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LA MARCHA DE LA ESPERANZA

Eran las 9:15 de la mañana del miércoles 01 de febrero. Embelesada, veía la marcha de por lo menos 250 integrantes del Bloque Martín Caballero hacia la vereda Los Pondores, corregimiento de Conejo, en el municipio de Fonseca, Guajira.[i]

Los Pondores es uno de los siete Puntos Transitorios de Normalización (PTN), que al igual que las 19 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), ubicadas en diferentes regiones de Colombia,  conforman los 26 sitios definidos para concentración de las Farc.

Era un acontecimiento histórico y trascendental para el futuro de Colombia y, por supuesto, decidí participar en la marcha. El reducto de las Farc marchaba hacia su destino final, donde aspiran a vivir sus últimos 120 días como guerrilleros, al cabo de los cuales deben hacer dejación por completo de las armas e iniciar el proceso de reincorporación a la vida civil, de conformidad a los acuerdos de La Habana suscritos con el gobierno de Colombia.

Desde la Ye de Marimondas caminaron casi 10 kilómetros, carretera destapada, arenosa y polvorienta. Salieron con la verde indumentaria  propia de un combatiente de las Farc, algunos con botas de suela gruesa y pesada,  otros con las particulares pantaneras; sobre su cabeza, trapos o la gorra de su uniforme – usadas para cubrirse del ardiente sol que calentaba la mañana; a sus espaldas, el fusil y un grande y pesado bolso en el que llevaban uniformes, artículos básicos y una botella de gatorade para hidratar su cuerpo.

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Iván Márquez – miembro del secretariado de las Farc, quien actúo como jefe negociador de los diálogos de paz – líder de la marcha, vestía camisa blanca, pantalón beige y en su cabeza una gorra de la selección Colombia. Cordial y sonriente, estrechaba la mano una y otra vez de los carabineros de la Policía Nacional y de los  habitantes del municipio; bien lo dijo una de las combatientes: “a los soldados los abrazamos con todo el amor que un revolucionario puede tener”.

El recorrido transcurrió en completo orden, fila india, uno tras otro, 35% de ellos mujeres de todas las edades. 6 embarazadas y una con su pequeña hija, de tan solo unos meses de nacida, entre sus brazos.

Hacia las 9:50 ya estábamos en el lugar. En el evento se encontraban los observadores de la ONU los del gobierno y miembros del mecanismo de monitoreo y verificación. En una improvisada mesa se ubicó Iván Márquez, Sergio Jaramillo (Alto Comisionado para la Paz), el General Javier Flórez, (comandante del COET), Jean Arnault, (jefe de la Misión de la ONU en Colombia) y Carlos Correa, (Alto Consejero para las regiones), todos ellos muy optimistas, cada uno hizo una corta intervención en la que reiteraron que lo pactado en la Habana y reafirmado en Colombia es una realidad.

Caras de desconcierto

Pese al optimismo reinante, se observaban no pocas caras de descontento entre los combatientes, sobre todo miembros del frente 59 y la columna Efraín Quintero Guzmán, pertenecientes al Bloque Martín Caballero.

El lugar no era lo que tenían en mente, no tenía las condiciones acordadas con el gobierno, tanto así,  que pasados dos días, Alirio Córdoba, uno de los directivos del Bloque, manifestó en un comunicado: “En Pondores encontramos una explanada desértica, castigada por el sol guajiro implacable donde se levantan unas construcciones recién iniciadas y una nube de polvo que corta la respiración(…) En el PTN  de Pondores no hay viviendas, sanitarios, conexiones eléctricas, puesto de salud o primeros auxilios, medicamentos, cocinas, almacén para los víveres, aulas para realizar actividades educativas y culturales; nada de eso, el PTN de Pondores es un peladero sin las mínimas condiciones de habitabilidad y convivencia”.

