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JUAN PABLO MARÍN ÁLVAREZ ‘LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA’

El garbo de Juan Pablo Marín Álvarez, el rasgar de su guitarra, la entonación de las canciones interpretadas y la gracia y espontaneidad de su humor, transportan fácilmente al oyente al ayer, como si el ayer se trajera al presente para mostrarnos en todo su esplendor a Hernando Marín Lacouture.

Razón tiene la máxima popular: Lo que se hereda no se hurta. Marín Lacouture reencarna en Marín Álvarez, el hijo que tuvo con Delfina Álvarez, hoy dedicado a mantener vivo, en el corazón y gusto del vallenato, el recuerdo imperecedero de su padre: de parranda en parranda, de pueblo en pueblo, hace el deleite de los parranderos solo entonando las inmortales composiciones de su padre Hernando.

Marín Álvarez es un joven guajiro (San Juan del Cesar) hecho ingeniero civil en la ciudad de Barranquilla. “cuando estudiaba ingeniería civil, infortunadamente muere mi padre en un accidente automovilístico. Me vi obligado a suspender los estudios para posteriormente ingresar al Ejército Nacional, donde me hice subteniente (2004) más por opción de vida que por vocación. Lo hice porque no tenía los recursos para continuar con mis estudios… por fortuna, al poco tiempo reinicio y termino mis estudios de ingeniería, profesión que actualmente ejerzo, tengo una empresa, pero siempre con el instinto de la música ahí, inquietándome, por eso decidí lanzar un cd homenajeando la música de mi padre, titulado ‘Hernando Marín El grande’, un compositor que se destacó por ser la voz del campesino que clama y reclama su espacio”.

Juan Pablo rememora con orgullo el batallar de su padre, hecho a pulso; en sus inicios fue un campesino, tractorista, pero desde siempre fue un rebelde y un líder: con sus canciones y su voz de protesta le reclamaba al gobierno atención para Los Maestros y justicia para La Guajira, su terruño del alma, entre el centenar de composiciones que deja como legado.

Juan Pablo reconoce que su padre desde niño pintó lo que iba a ser, las composiciones siempre hicieron parte de su vida. A sus siete años, en un burro regalado por Nicolás Ariza y bautizado con el nombre ‘placeres tengo’, recorría las fincas de la zona, en especial La Sorpresa, ‘donde robaba cañas y patillas’ y más tarde motivo de su inspiración.

Recuerda Juan Pablo que la carrera de su padre se inició cierto día cuando parrandeaban en El Tablazo, corregimiento de San Juan, Pablo Ariza, Lucho Gutiérrez y Máximo Móvil; el niño Marín Lacouture empezó a servirles el trago a esa gallada de parranderos que le permitieron cantar una ranchera, ‘mi ranchito’, aplaudido por todos. En lo sucesivo no serviría el trago, sino que cantaría.

Dice que fue Lucho Gutiérrez quien enseñó a su padre a tocar guitarra y a los 15 años empieza a componer sus canciones, ganando por primera vez en el Festival del Fique, La Junta (Guajira), con la canción titulada ‘Lo que siento’. Así se fue forjando como compositor: El Campesino Parrandero, Bebiendo yo, La Guaireñita, El Gavilán Mayor, La Ley del Embudo y La Dama Guajira se destacan entre las ciento y ciento de composiciones hechas.

Hoy Juan Pablo quiere, a través del canto y una guitarra, dejar una impronta con las canciones de su padre, pensando en la responsabilidad que tienen sus hijos en no dejar morir el nombre de Hernando Marín Lacouture…

“La partida de mi padre deja ver a leguas un vacío en nuestro folclor, porque se perdió el sentido, se perdieron las raíces, no quiero criticar el trabajo que hacen las nuevas generaciones, valoro mucho el esfuerzo que hacen, pero yo me identifico más con esa escena donde se le cantaba a la mujer, a la naturaleza, donde se combinaban distintos escenarios para hacer una poesía pura, transparente, sin lastimar o herir a alguien; esa poesía tradicional, lógica, profunda hace mucha falta hoy en día”.

Como hijo de Nando Marín siente la obligación de no desligarse de la poesía de su padre, decirles a todos que sus canciones están vivas, y mostrar que hay una forma especial de hacer vallenato: en guitarra. Inclusive en su ejercicio de ingeniero civil, la mente siempre lo lleva a ese instante donde descubre un Sol, un La, tocado por su papá. Con su voz entonando sus canciones, él quiere que perdure por siempre, sellado como un tatuaje, guardado en su alma y en su corazón hasta el día que deje de vivir en la tierra.

Por supuesto, tiene una alta expectativa con esta producción musical, ‘Hernando Marín El grande’, “la cual no compite con los nuevos proyectos comerciales que se están creando, porque esta música tiene un nicho diferente, está hecha para un público amante de la música autentica y con otro sentido”, remata Juan Pablo.

Sin duda, hay Hernando Marín para rato, perdón, Juan Pablo Marín para rato…

Por: Elisa Diazgranados Sanjuán

Email: periodistaelisa@gmail.com

 

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