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Nubarrones en el horizonte

Por fortuna, ¡como mandado de Dios!, los colombianos atenuarán la resaca electoral por la campaña presidencial con la parafernalia del mundial a realizarse en Rusia, un mes completo de puro buen fútbol.

Obvio, aún quedan muchos días de ingestión tóxica de abundantes mensajes fanatizados, sesgados, mendaces, desvergonzados, cuya finalidad no es tanto el exaltar las ‘virtudes’ del candidato de sus preferencias, sino socavar el prestigio del candidato contendor para influenciar la decisión libre del elector.

Por supuesto, ese cóctel preparado de verdades y mentiras, de fanatismos y mesianismos, de miedos y fantasmas y desesperanzas, de mezquindades y candideces, ha de producir tal confusión solo ‘curable’ con un tratamiento intensivo de esparcimiento, como el mundial de futbol, recetado en buena hora.

Para empezar, el principal efecto de la toxicidad del cóctel, y la mejor evidencia de su existencia, es la grande confusión y enervación que produce en el cerebro de los millones de electores de opinión, aquellos un poco libres y lejos de la polarización, el fanatismo y el mesianismo (ya éstos están enervados), y libres y lejos del maniqueísmo clientelar. Por supuesto, se ha visto como esa libertad de pensar se degrada de a poco, arrinconando al elector para que vote en contra de fulano o en blanco (en contra de ambos) o se abstenga.

Y razón no ha de faltarle, pues ambos candidatos en contienda para segunda vuelta producen pánico y dejan la convicción – gane quien ganare – que al país le sobreviene sus peores épocas, como si aún ello fuese posible… concentración excesiva de poder en manos de una sola persona (se diluye la división y los contrapesos de poderes), selectiva impunidad judicial, debilitamiento de la justicia, debilitamiento del proceso de paz, por un lado. Ingobernabilidad y desgobierno, ineficiencia gerencial, amenaza de expropiación a lo Venezuela, por el otro. Y amenaza de constituyente, por ambos lados. Palmarias son las señales vislumbradas en lontananza.

Esas señales, percibidas por la sensibilidad de una ciudadanía que ya empieza a despertar su sensibilidad social, provocaron casi una revolución al expresarse abiertamente en el reciente proceso electoral: se incrementó exponencialmente el voto de opinión, se redujo la abstención, se le dio un tatequieto a la maquinaria, se aumentó el voto pro Duque sumándoseles los anti petristas, se agrandó el voto pro Petro sumándoseles los anti uribistas.

Para esa entonces había opciones, ya no; de antemano se sabe que hasta el voto en blanco o la abstención favorece a un candidato y desfavorece al otro. Solo queda la alternativa de los extremos, que da pánico por igual. Por eso la resaca es monstruosa, viene acompañada de soponcio, desfallecimiento que perturba la visión futurista y las esperanzas del colombiano. No es solo lo tóxico ingerido, mas también los no anti oxidantes dejados de ingerir.

¿Estará echada la suerte? ¿solo le tocará al colombiano, como única alternativa, alienarse con los partidos de futbol mientras invoca e implora a santo Ecce Homo que no nos abandone? Que Dios ilumine al nuevo mandatario, cualquiera sea el ungido, para reforzarle o inocularle la convicción de que la lealtad hacía Colombia prevalece por encima de cualesquiera otros intereses o lealtades particulares, intereses o lealtades que deben darse por satisfechos e, inclusive, enorgullecerlos, con una buena gestión gubernamental.

Ah, y que lo ilumine para una clara interpretación del suceso electoral, que no puede echarse en saco roto. En estas elecciones de primera vuelta hubo algo así como una ‘rebelión de las masas’, expresada al votarse por candidatos como Petro y Fajardo, que representaban la no maquinaria y la no corrupción. Lo resaltable es el despertar democrático ciudadano, por décadas silenciado, a contrapelo de los otros países latinoamericanos, que todos en una o más veces han reaccionado democráticamente tumbando a gobiernos ilegítimos o corruptos.

Mientras se camina sobre brasas, una brisa fresca inflama nuestros pulmones y encallece nuestros pies para soportar mejor tantos sinsabores y desesperanzas. La selección nacional es nuestra ilusión, confiados en cumplir el mejor desempeño de todos los mundiales de fútbol.

¡Suerte Colombia! Suerte, la vas a necesitar, y mucho, para sobrevivir en esta doble manigua que te toca afrontar.

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