Se transpiraba desconfianza hacia el gobierno, temían que no cumpliera y honrara sus compromisos. De cualquier forma, la voluntad de estos combatientes sigue firme, a la espera de que el gobierno les cumpla y les garantice unos espacios y condiciones aptas, compromiso reafirmado por el Alto Comisionado, Sergio Jaramillo, en el acto protocolario realizado en Los Pondores: “…el objetivo de estos históricos traslados es “Preparar  a los hombres y mujeres para la reincorporación a la vida civil, (…), para que estos hombres y mujeres que van a  dejar las armas, puedan escoger lo que van a hacer con sus vidas, aprovechando las oportunidades que dan la implementación del proceso de paz”.

 Tatiana y sus 20 años en las filas

En medio de los protocolos de la jornada, rueda de prensa, civiles curioseando, sol, calor y polvo, me acerqué a una mujer de las Farc – morena, pelo negro y ondulado escondido bajo la gorra de su uniforme, de baja estatura y mirada oscura, con un sutil maquillaje en su ovalado rostro, con cámara fotográfica colgada en su cuello – para escarbar su historia de más de 20 años como guerrillera.

Para Tatiana, nunca antes una larga marcha había sido tan esperanzadora como la recién recorrida.   Acostumbrada a largas caminatas en medio de todo tipo de terreno, esta marcha, sin embargo, no fue una más de las tantas transitadas con su fusil AK 47 al hombro, siempre preparada para combatir. Se trataba de la última como guerrillera, pero quizás, apenas la primera como una mujer en búsqueda de hacer su vida alejada de las armas.

Tatiana estaba en su tierra. Era una indígena Guajira, de San Juan del Cesar, de tan solo 16 años cuando ingresó a las filas, pero para ella “con la edad suficiente como para tomar la decisión de hacer parte del grupo que durante 52 años protagonizó la guerra en Colombia”.

Para Tatiana, nada más injusto que la realidad afrontada en su resguardo antes de pertenecer a las Farc. “En los resguardos indígenas hay mucha desatención por parte del Estado, no hay educación, no hay salud, no hay vivienda, no hay garantías para beneficiar a las comunidades indígenas, afros y campesinos”, expresó. “Llegué a la conclusión que este pudo haber sido uno de los motivos que me llevaron a tomar la rebelde decisión”.

 -¿Cómo terminó en las Farc?, le pregunté aun intrigada por su decisión.

-Fui a visitar a unas tías y allí conocí a la guerrilla; me plantearon su proyecto político y me gustó porque era una alternativa política para el pueblo colombiano y para los campesinos en general.

-¿Una alternativa para el pueblo colombiano?

– La política de las Farc es ayudar a la gente campesina; nosotros, como organización, lo que queremos es hacer realidad los acuerdos con el gobierno para ayudar a los campesinos, devolverles la tierra, darles sus semillas

¿Ayudan al pueblo con armas?

-Nosotros hicimos uso de las armas desde el momento en que el Estado nos agredió en Marquetalia. Lo que planteamos en Marquetalia era una carretera, escuela y vivienda para esa región, y el gobierno lo que hizo fue operaciones militares y bombardeos contra Marquetalia, de ahí nuestro alzamiento de armas.

-¿Y su familia? ¿Cómo se enteró?

-Mi mamá, al ver que yo no aparecía en la casa, llegó hasta donde mis tías a preguntarme y le dieron la noticia que me
había ido para la guerrilla.

-Ha pasado mucho tiempo desde que se alejó de su familia ¿Qué sabe de ellos?

No tenemos contacto con la familia por medidas de seguridad, porque el gobierno lo que ha hecho con la familia de los guerrilleros es presionarla, manipularla, por eso preferimos no llamar a nuestros familiares.

Desde entonces, y durante 20 años de su vida, Tatiana no volvió a comunicarse con su familia, la cual fue víctima del desplazamiento, los paramilitares la obligaron a salir del resguardo indígena. “Les dieron cuatro horas para salir del resguardo. Mi familia no es culpable de mis decisiones, no es justo lo que sucede”, expresó con una evidente inconformidad en su mirada.

