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La mesa y su potencial turístico

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

Helenbohorqueperiodista@gmail.com

Paz y tranquilidad son quizás las dos características principales que describen a la perfección un lugar convertido en el destino predilecto de visitantes que eligen la naturaleza y el sosiego para un buen descanso.

Rompiendo el imaginario y el estigma que dejaron años de guerra en este territorio, se ha convertido en uno de los espacios que más serenidad genera en quien toca su suelo; su clima de sosiego es inevitable percibirlo.

Se trata del corregimiento de La Mesa, uno de los 26 corregimientos del municipio de Valledupar, un humilde caserío enclavado en las estribaciones del costado sur de la Sierra Nevada de Santa Marta, ubicado a tan solo 13.8 km de la ciudad y que se erigió  gracias al trabajo de  familias humildes vallenatas.

Dato Histórico

Este territorio fue víctima del conflicto armado, el cual se acentuó durante aproximadamente 18 a 20 años trayendo consigo desolación y ruina. Por fortuna, para el 2006, en este corregimiento un grupo de 2.545 desmovilizados de las AUC, comandados por ‘Jorge 40’, abandonaron sus armas y su participación en el conflicto armado. Desde entonces se empezó a respirar aire de paz y progreso, actualmente su principal atractivo.

Hoy existe un corregimiento que, a pesar de haber
sido controlado muchos años por paramilitares, pareciera que jamás hubiera sido víctima de la violencia. Sus habitantes, amables y cordiales, solo
transmiten sonrisas colmadas de fraternidad. Bien lo dijo su presidente de la Junta de Acción Comunal, el señor Jhair Jurado, “hoy en día la gente no
anda en zozobra, ya no hay temor por los estragos que dejó la violencia, actualmente lo que más atrae es justamente la tranquilidad del corregimiento”.

según Iván Hinojosa Anicharico, el más caracterizado líder comunitario de la región, La Mesa es un lugar de personas luchadoras que dedican sus esfuerzos a cultivar alimentos, vender comidas tradicionales en sus calles y trabajar por sus familias de forma incansable, personas que día a día le dan vida a este caserío convertido en corregimiento.

Cultivos de café, cacao, guineo, arroz, patilla y muchos otros, pueden observarse en sus tierras. Por si fuera poco, a la capital, Valledupar, comercializan cítricos como la mandarina, la naranja y el limón.

Sus bondades turísticas 

Bastan solo 20 minutos, desde Valledupar, para llegar a este lugar gracias a una carretera en perfecto estado. Unos minutos después de pasar el batallón La Popa y la cárcel de mediana seguridad – La Tramacúa, por su nombre popular alusivo al tamaño del establecimiento – se llega al destino.

Además de la tranquilidad, no es menor la importancia que toma el aire puro y fresco que puede respirarse gracias al raudal de árboles y riqueza natural que envuelve a La Mesa. Una región de selva virgen, fauna envidiable (zainos, ñeques, guartinajas, venados, cauqueros, dantas, pajuiles, etc.) y unas tierras de una fertilidad codiciada, hoy hacen de este lugar un espacio ideal para que propios y visitantes disfruten de un ambiente diferente.

Con razón, en los últimos años se ha despertado sobre este lugar un inusitado interés por su potencial turístico, representado por los diferentes sitios que prodigan nuestros ríos tutelares: Río Azúcar-Buena y Río El Palmar, además del Pozo de Las Navajitas, en el rio Azúcar-Buena, pozo de la Hoya, cascadas de Villa Mary, finca de los hermanos Fuentes, finca de Héctor Hernández y cascada El Tequendama, en la Finca de Jeremías Téllez, además de otros arroyos que bajan desde la Sierra Nevada de Santa Marta.

Este privilegio ecológico que caracteriza a La Mesa lo hace realmente atrayente. No dejan de encantar sus pozos cristalinos, adornados con piedras de todos los tamaños a su alrededor, y con el particular sonido del agua que corre en medio de la naturaleza y que sólo en lugares como este puede percibirse.

Y si de disfrutar de un buen plato se trata, el plan ideal es llegar a cualquiera de los diferentes estaderos asentados sobre la entrada del corregimiento – entre ellos, ‘Los recuerdos de ella’ o ‘Donde Robert’ – la mayoría con la particularidad de contar con criaderos de peces. Sus visitantes pueden pescar y elegir cuál de ellos comer, si cachama, tilapia o bocachico, o si su gusto no es por el pescado, puede deleitarse con el típico sancocho de gallina o costilla, o con las diferentes carnes en diversas preparaciones, guisadas o asadas, todo a su elección.

Más de 500 visitantes, sin distinción de clase social, llegan durante los fines de semana a este lugar a disfrutar de sus bondades y, por supuesto, a observar los bellos paisajes de la Sierra Nevada de Santa Marta. Un paso por el corregimiento La Mesa debe ser incluido en su agenda para obtener un merecido descanso, de seguro volverá.

 

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