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“No se dejen engañar”: el primer paso de Francisco en Colombia

El papa Francisco, con su discurso de reconciliación, vino a darle su apoyo al proceso de paz. Pidió a los colombianos que no se dejen engañar, no pierdan la alegría ni la esperanza. Hoy estará en la Casa de Nariño, la Plaza de Bolívar y el parque Simón Bolívar.

Cortas, pero contundentes. Así fueron las primeras palabras públicas del papa Francisco a su llegada, por primera vez, a Colombia. “Muchas gracias por la alegría que tienen, muchas gracias por el esfuerzo que han hecho. Muchas gracias por ese camino que se han animado a realizar. Y esto se llama heroísmo. Hasta los más chicos pueden ser héroes, los más jóvenes, que estuvieron engañados, que se equivocan, se levantan, son héroes y van adelante”, dijo el máximo jerarca de la Iglesia católica ante cientos de feligreses antes de entrar a la Nunciatura Apostólica, en Bogotá. El paso siguiente fue darles la bendición a todos los que lo esperaron durante horas a las afueras del que será su hogar en el país.

Aunque algunos han hablado de una visita impregnada de la política, no se podría calificar como tal, pero el discurso de Francisco, desde antes de sentarse en el avión, fue el de llegar a Colombia para impulsar un proceso de paz que avanza. También lo dijo desde el aire, mientras atravesaba el océano: se trata de un viaje especial porque también ayudará a Colombia a ir adelante. Por eso, lo dicho por el papa no sólo reafirma una vieja posición, sino que deja entrever un mensaje claro de apoyo al camino que ha emprendido el país para acabar con el conflicto y la violencia. Por eso el papa escogió venir a Colombia cuando ya se hubiera firmado el Acuerdo de Paz con las Farc.

Llegó Francisco, el tercer papa que visita el país, y lo hace en un contexto completamente diferente del que recibió a Juan Pablo II en 1986, época en la que el conflicto armado entre el Estado, las guerrillas y los paramilitares arreciaba, al tiempo que los carteles crecían a lo largo y ancho del país. Hoy el pacto de paz logrado con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), el cese al fuego bilateral y temporal anunciado por el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (Eln) esta semana y la disposición de someterse a la ley del clan del Golfo, uno de los más cruentos grupos paramilitares actuales, han cambiado el panorama. Un contexto perfecto para que Francisco llegue para predicar el perdón y la reconciliación.

“Sigan adelante (…) No se dejen vencer ni engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza. Sigan así”, concluyó el pontífice en su breve discurso, con el que despidió la fiesta que se le había preparado del otro lado de la ciudad y que calentaba los motores a medida que avanzaba su recorrido por la calle 26. Escuchó a jóvenes raperos que habían salido del mundo de las drogas, dispuso sus oídos para los niños vestidos de blanco del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idiprón) que entonaban notas en coro; se puso una ruana y vio bailar la cumbia colombiana, tan diferente a lo que suena en su natal Buenos Aires. Dio la espalda y entró. Acto seguido se cerraron las puertas de la Nunciatura. Se vieron hombres y mujeres caminando con la estela que deja en la mejilla la lágrima que cae.

El mensaje per se del papa es político. El presidente Juan Manuel Santos lo sabe y tiene claro que la visita del papa Francisco a Colombia puede ser ese empujón que tanto necesita el final de su gobierno, que, por demás, aún tiene retos difíciles por enfrentar, sobre todo en la implementación de los acuerdos de paz. Un empujón, así sea un golpecito en el corazón de los congresistas más fervorosos, pero también aguerridos opositores. “Viene en un momento extraordinario, muy oportuno, y el mensaje que trae el santo padre a los colombianos lo recibimos con emoción, con gran sentido de responsabilidad”, señaló Santos.

Pero tampoco dejó dudas de que el máximo jerarca de una Iglesia mayoritaria en el país vino a apoyar la bandera por la que echó al traste casi todo su capital político. “Es la quinta vez que nos encontramos y ahora hablábamos de cómo fue evolucionando este proceso de una forma muchas veces difícil (…) A eso viene, a que sigamos perseverando. Ya terminamos una fase con las Farc, las armas ya están en poder de la ONU, se van a fundir. Nos toca construir esa paz y esa paz necesita cimientos sólidos”, precisó el primer mandatario.

Apenas fue el primer día de la gran exposición mediática no sólo ante el país, sino ante el mundo, de un profundo mensaje de reconciliación. La agenda papal continúa hoy desde las 9:00 de la mañana, cuando Francisco sea recibido con todos los honores por el jefe de Estado en la Casa de Nariño. Luego se desplazará en el papamóvil hasta la Plaza de Bolívar, a un par de cuadras, para recibir las llaves de la ciudad de Bogotá y visitar la Catedral Primada, donde lo recibirán unas 3.000 personas.

Espera Villavicencio paciente la llegada de Francisco este viernes, en donde está previsto uno de los actos más importantes de la visita: el encuentro con más de 5.000 víctimas del conflicto armado. El sábado y el domingo serán los fieles de Medellín y Cartagena, respectivamente, los que tendrán la oportunidad de agitar sus manos para saludar al papa. En la noche del mismo domingo, desde La Heroica, partirá a Roma y finalizará su histórica visita de apoyo a Colombia, a la paz y a la reconciliación de un pueblo que busca sanar las heridas que ha dejado la violencia.

Por: Germán Gómez Polo – El Espectador.

 

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