La mujer indígena aprendió a hacer de las Farc su nueva familia; allí aprendió no solo a ser más fuerte físicamente, también de mentalidad y pensamientos. De la misma manera creció intelectualmente, “cuando ingresé a las Farc yo no sabía leer ni escribir, aprendí dentro del grupo y todo porque aquí nosotros tenemos una educación, expresó. Dentro del grupo armado se le pone un profesor a quien lo necesite. Están los que llegan a aprender, pero también dentro de las Farc se encuentran los que enseñan, hay profesionales como abogados, médicos, odontólogos, informáticos, entre otros.IMG-20170209-WA0032

-¿y usted, qué estudios recibió? Le pregunté.

-Yo estudié medicina dentro de la organización. Las condiciones en medio del monte, de la guerra, lo obligan a uno a aprender muchas cosas. Si tú no aprendes tu compañero se muere porque no hay quien le ponga una inyección. Por eso la mayoría de los combatientes saben primeros auxilios. Lo principal es no dejar morir a nadie, siempre estar ahí para el compañero.

Aunque recibió estudios de medicina, la miliciana ha tenido que ejercer el papel de enfermera, y hasta de odontóloga

No dejaré a las Farc

Fue el combatiente Alirio Córdoba quien me habló un poco sobre cómo se pasan las noches de descanso en el monte. Sus cuerpos están acostumbrados a reposar sobre una cama lo más artesanal imaginable, “troncos de madera seca de aproximadamente dos metros se tiran al suelo, se forma un cuadrante, se rellena de tierra y esa es la cama; eso se cubre con hojas secas o helechos, o lo que encuentres; en las esquinas se colocan cuatro palos para el toldillo, y arriba armas una carpa impermeable para cubrirse del agua y ya está creado el espacio”, dijo, mientras yo imaginaba el paso a paso de su elaboración.

Por otro lado, la alimentación de esta organización armada es muy común. Podría creerse que, con tal de no pasar hambre, se alimentan con cualquier animal que se mueva en medio de la selva, pero no es así. “Nosotros cultivamos maíz, frijol, plátano, hortalizas de toda clase y criamos animales de monte. Depende de las condiciones de la zona. Cuando hay forma de hacer un estanco de agua, se crían peces”, aseguró Alirio. Además, también hay gente fuera de las filas que le suministran comida o simplemente, mandan a comprar.

Definitivamente estos hombres y mujeres de la guerrilla con la recursividad como una de sus principales virtudes, hacen uso de la naturaleza adaptándolas a las condiciones del hombre. Algo que sí tienen claro es que no talan arboles porque son su protección para no ser detectados con facilidad; además, porque dicen tener una convivencia muy sana con la naturaleza

Algo que me llamó la atención de este hombre de cara seria y rasgos fuertes, es su aclaración de que él no dejará las Farc, lo que hará es movilizarse hacia la política legal bajo un acuerdo pactado con unas condiciones que le abre a Colombia las puertas de la democracia”.

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En las farc, hombres y mujeres reciben el mismo trato”

“De las farc se dicen muchas cosas, pero realmente, cuando tu llegas a las farc o te haces miembro de ella y convives con ellos, tu sientes que alguien te ha mentido, y que alguien te ha dicho cosas que realmente no son de las Farc”, asevera convencida  Tatiana, siempre intentando justificar los actos de las Farc, refutando así el imaginario de los colombianos.

¿Qué me dice del machismo que es común oír que se da entre las filas?

-Todos reciben el mismo trato, no se acepta el machismo. Por ejemplo, a todos nos toca cocinar, no importa que seas hombre o mujer. Porque eres mujer te toca lavar o porque eres hombre no vas a cocinar, ¡no! el trato es igual para todos.

-Y sobre las violaciones de las mujeres…

-Si tú sabes manejar un arma, ¿tú crees que alguien te va a venir a violar?, sabes manejar una pistola, un fusil, una granada, sabes maniobrar cualquier arma, ¿Tú crees que va a venir otro a violarte y que vas a estar aquí a la fuerza? eso es imposible.

