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La casa en el aire

Hace unos meses, recibí una llamada de un gran amigo, Rafa, uno de los hijos del maestro Rafael Escalona:

-Yor, queremos invitarte este fin de semana, mi hermana Perla y yo, a Patillal para ver un posible lugar donde la alcaldía de Valledupar quiere construir una casa en el aire y nos des, como escultor y conocedor de monumentos, tu opinión.

-Hombe Rafa, ni más faltaba, con todo el placer.

El sábado pasaron por mí, bien temprano. Hablar sobre el desarrollo de mi amada ciudad y su entorno es uno de mis temas favoritos. Y de eso hablamos en el camino. Total, yo vivo en función de pensar qué cosa nueva puedo aportar para su embellecimiento.

Por supuesto, el tema central fue ‘la casa en el aire’. Yo, con mi característica irreverencia, les dije: no creo que en la actual administración haya una persona con la febril imaginación y la desbordante creatividad como para diseñar una casa que parezca estar en el aire; ya verán que construirán una columna y arriba engancharán una casa… esperen y verán. En ese momento les describí como yo construiría una casa en el aire, a ellos les pareció genial. Al final de este artículo la describiré.

Ya en Patillal miramos varios sitios, incluyendo el que les parecía mejor, ‘El cerro de las Cabras’. Probablemente en las noches, con sus luces encendidas, se vería allá suspendida en el cielo. Pero a ellos les asaltaba la duda: ¿Quién construiría y cuánto costarían los accesos y caminos hasta la punta del cerro? ¿Será solo para personas de a pie? ¿Podrán subir carros?…  Al final nos venimos sin concluir algo definitivo.

– Yor, te vamos a llevar en Valledupar al Parque del Helado para comentarte una idea que tenemos… Rafa y Perla tienen la acertadísima idea de construir, en la punta sur del parque del helado, un parque icónico con pequeñas esculturas que representen las canciones del maestro Escalona: un camión voltiao, un jerre jerre, una custodia, un chevrolito, una nube rosada, etc. etc. etc. Personalmente me pareció una idea maravillosamente realizable, atraería turistas, crearía consumo y embellecería a la ciudad.

Lo que sucedió cuando llegamos al parque del helado fue mera casualidad. Un funcionario de obras publicas de la alcaldía se encontraba supervisando la construcción de unas bases para el emplazamiento de unas monedas. Al verlo, Perla le preguntó cómo sería el diseño de La Casa en el Aire, a lo que el funcionario respondió: Bueno, vamos a construir cuatro altos pilares, sobre ellos construiremos una casa y pondremos unas escaleras para que la gente suba a tomarse un cafecito…  con una pasmosa tranquilidad, Perla le respondió. Ahhh… yo creí que iban a hacer una casa en el aire pa que no la moleste nadie…!!!   

Jiii Jii jejeje jajajaja jajajaja… más o menos así fue la risa que me dio cuando vi la cara del pobre funcionario que no supo qué pensar ni qué decir…

La canción del maestro Escalona es muy especifica en cuanto a la construcción de su hermosa fantasía: “como esa casa no tiene cimientos/vean el sistema que he inventado yo…”. Si alguien quiere hacer una interpretación de este sueño, tendrá, para comenzar, que prescindir de cimientos.

¡Como yo lo veo, el Maestro, sabiéndolo o no, se adelantó cientos de miles de años a la ciencia!

Hacia el año 600 antes de cristo, es decir, hace 2.600 años, un acucioso griego, Tales de Mileto – filósofo, matemático, geómetra y físico – describió y prestó mucha atención a una extraña curiosidad ya conocida: Que al frotar un pedazo de ámbar (que no es más que una resina – o goma de palo, como decimos por aquí – de árboles que existieron en el cenozoico hace millones de años y que enterrados a grandes profundidades y sometidos a presiones extremas, se fosilizaron y dieron origen a esta piedra amarilla transparente que hoy día es considerada una piedra preciosa) contra un trapo, adquiría propiedades magnéticas y atraía pelos, lanitas, etc. Y que, si se frotaba más rápido y fuerte, hasta saltaba una chispa.  ¡¡¡Se había descubierto el electromagnetismo!!!, una de las cuatro fuerzas fundamentales del Universo.  Ah… por cierto, los griegos al ámbar lo llamaban Elektron, de ahí la palabrita electricidad.

