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LA ECONOMÍA DEL CESAR EN PERSPECTIVA CORTO PLAZISTA

La economía colombiana tuvo en 2016 una desaceleración mayor a la esperada. De una estimación inicial del crecimiento determinada en 3.6% por parte del gobierno central, pasó a un previsible 3.2%.

No obstante el pronóstico, la cifra cierta rondará el 2.2% (frente al 3.1 por ciento observado en 2015) como consecuencia de un deterioro creciente en las más variadas áreas, como la minería, la industria, el comercio internacional, el empleo, la inversión y la liquidez. En el fondo, se acusan persistentemente “los lastres estructurales provenientes de la crisis exportadora, la baja competitividad del agro y la industria y una cuasi nula estrategia de alternativas productivas ante el estrepitoso desplome del sector minero-energético”[1].

En este contexto, hay que considerar que el comportamiento de dichos sectores y, en general, de la economía nacional, está profundamente ligado al dictamen de la economía mundial dada dos macro consideraciones: a) el modelo económico aperturista en consonancia a los ritmos y preceptos que impone la globalización mundial, en donde el comercio exterior se erige en el gran motor del desarrollo, la fuente más dinámica del crecimiento económico y de la generación de empleo, y b) el carácter del mercado interno.

Con relación al modelo económico, Colombia cimentó su rol en la reprimarización de la producción minera, liderada por el petróleo, el carbón y otros minerales. En un decir, el desarrollo económico del país configuró, dentro de la división internacional del trabajo, una estructura productiva de baja complejidad y demanda, con un perfil exportador de productos básicos dominada por las commodities, atributo que lo acondiciona a bailar al son que le toque el medio exógeno puesto que en el orden económico mundial apenas se nos reconoce como miembros de ligas menores.

En tanto, el mercado interno se caracteriza por su estrechez y baja capacidad adquisitiva de los consumidores. Así, las expectativas están necesariamente ligadas a la suerte del mercado internacional, particularmente, en lo que hace a la demanda de los energéticos fósiles, sector en donde se vive una nueva realidad luego de una década fulgurante de precios topes. En consecuencia, a los hechos prevalentes, la economía colombiana denuncia severas dificultades para adaptarse a la disminución de los precios del petróleo y otros productos básicos claves.

Por su parte, la economía mundial enfrenta graves riesgos, entre ellos una desaceleración más profunda en los principales mercados emergentes, cambios pronunciados en la actitud de los mercados financieros, estancamiento en las economías avanzadas, un período de precios bajos de los productos básicos más prolongado que lo previsto, riesgos geopolíticos en diversas partes del planeta, y preocupación respecto de la eficacia de la política monetaria para impulsar un crecimiento más sólido.

Sin embargo, unos pocos países, particularmente las economías costeras de los países del Pacifico asiático escapan a este hecho con un guarismo positivo; en tanto, Colombia crece aun cuando lejos de los ritmos de crecimiento deseables.

Proyecciones del Crecimiento Económico Mundial 2017

ZONA % DE CRECIMIENTO

 

PBI mundial 3.4
Economías avanzadas 1.8
Estados Unidos 2.5
Eurozona 1.4
Reino Unido 1.3
Economías Emergentes 4.6
Rusia 1.0
China 6.2
India 7.4
América Latina 1.6
Brasil 0.5
México 2.6
Colombia 2.6

Fuentes: Fondo Monetario Internacional (FMI) –  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde)

Como año de transición, en el 2017 se estima un crecimiento de 2.6% para Colombia, valor que estaría acorde con una economía en proceso de ajuste tras el fuerte choque que recibió cuando el ingreso nacional cayó por la reducción de los precios del petróleo, máxime cuando no se vislumbra un repunte importante en las exportaciones, a pesar de tener el dólar alrededor de los 3.000 pesos, dado que el comercio regional e internacional seguirá muy débil.

Lo que no es óbice para señalar que en la agenda nacional se adelantan temas que no son de poca monta, como el acuerdo de paz, la reforma tributaria estructural, la profundización de la crisis venezolana, año preelectoral y Donald Trump, los cuales son determinantes para establecer el escenario en que se moverán la inversión extranjera, las empresas y las personas naturales.

En cuanto al mercado interno, no es esperable un mejor resultado para la economía nacional dado que acusa baja dinámica, un nivel de desempleo medio-alto, baja diversificación y complejidad en sus productos, crecimiento de la deuda pública y la de los hogares, preocupante déficit de la balanza comercial y manifestación de signos de estancamiento en los sectores de la vivienda y la agricultura, per se, lo más intensivos en capital humano.