-¿Y entonces porque allá afuera se dicen esas cosas?

-Puede que se presenten algunos casos, pero no es así siempre. Algunas mujeres desertoras han manchado la organización de esa manera. También se dice que nuestros comandantes nos hacen abortar a las malas, eso es mentira.

Esto último fue algo más fácil de creer, pues en la vereda de Los Pondores se encuentran 6 milicianas embarazadas, dos de ellas con 8 meses de gestación, y seguramente tendrán a su bebé dentro del punto de concentración y le harán compañía a Desireé – Deseo de Paz –  una bebé nacida en la guerra pero que crecerá en otras condiciones. La pequeña no pudo tener un nombre más acertado.

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Sobre el lugar en el que dejarán las armas

Como la mayoría de los 250 integrantes del Bloque Martín Caballero, Tatiana también vio con decepción el lugar en que se alojarían antes de la dejación de armas. El punto solo contaba con energía eléctrica, agua potable y conectividad, que, aunque recursos fundamentales, las construcciones las encontraron con apenas un 15% de progreso del total acordado.

“Estamos aquí en Pondores y dizque ellos iban a hacer las construcciones para nosotros, para que hiciéramos aquí la dejación de armas y mira cómo está esto. Y uno piensa, pero si hay compromisos ¿porque el gobierno no cumple si las Farc estamos cumpliendo?, (…) Nosotros cumplimos nuestra palabra, y si decimos vamos a hacer un acuerdo de paz, vamos a hacerlo, fue lo que dijo Tatiana al ver el lugar. Ya los combatientes se encuentran ubicados y ahora son ellos los que están terminando las obras del lugar.

Sobre el hecho de hacer dejación de su arma, reconoce que probablemente será algo extraño al principio; sin embargo, asegura que debió darse hace mucho tiempo, pues una gran cantidad de personas murieron a causa de la guerra y muchas madres tuvieron que perder a sus hijos. “Hoy, que hemos llegado a acuerdos con el gobierno nacional, pienso que los sueños de nuestros comandantes, que ya están muertos, se han hecho realidad”.

El futuro de Tatiana

La futura ex guerrillera indígena termina su paso por las Farc en la misma tierra donde comenzó, en La Guajira, donde piensa pasar el resto de su vida, donde pasó los primeros años de su existencia; quiere trabajar con la comunidad y ayudar a su etnia. “No pienso alejarme de la región guajira, pienso permanecer aquí, en esta parte, sin querer decir que no vaya a echar un viajecito por allá a otra parte”, dice entre risas.

A sus 36 años, Tatiana no tiene hijos y dice no esperarlos por ahora, solo quiere trabajar y estudiar para que el día de mañana, cuando tenga familia, pueda educarla y darle todo lo que necesite; por ahora solo tiene claro que necesita prepararse para darle un futuro a su familia.

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Organizados los miembros del Bloque Martín Caballero, bien alineados, un extremo del fusil en el piso y otro sostenido con una de sus manos, en la otra una bandera blanca, con voz fuerte y en un coro muy coordinado, recordaron al Fundador de las Farc-Ep, Manuel Marulanda Vélez, pronunciando la emblemática frase: “Desde Marquetalia, hasta la victoria”. Así finalizó el evento.

[i] Fonseca, conocido como el oasis de La Guajira, por su volumen hídrico (fue la primera región de Colombia donde se sembró arroz, cultivo de alto consumo de agua) y la fertilidad de sus tierras. Está  enclavada en la zona central de La Guajira; es uno de los municipios más importantes del departamento, además por ser cuna de connotados exponentes del folclor vallenato (Luis Enrique Martínez, José María ‘Chema’ Guerra, los Pitre, Carlos Huertas, entre otros) y famoso por su Festival del Retorno.

Su área es de 662 kmts2 y su población de 33.254 habitantes. Está comunicado con Riohacha y Valledupar, capitales de los departamentos de La Guajira y el Cesar, por carretera nacional en regular, distante aproximadamente 120 y 85 kmts., respectivamente). (sitio web oficial).

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