemos dejar estacionar un negocio más, porque afecta al que tiene años de estar vendiendo acá”.

Las pesquisas sobre la existencia de algún contrato que le permitiera a la ‘Asociación de Vendedores del Balneario’ manejar el espacio público en torno a Playas Maravillas, fueron infructuosas; ninguno de los vendedores indagados tenía conocimiento de algún acto jurídico en ese sentido, y los funcionarios de la Alcaldía, en especial de la Secretaría de Gobierno, también brillaron por su ausencia: pese a la insistencia, y a las citas concertadas, la secretaria Sandra Cujia nunca dio la cara.

El caso de ‘La Varra’

Wilson Bohórquez quiso innovar en el sector de Playa Maravilla. Quiso estacionar una barra móvil – La Varra – para vender cocteles, micheladas y bebidas refre
scantes, para lo cual acudió a la vía legal para su instalación: solicitó en la Alcaldía el permiso correspondiente, el cual le fue otorgado, pero vaya sorpresa se llevó cuando se acercó a inaugurar su novedosa barra:

“Llegué con el permiso de la Alcaldía a inaugurar,  pero me dijeron que en ese espacio no me podía poner, porque todo estaba lleno y cada quien tenía su espacio; quise hacer lo mejor, acercándome a la alcaldía, pero resultó peor. Al final terminé pidiéndole permiso al líder del gremio, me ubicó en un espacio donde solo demoré tres días, después me dijeron que no podía seguir ahí, porque no había espacio. Además, me dijeron que no podía vender cervezas y micheladas, solo cocteles y bebidas refrescantes; perdí mi inversión porque finalmente no fue posible”.   lavarra

Por supuesto, aunque no pudo corroborarse a pesar de ser un secreto a voces, es tal la discrecionalidad que algunos miembros de la asociación venden al mejor postor las pequeñas áreas que venían ocupando o, en algunos casos, ubican a 4, 5 o más miembros de su familia, en un clásico ejemplo de ‘nepotismo’  mientras otros ‘extraños’ son excluidos.

Para abonar, la Asociación de Vendedores del Balneario, aunque no cumplan con los estándares de calidad, higiene y estética de sus negocios, al menos cuidan el río y educan a los visitantes en la protección del medio ambiente.

Por: Elisa Diazgranados Sanjuán

Email: periodistaelisa@gmail.com

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