Durante toda la historia, el singular y curioso fenómeno fue estudiado constantemente, pero no fue sino hasta finales del 1700 y comienzos del 1800, por individuos como Oersted, Faraday y Sturgeon (este último, el inventor del ‘Electroimán’, la base para los motores eléctricos que hoy mueven al mundo), que el magnetismo electrónico se desarrolló. Es decir, imanes creados por electricidad.

Todos sabemos como funcionan los imanes: si enfrentas sus polos iguales se repelerán; si enfrentas sus polos opuestos se atraerán. El conocido experimento escolar: en una varita de madera sujetada verticalmente se insertan dos imanes en forma de anillo, con sus polos iguales enfrentados; el imán de arriba quedará suspendido en el aire, sostenido por los campos magnéticos, invisibles a nuestros ojos.

Como sabemos, la tierra es un gigantesco imán cuyos campos magnéticos fueron descubiertos por el científico Van Allen y por eso llevan su nombre; los científicos auguran que cuando tengamos la tecnología necesaria para construir magnetos tan poderosos que puedan contrarrestar la fuerza magnética de la tierra, no solo construiremos casas en el aire, sino ciudades enteras… Pero eso será dentro de muy lejanos años…

Por eso digo, el maestro se les adelantó…

Por ahora, ¿tenemos la tecnología para construir una casa en el aire? La respuesta es sí. De hecho, tenemos muy pesados trenes que funcionan levitados por el electromagnetismo. Hoy día existen poderosos electroimanes capaces de elevar toneladas y ya sabes, solo tienes que enfrentar dos de ellos por sus polos iguales para suspender lo que quieras. Así que, si dispones horizontalmente muchos electroimanes enfrentados, obtendrás mucho poder de suspensión.

Claro, para nuestros parroquianos administradores esto es ciencia ficción. Aclaro que se puede construir una casa que esté suspendida en el aire, sin ningún tipo de cimentación, pero de ahí a que se parezca al sueño del maestro Escalona, cuya casa está allá arriba suspendida en el firmamento, todavía no.

¿Cómo sería mi ‘casa en el aire’? En mi opinión, no es una casa común y corriente; con toda seguridad no es de bahareque y palma, ni de material como decimos por aquí. El maestro no nos da muchas pistas, pero yo deduzco: si los cimientos están hechos de ángeles y el letrero de la entrada, de blancas nubes, sin lugar a dudas y con toda probabilidad, las paredes serían de refulgente, centelleante y dorado polvo de estrellas; las ventanas y las puertas construidas de prístinos y cristalinos pedazos de cielo; la techumbre con largas, colgantes y espesas colas de cometas, en definitiva, pues, !era una casa en el aire!, etc., sin peso, reluciente, transparente quizás.

Y es aquí donde describo la que le propuse a mis amigos, una casa que esté realmente en el aire y que por debajo de ella puedan pasearse las personas y hasta los vehículos… ¡¡¡Colgándola!!!

Si, colgándola…

Para comenzar, sería de acrílico translucido en colores y con luces Led, también de colores variables y cambiantes, sería liviana, y estaría suspendida de dos enormes columnas arqueadas, construidas al lado y lado de una avenida o carretera, con unas guayas casi invisibles en el día y en la noche totalmente invisibles, logrando el efecto de que la casa realmente esté en el aire; al ser profusamente iluminada, se lograría en las noches el efecto de ver, desde muy lejos, una aparición lumínica, sin distingo de construcción alguna , solo de luces. Etérea.

Y por supuesto, allá arriba, “…pa’ que no la moleste nadie…”  y claro, en Patillal.

 

 

Jorge Maestre – Escultor

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