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La agonía del comercio vallenato

Alberto Montoya P.*

 

Ya es hora de volver una mirada al centro de Valledupar y hacer reflexiones serias sobre la situación actual del comercio en esta zona de la ciudad.

El centro de la ciudad representa la vivencia cotidiana histórica de nuestra capital, Valledupar, y ha existido desde que los frailes capuchinos bautizaron la ciudad, un 6 de enero de 1550, como “De los santos reyes del Valle de Upar”, en honor a los reyes magos y al cacique Eupari, de la etnia chimila. Para esa fecha, tradicionalmente los reyes magos llegan con regalos, lo que atrae también a los comerciantes a los alrededores de las zonas residenciales.

Son, pues, los mismos españoles los que empiezan a desarrollar el comercio en forma de trueque; más recientes, los santandereanos ven las oportunidades ofrecidas por el territorio para desarrollar actividades económicas prósperas; aprovechando la creación del departamento del Cesar, hacen el esfuerzo y crean la cámara de comercio, institución que ha acompañado permanentemente al gremio.

A los santandereanos se les suman comerciantes de diferentes regiones del país, en especial de Antioquia y Tolima, que se enamoran de esta próspera región. A pesar de las de las diversas crisis padecidas – recesión económica, violencia e inseguridad de todo tipo, esos hombres son los que han construido y sostenido la estructura comercial de la ciudad, contribuyendo a que Valledupar sea Ciudad-Región, cabeza de área metropolitana, epicentro de desarrollo, Sorpresa Caribe, etc., al recoger sus diferentes bonazas económicas. Se asentaron en la ciudad para quedarse, formaron familia, procrearon hijos vallenatos, viven, rentan y gastan en Valledupar, hacen parte de la sociedad vallenata y, sobre todo, tributan en la ciudad.

Durante los últimos diez años, en impuesto de industria y comercio se han recaudado más de 220 mil millones de pesos, cifra grande esa. Una gran parte de esa importante cifra ha sido pagada por el comercio tradicional del centro de la ciudad y su famosa y hoy refundida en el caos Calle del Cesar, contribuyéndose al desarrollo de la ciudad.

Por toda esa contribución histórica, da grima que hoy, además del bajón de la economía colombiana y la inseguridad que caracteriza las capitales, se le añada un factor eminentemente local: la indiferencia de las últimas administraciones locales en torno al caos del centro de la ciudad.

La emoción natural del desarrollo ha logrado que las miradas se fijen solamente en la llegada de los centros comerciales. Por supuesto, generan empleo y hacen crecer la economía local; es mas, en los periodos de las dos últimas administraciones se han recaudado por ese desarrollo, más el aporte del comercio local y la notable mejora en la gestión recaudadora, una cifra record en el impuesto de industria y comercio que supera los 150 mil millones, equivalente a un poco más del 75% de los últimos diez años.

No es claro, sin embargo, porque no se ha vuelto a mirar el centro de la ciudad en su parte comercial. Hasta el tema del centro histórico y sus fundaciones quieren penetrar y limitar el desarrollo del comercio central impidiendo desarrollos en zonas que no tienen características de patrimonio histórico, promoviendo e influenciando el cierre de construcciones, en la zona comercial, que generan empleo, mejora la economía e incentiva la llegada de inversionistas al centro.

Miremos un poco hacia atrás. Durante el mismo periodo de los últimos diez años, el comercio del centro de la ciudad ha aportado más de cien mil millones de pesos en impuestos, ingreso que los alcaldes esperan con suma urgencia todos los años para solucionar sus finanzas y desarrollar sus proyectos. Por infortunio, esa tributación no llega nunca a los comerciantes del centro.

El último alcalde que se condolió e hizo justicia con el centro, fue el Dr. Aníbal Martínez Zuleta. Con gran esfuerzo desarrolló el proyecto de la galería popular para trasladar allí el comercio informal que ocupaba el espacio público de la calle 7a, embelleciendo ésta al hacer una gran inversión. Hoy la Calle del Cesar está olvidada, los jóvenes no la encuentran por su nombre ni la visitan por su caos. Ah, también el alcalde Rubén ‘Ava’ Carvajal Riveira hizo una inversión beneficiosa: la modernización del acueducto y alcantarillado.

