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Los ojos de la angustia

Por: Carlos César Silva

1.Las calles del miedo

En Valledupar la gente vive con angustia. Las calles se han convertido en un rio de temores, incertidumbres y enojos. El otro inspira poca confianza, más cuando anda con los ojos rojos, mal trajeado y masticando chicle. Muchos prefieren no salir de sus hogares, añoran volver a sentarse en la terraza a conversar sobre las últimas noticias del vecindario o a silbar una parranda inolvidable. Ahora hay que cantar con más ahínco los versos de Emiliano Zuleta Díaz que dibujan a un pobre Valle:

“…Ya no se puede tocar por las calles / así como anteriormente se hacía / de cualquier parte un disparo nos sale / ya uno no vale lo que antes valía / aquí ninguno responde por nadie / ese es el plato de todos los días”.

Los delitos que más intranquilidad generan entre los vallenatos son el hurto, el homicidio, la extorsión y el microtráfico. Por ejemplo, según manifiesta la policía, durante este año se han reportado más de 500 robos en Valledupar, de los cuales más de 200 fueron cometidos por delincuentes que se movilizaban en motocicletas.

Asimismo, la Fundación Ideas para la Paz (FIP) rindió un informe sobre el número de muertes violentas durante el primer semestre de 2017 en los 27 municipios más poblados del país, señalando que en Valledupar los asesinatos aumentaron en un 9%, situándose entre las ciudades que peor comenzaron el año: Itagüí (55%), Neiva (27%), Palmira (21%), Cúcuta (9%) y Soacha (2%).

Hoy andar por cualquier calle de Valledupar resulta peligroso, pero hay unas zonas que son más afectadas por la delincuencia y la desidia estatal que otras: Los Fundadores, La Nevada, San Martín, Mareigua, El Carmen, Villa del Rosario, Divino Niño, Simón Bolívar, La Granja, 12 de octubre, Primero de Mayo y El Centro. No se trata de estigmatizar a estos barrios, sino más bien de llamar la atención de quienes tienen la obligación de diseñar estrategias que garanticen la seguridad de todos los vallenatos, de todos.

2. El origen del crimen

La ola de crímenes que ahoga a Valledupar no emana de un solo factor, sino de varios: el desempleo, la drogadicción, la descomposición de la familia, la falta de un servicio de salud digno, las insuficiencias de la educación, los desmovilizados de los grupos al margen de la ley que siguen delinquiendo, las distintas invasiones, la Tramacua como un nicho de la extorsión, el todo vale como un precepto cultural, la corrupción y la dejadez de las autoridades.

Por ahí andan algunos datos concisos. Según informó el DANE, mientras que la tasa de desempleo nacional en el trimestre febrero-abril del 2017 fue de 9.7 %, la tasa de desempleo en Valledupar fue de 12.7 %.

Por otro lado, La Macarena, sector que está en la margen derecha del río Guatapurí, se ha afianzado como una olla de drogas que tiene como principales clientes a ladrones de celulares y bicicletas. Así que para combatir el crimen no solo se requiere de la fuerza policiva, militar y judicial del Estado, sino también de inversión social y cultural (sobre esto se hará hincapié más adelante).

3. Las autoridades.

Según el artículo 315 de la Constitución Política de 1991, el alcalde tiene la función de “conservar el orden público en el municipio, de conformidad con la ley y las instrucciones y órdenes que reciba del presidente y del gobernador”. Asimismo, al ser la primera autoridad de policía del municipio, “…la Policía Nacional cumplirá con prontitud y diligencia las órdenes que le imparta…”.

Así que, ante la situación de miedo que vive Valledupar, Tuto Uhía no solo tiene la responsabilidad constitucional y legal de entregar herramientas a la policía (ha dado motos, carros, recompensas, un drone, gasolina y alarmas comunitarias), sino también de impartir disposiciones y diseñar estrategias que garanticen la vida, la honra y los bienes de los vallenatos.

Sí, Tuto ha mostrado una actitud dinámica, comprometida e incansable frente al tema de la inseguridad, pero los resultados no han sido los mejores. Le ha faltado liderazgo, autoridad y conocimiento. No ha dado para plantear una política criminal efectiva, contundente: se requiere urgente un mapa de criminalidad riguroso, grupos especiales contra la delincuencia, atención social prioritaria a la juventud, un trabajo planificado en la violencia intrafamiliar, recuperar las zonas que están bajo las leyes del crimen, labores de inteligencia, evaluar, con el apoyo de la academia, el impacto de la actual política de seguridad y combatir la inequidad, la exclusión y la pobreza.

En efecto. Si la policía está fallando en su labor, las ordenes y las estrategias del alcalde también. Tuto está dejando ver su impericia, anda perdido en un círculo de imprecisiones. Necesita la colaboración de unos asesores que conozcan sobre el tema, que formulen un plan eficaz y que tengan la gallardía de decirle la verdad en la cara.

Claro, el primer responsable es el alcalde, pero no podemos desconocer los deberes que tienen las demás autoridades: el gobernador luce desentendido, el presidente no ha generado una estrategia nacional para contrarrestar la inseguridad ciudadana, la rama judicial causa más dudas que certezas y el sistema penitenciario es una madriguera en donde se afianza el espíritu delincuencial.

4.Política criminal integral.

Valledupar necesita de la implementación de una política criminal integral que permita reducir el delito a través del ascenso social y el desarrollo económico de la población. La idea es que el delincuente no pueda delinquir (prevención situacional), pero, esencialmente, que el niño o el joven, en especial el marginal, no se convierta en un criminal.

En efecto, hay que reducir la circulación ilegítima de armas de fuego, atenuar el consumo de drogas con campañas educativas, ofrecer oportunidades de vida y abrir más espacios recreativos (deportes, música, teatro, danza y pintura).

El Estado -repito – debe llegar a todos los rincones de la ciudad con su aparato policivo y judicial, pero también con inversiones sociales: educación, salud, vivienda y empleo. Solamente así se podrá levantar una Valledupar más segura, prospera y amable.

Posdata: Como sociedad, debemos rodear al alcalde Tuto Uhía. No podemos dejarlo solo en esta causa, menos ahora que ha perdido la máscara que tapaba su inexperiencia.

Twitter: ccsilva86

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