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El país empieza a ilusionarse

Por: Equipo Revista Enfoque Vallenato

  enfoquevallenato@gmail.com

Mucha tinta se ha vertido sobre el proceso y los resultados del recién pasado debate electoral presidencial, tanta que parecería necio llover sobre lo mojado. Sin embargo, como el pasado es insoslayable para entender el presente (‘el pasado abraza el presente’) y vaticinar un poco el futuro, es menester repasarlo para analizar la actualidad política nacional.

Iván Duque Márquez ganó de manera contundente la presidencia de la República. El guarismo obtenido, superior a los 10 millones de votos, fue posible sobre todo por la estampida provocada por la posibilidad de que la izquierda se tomara las riendas del país y replicara una nueva versión del caso venezolano.

Seguramente esa posibilidad era remotísima por las variadas condiciones políticas, económicas y constitucionales de Colombia, pero está dicho: una versión especulativa repetida hasta el cansancio y, además, con alta dosis de verosimilitud, es capaz de aborregar a todo un colectivo…

Ganó Duque, cierto, y con él, los sectores tradicionales que detentan el poder por casi 200 años. Pero paradójicamente no perdió la izquierda, encarnada esta vez en Gustavo Petro, que logró la proeza de más de 8 millones de votos, acaso explicable por el fastidio hacía el status quo y el pánico hacía el jefe supremo de la derecha.

Así sea de Perogrullo, fue contundente la victoria de la democracia…hubo hechos sustanciosos: (i) una evidente toma de conciencia ciudadana expresada en una mayor votación, y además libre, de opinión, en perjuicio del voto clientelista y la maquinaria. (ii) la asignación de curules en el congreso para la fórmula no ganadora en el debate presidencial. (iii) la ley de oposición, que delimita campos de acción entre partidos afectos y no afectos a la oficialidad, dándole dientes a los sectores integrados como de oposición, permitiéndole financiación y espacios para réplicas en los medios de comunicación, entre otras bondades…

Correalción de fuerzas 

Una prueba más de como la democracia fue la victoriosa en este debate lo constituye la propia correlación de fuerzas en el Congreso. Las mayorías, a simple vista, son holgadas a favor del gobierno, pero no son monolíticas. Se conforman con 4 o 5 organizaciones políticas tradicionales muy acostumbradas a la ‘mermelada’. Es decir, al interior de esas mayorías siempre habrá vigilia para negociar la permanencia, so pena de resquebrajarse tales mayorías. La voz de alerta sonó recia en vísperas de la instalación del congreso. Los partidos CR y la U, aliados, dejaron sentado que sin ellos se cuarteaba la mayoría, forzando a la sazón su participación en los cargos directivos del Congreso.

Más allá del aspecto cuantitativo, el contrapeso acaece sobre todo por la calidad parlamentaria de muchos de los miembros de la oposición, lo que garantiza un congreso que seguramente cumplirá a cabalidad su principal misión de control político. El país podría extasiarse al ver, de un lado, a Robledo, Petro, Mockus, Lozano, Cepeda, Sanguino y la bancada de la farc, y por el otro a Uribe liderando las bancadas de los partidos CD, L, C, U, Mira y demás…

Aguaceros, tempestades y tsunamis 

Luego de las elecciones, el país vivía un interregno de solaz, alimentado, con intervalos de horas, por los anuncios del próximo presidente Duque al designar nuevos ministros.

En medio de esa calma, de cuando en vez sobrevenían en el horizonte cambios intempestivos que siempre lograban alterarla, cambios que cada vez revestían mayor dimensión. El primer aguacero fue dado por la solicitud de extradición del ex guerrillero Santrich, su encarcelamiento, la huelga de hambre y la participación de muchos sectores, a favor o en contra de su judicialización. Hasta se temió por el proceso de paz.

La siguiente tempestad la propició el senador Mockus en su afán de ordenar el desorden casi propio de los debates parlamentarios. No encontró mejor método que mostrar su pálido y demacrado culo. Aun no se sabe si las voces de inconformidad se alzaron por falta a la ética o por falta a la estética.

Y para no desentonar la secuencia, sobrevino el tsunami del llamado a indagatoria al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien de inmediato ripostó con el anuncio, por ‘impedimento ético’, de su renuncia a la investidura de senador en ejercicio. No era para menos habida cuenta el peso popular y la capacidad de convocatoria y fanatización del imputado.

De ahí para acá los coletazos no se hicieron esperar: recusación de los tres magistrados que conformaban la sala correspondiente de la CSJ; opiniones viscerales en defensa de Uribe y ataques a la CSJ, y en defensa de la CSJ y ataques a Uribe. Ruegos para que Uribe retire su renuncia. Cruzada de paramilitares presos develando presiones para que declararan contra Uribe…

Finalmente, mientras se tramita el incidente de recusación, la diligencia de indagatoria fue suspendida, la renuncia no fue considerada a instancia del senador Uribe. Esto es, la tormenta se apacigua.

Duque no descansa

Mientras todo eso ocurre, el presidente electo, incansable, hace gala de su juventud, de su carisma, inclusive de su carácter, para darle una personalidad a su gobierno. Y a fe que ha ganado mayor reconocimiento al mostrarse como un mandatario no dependiente, dándole un mentís a quienes dudaban de su capacidad de liberarse del yugo opresor de su mecenas, Uribe Vélez.

El país, ha de reconocerse, empieza a ‘ilusionarse’ con su nuevo presidente, así otros suspicaces señalen con mordacidad que ‘escoba nueva barre bien’. El primer acto de gobierno, aún sin posesionarse, la designación de su equipo ministerial, lo ha dejado bien ranqueado. (i) por cumplir su promesa de paridad de género y de relevo generacional. En efecto, el 50% de su gabinete lo conforman mujeres, y más del 50% jóvenes. (ii) a juzgar por la inconformidad soterrada de los partidos afectos, la designación del equipo ministerial no obedeció a causalidad politiquera o clientelista, primando los técnicos ante los políticos. (iii) a juicio de los analistas, la representación regional equitativa si es deficitaria; la mayoría de los ungidos procede de los grandes centros industrializados.

Representación Cesarense

La mezquindad hacía las regiones, por fortuna, no tocó al Cesar. Al cierre de esta edición, cuatro jóvenes talentosos cesarenses han sido anunciados para ocupar roles de importancia en el gobierno de Duque. Los cuatro tienen pródiga formación académica, ya probada en la cátedra universitaria o en los diversos e importantes cargos que ya han desempeñado. Aunque cuentan con amigos importantes en el ámbito político, su designación obedeció sobre todo a sus méritos y calidades personales sobresalientes y no a recomendaciones políticas, y menos a las procedentes de la órbita regional.

Jonathan Malagón González acaba de posesionarse en la cartera de Vivienda y Luis Alberto Rodríguez Ospino será viceministro de Hacienda. Por su parte, Juan Manuel Daza Iguarán ocuparía el viceministerio del Interior, y Juan Miguel Villa Lora el viceministerio de Empleo y Pensiones (Ministerio de Trabajo).

Cuatro talentos. Cuatro cargos importantes. Y un Cesar confiado en un nuevo resurgir. Sí hay y sí se puede construir más capital social, necesarísimo para empujar el desarrollo del territorio.

Suerte presidente, suerte ministro. Suerte viceministros.

Buen viento y buena mar.

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