Es incomprensible. En menos de un año de inaugurada la galería popular, y desalojados los ocupantes de la Calle del Cesar, el centro ya estuviera de nuevo invadido de vendedores ambulantes y carretillas, lo que deterioraba el espacio público en su parte física y social. Hoy, árboles viejos y deteriorados, andenes dañados, luminarias deficientes y escasas, poco mantenimiento al espacio público, indiferencia total inclusive para el control de la movilidad y la seguridad, armonía del comercio deteriorada en su ambiente…las familias no quieren llegar a esa zona. Todo ello ante la indiferencia de los alcaldes recientes, muy a pesar de los múltiples requerimientos hechos.

En síntesis, no existe una política clara para el centro comercial de la ciudad. Lo único claro es la displicencia e indolencia de las administraciones para con los comerciantes del centro.

El comercio tradicional de Valledupar, en la zona céntrica y su área de influencia, genera más de tres mil empleos y aporta ingresos a la ciudad por más de 10 mil millones de pesos anuales. Un sondeo con los comerciantes deja de presente que antes de los últimos cuatro años crecían como mínimo al 5%. Mientras, en los últimos 4 años empezó el descenso. Hay comerciantes que en 2017 venden la mitad de lo que vendían en 2013 (- 50% en sus ventas). Y eso no necesariamente es por la crisis económica, no, es por la negligencia de la administración municipal.

Es importante poner atención a las cifras que hoy muestra la totalidad del comercio en Valledupar y si está siendo sostenible en el tiempo. ¿Los nuevos centros comerciales estarán generando verdadera oportunidad a los comerciantes de cadenas nacionales? Muchos de éstos llegan y a los 6 o 12 meses parten con el balance negativo y decepcionados de la dinámica del comercio en Valledupar.

Sería interesante conocer cifras de deserciones comerciales y sostenibilidad a los paseaderos comerciales. Si supuestamente ha crecido el comercio en esa magnitud, ¿Por qué no marca en el PIB, y por qué la tasa de desempleo no mejora? No hay sostenibilidad. Adicional, el comercio raizal está en crisis. Eso nos lleva de nuevo a dar una mirada al comercio del centro, que fiel y persistente sigue aguantando con amor por su ciudad y en espera de una inversión que mejore la calidad de sus instalaciones físicas y su ambiente comercial.

La Cámara de Comercio de Valledupar ha sido la acompañante fiel del comercio, distanciándola a veces de las administraciones por exigir mejorar el ambiente del centro. Pero no puede desmayarse. Ha de aprovecharse las excelentes relaciones con las administraciones para impulsar la recuperación de la zona comercial del centro de Valledupar.

Ha de aprovecharse la dinámica de la administración de Tuto Uhía, la voluntad permanente del gobernador Franco Ovalle para invertir en Valledupar, y el empuje de José Luis Urón y la Cámara de Comercio, enchufada con la integración del sector productivo y la administración pública, y con excelentes relaciones con las administraciones municipal y departamental, para presentar un proyecto de modernización del centro de Valledupar.

No es menester inventar nada. Existen ejemplos de ciudades que hoy mantienen su potencial comercial y turístico en el centro, p.ej., Cúcuta, con su centro comercial a cielo abierto, con sonido ambiente, luminarias modernas, mobiliario y espacios agradables, con zonas peatonales y amables. Igual, Bucaramanga, Montería, Ibagué; solo falta nuestra querida Valledupar.

Asimismo, es importante mirar las cifras de renovaciones que tiene la Cámara de Comercio y analizar el impacto de cancelación de matrículas y no renovaciones de comerciantes y establecimientos de comercio en Valledupar. A julio de 2017 muestra la creación de 521 matrículas y se han renovado 658, pero tan solo 366 son del sector comercio; se han presentado 72 cancelaciones, de las cuales 47 son del comercio, incluyendo alojamiento y comidas. Sería importante saber cuáles son de la zona céntrica.

Está claro que con el apoyo institucional y del gobierno concertando con los comerciantes se podría mejorar el centro comercial de Valledupar, generando ambiente agradable y apto de comercio, turismo y economía positiva a la capital mundial del vallenato.

* almontopa@gmail.com

Twitter @almontopa

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