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¿La Política es sucia?

Por: Fabrina Acosta Contreras

 “Los cambios sociales no están a la vuelta de la esquina.

No están al alcance de la mano en lo inmediato.

 Son una larga construcción colectiva, de esfuerzo, de trabajo, de errores, de aciertos, de compromiso, de sacrificio”.

 “La política es la lucha para que la mayoría de la gente viva mejor y vivir mejor no es sólo tener más, sino es ser más feliz”.

 Pepe Mujica

Estamos en la época electoral, la que se ve impactada por la dinámica de los pueblos; así mismo es muy fácil escuchar, en cualquiera de los diálogos, las diversas estrategias utilizadas por algunas campañas, entre las cuales puedo mencionar: la compra de votos, las promesas de contratos e incluso la amenaza a los empleados de determinada empresa sino eligen masivamente al familiar del propietario de la misma. Con esto no pretendo acusar a nadie, ni hacer juicios a priori, solo acudo a lo que observo y escucho en la cotidianidad.

Surge entonces el gran interrogante: ¿La política es sucia? Esta respuesta acoge diversas perspectivas, incluso las menos imaginadas; puedo decir que, en la libertad del ejercicio de escribir y hacerme única responsable de exponer mis criterios, la política -electoral despierta en algunos casos la estructura más primaria o instintiva de los seres humanos; en el afán de ganar se puede perder toda connotación de respeto y justicia, acá entonces aplica la frase, el fin justifica cualquier medio, sin importar que este sea correcto o no.

Me permito expresar mi respuesta al interrogante que titula este escrito. Creo que la política es sucia cuando se asume desde el desborde de intereses dominantes, así siempre será corrupta porque no se piensa en un espacio de poder social e incluyente sino un dominio de ganancia financiera, donde se deben pagar unos favores y recuperar una inversión.

La política puede ser limpia solo en el supuesto de un macro-cambio en la sociedad que nos puede costar un extenso período. No quiero parecer incrédula y pesimista, pero la realidad es que podemos escuchar de muchas personas la sorpresa de que algunos candidatos capacitados y con liderazgo queden por fuera (ahogados como se dice coloquialmente) y otros que son lejanos a un liderazgo político encabecen las listas de elegidos; lo cual nos aleja de la democracia real y transparente.

El reto es grande, se requiere una transformación social y nuestros territorios ahora más que nunca necesitan de buenas gestiones. De este modo, la política necesita retornar su cauce y dejar de llevarse por delante las esperanzas de una real transformación social; porque basta de poner a Dios, a las mujeres, a los adultos mayores, a los niños y las niñas, como atractivo de discursos politiqueros que después se tornan en cenicientas olvidadas, por la prioridad asignada a la inversión en obras de cemento que dejan mayores utilidades e instalan en el olvido a la gestión para el desarrollo integral: la social.

Existe una distancia infinita entre la Política y la politiquería; y eso es preciso que la sociedad lo comprenda, para decidir cuál de los dos caminos elegir: si el de apostarle al bien común, es decir, a la tesis de vivir para servir o al criterio de someter para ser servido; es hora de agudizar los sentidos y hacer lecturas profundas de las realidades. ¡Despierta, mundo!

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