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Las mujeres y sus nuevas narrativas

Por: Fabrina Acosta Contreras

mujersinreceta@hotmail.com

 «Qué habría sido de las mujeres en el patriarcado sin el entramado de mujeres alrededor, a un lado, atrás de una, adelante, guiando el camino, aguantando juntas. ¿Qué sería de nosotras sin nuestras amigas? ¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?».

Marcela Lagarde

 La mujer ha comenzado a entenderse como un ser capaz de existir, sin estar (exclusivamente) constreñida a un cúmulo de prejuicios y arraigos del machismo; es claro que aún falta mucho, pero se ha iniciado el camino. Lo primero es que las mujeres han comprendido y han hecho consciente la importancia de luchar por sus derechos, generar espacios y visibilizar su gestión, lo cual no se relaciona a desdibujarse de su esencia femenina o volverse enemiga de los hombres.

Mujeres y hombres pueden coexistir como parte de un ecosistema que les permiten relacionarse desde las diferencias; se han equivocado algunos criterios que pretenden homogeneizar a los géneros, el concepto de igualdad de género se fundamenta en los derechos y la garantía de los mismos; en este sentido, las mujeres que exigen sus derechos no pretenden replicar conductas machistas; se trata de lograr una transformación social en la cual podamos vivir dignamente sin discriminaciones por el hecho de ser mujeres.

Es importante mencionar que a la mujer en la actualidad no le basta con la moda discursiva de la igualdad y equidad de género, sino que se torna fundamental la visibilidad de lo femenino en la praxis cultural y social.

Si bien la historia de las mujeres acoge logros fundamentales – el derecho al voto, a la educación y a la anticoncepción, ETC. – aún falta erradicar muchos imaginarios sociales, entre ellos continuar la lucha por superar los paradigmas sociales que limitan las conductas femeninas a lo estético, reproductivo o doméstico.

De esta manera, es pertinente mencionar que los criterios patriarcales han generado que se perciba a las mujeres como objetos impactados por ideologías masculinas y es momento de transformar de manera contundente esa situación, porque no es coherente con la tendencia mundial al desarrollo científico que los seres humanos queden instalados en estados primarios de violencia entre géneros y de exclusión femenina, los argumentos de empoderamiento vertical y dominante merecen estar cada vez más cercanos a la extinción.

Respecto a esto es propicio citar una reflexión de Marcela Lagarde:

 «Por eso, es preciso reconocer que la cultura femenina tradicional vigente entre nosotras, no incluye conocimientos, habilidades y destrezas para agendar ni pactar. Que muchas aprendemos en el estilo masculino y patriarcal para luego desaprenderlo al sentir cuán contradictorio es conducirnos así entre nosotras, lo estéril de ese proceder y la necesidad de construir la alianza entre las mujeres desde una posición política de género. Para desmontar esa estética y esa política hemos usado habilidades y experiencias generadas en la cultura femenina del apoyo cuerpo a cuerpo y subjetividad a subjetividad personal entre mujeres. Ha sido un recurso metodológico para realizar la crítica deconstructiva de la agenda y los pactos a la usanza masculina, las formas excluyentes, sectarias, supremacistas y violentas de enfrentar la disidencia y los conflictos»

El mundo de la mujer fue constreñido a la función maternal que dio un sentido de objeto servil o erótico; ese mundo de ayer no puede resurgir en el mundo femenino de hoy; la mujer vivió sólo por la entrega abnegada a los demás, al hogar y a sus labores domésticas, es hora de que viva también para ella y lo que implica ser y existir desde su esencia.

Es el tiempo para que la mujer participe del mundo de los hechos, las realidades y las transformaciones como protagonista. Es hora de dar la bienvenida a las mujeres capaces de todo sin perder su esencia ética, femenina y estética.

 

 

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