Este conjunto de digresiones aplica literalmente para la economía del Departamento del Cesar. En cierto sentido, el Cesar refleja con fidelidad los nuevos significados que moldean a la economía colombiana. Su estructura productiva está diseñada en función del mercado internacional. El producto sobre el que gravita su acción económica es el carbón – enclave económico extractivo, producto que se constituye básicamente en su único referente de exportación, con una participación promedio en el producto interno bruto regional que fluctúa entre un 35% a 40% para el último lustro. Esto da lugar a sentenciar que se trata de una economía monoexportadora de baja complejidad, precaria diversificación, poco intensificada y alta dependencia del mercado global.

En lo atinente, bastase observar que esta economía en los últimos 15 años tuvo un formidable crecimiento de su producto bruto interno, con un incremento promedio anual del 5.95%, conducta que se explica en el excepcional momento que por un término próximo a una década tuvieron las materias primas en cabeza de los energéticos fósiles. En este mismo lapso, Colombia creció en promedio un 4.24%; sin embargo, para el último lustro, el Cesar solo creció un 2.7%; en tanto, el país tuvo un mejor comportamiento con un 3.26%.

 

PIB DEPARTAMENTAL – PIB NACIONAL
Precios constantes de 2005 por encadenamiento
Miles de millones de pesos
REGIÓN  
2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015
DEPARTAMENTO CESAR 6.266 6.783 7.212 7.496 7.687 7.980 8.887 9.456 9.381 9.949 10.150
Tasa Anual de Crecimiento 6,2% 8,3% 6,3% 3,9% 2,5% 3,8% 11,4% 6,4% -0,8% 6,1% 2,0%
COLOMBIA 340.156 362.938 387.983 401.744 408.379 424.599 452.578 470.880 493.831 515.489 531.233
Tasa Anual de Crecimiento 4,7% 6,7% 6,9% 3,5% 1,7% 4,0% 6,6% 4,0% 4,9% 4,4% 3,1%

 

En consecuencia, en el corto plazo el hablar de la economía del departamento del Cesar lleva necesariamente a referirnos, por la lógica productiva dominante, al carbón. Si en el frente económico Colombia baila al son que le toque la globalidad, el Cesar baila conforme se mueva el carbón.

Este producto, como parte del trípode que integra la oferta de energéticos fósiles, según las “proyecciones efectuadas para la demanda mundial de energía en el horizonte del 2030 aumentará a un ritmo aproximado del 1.8% anual. Los países industrializados experimentarán una ralentización del crecimiento de su demanda energética, que pasará a situarse a un nivel cercano al 0.4%/año.

A la inversa, la demanda energética de los países en vías de desarrollo crecerá rápidamente. El sistema energético mundial seguirá estando dominado por los combustibles fósiles, los cuales representarán casi el 90% del suministro total de energía en 2030. El petróleo se mantendrá como principal fuente de energía (34%), seguido del carbón (28%). También se prevé una duplicación de la producción de carbón hacia ese año. El crecimiento se registraría, principalmente, en Asia y África, donde se centrará más de la mitad de la extracción de carbón en 2030[2].

Así las cosas, las perspectivas cortoplacistas para la economía del departamento del Cesar son indicativas de un magro crecimiento del 2.0% para 2017, sin mejores pronósticos hacia adelante puesto que el crecimiento de la demanda energética mundial solo crecerá a un menor valor, mientras que por el otro lado de la moneda la oferta del producto va in crescendo, el precio del carbón seguirá manteniéndose relativamente estable, el precio del dólar parece haber tocado techo, el consumo disminuirá en los países industrializados, la biomasa se irá reduciendo progresivamente en los países en vías de desarrollo y la investigación para la generación de energías alternativas se intensifica.

La década de oro del carbón parece haber llegado a su fin por lo que hay que considerar que el carbón no es una opción de futuro. Si bien el mejor destino de los excedentes que devinieron de la actividad favorecieron la industria de la construcción, también hay que considerar que este no es un producto transable y sostenible en sí mismo, por lo que hay que dar un viraje en la orientación de los recursos que provengan de esta actividad hacia una real formación educativa y técnica de alto perfil y a la necesarísima diversificación económica, ya que no siempre se contará con ‘bonanzas’.

 

Por: Hernando Dangond Martínez

[1] Revista Semana, En: http://www.semana.com/economia/articulo/economia-para-el-2017/507932

[2] Bazán Gerardo, Perspectivas de la evolución mundial hasta 2030 en los ámbitos de la energía, la tecnología y la política climática En: https://ec.europa.eu/research/energy/pdf/key_messages_es.pdf

 

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