Usted esta aquí
Inicio > En Análisis > EL IMPACTO DE LA CRISIS VENEZOLANA EN LA CAPITAL DEL CESAR

EL IMPACTO DE LA CRISIS VENEZOLANA EN LA CAPITAL DEL CESAR

Sin duda, las relaciones de hermandad predicadas entre Colombia y Venezuela, dos países vecinos y unidos por un mismo cordón umbilical, se han visto matizadas históricamente por permanentes tira y afloje, rifirrafe, desatinos, algunos tan graves que han amenazado con enzarzarnos en verdaderas confrontaciones bélicas. El último de esos episodios es reciente; por fortuna no pasó de un simple ‘desatino diplomático’ al involucrar al vicepresidente Vargas Lleras y a la canciller María Ángela Holguín, por parte de Colombia, y a la cancillería venezolana.

A la par con esos desatinos oficiales, los pueblos colombianos y venezolanos siguen comportándose como hermanos, sin fronteras, migrando de un lado a otro según sean las oportunidades de supervivencia. Ayer eran los colombianos los que ‘invadían’ territorios venezolanos; hoy son los venezolanos los que emigran a Colombia.

Aunque no se tienen cifras oficiales más allá de los puestos de control migratorios, y no se conoce realmente cuantos venezolanos hay en Colombia, la percepción común es que la cifra va en aumento.

Panorama Nacional

Hace algunos años el panorama era diferente. Hacia el 2005 Colombia se convirtió en el destino más atrayente para la industria petrolera de Venezuela. Se trató de una primera ola de venezolanos que llegaron para hacer millonarias inversiones en Colombia; eran de clase socioeconómica alta o empresarios de renombre.

Luego, entre el 2010 y 2011, ingresó al país una segunda ola; al igual que la anterior, su propósito era invertir, crear empresas y liberarse de la política de expropiación que los oprimía en su país de origen, Venezuela.

En el 2014 aparece una tercera ola, producto igualmente de las políticas represivas del gobierno de Nicolás Maduro, de la profunda y evidente crisis económica y social que atravesaba Venezuela. A diferencia de aquellos, estos venezolanos eran en su mayoría jóvenes de una clase media-baja en busca de trabajos no calificados.economia

Según Migración Colombia, 2’789.782 venezolanos han ingresado al país del 2003 a junio del 2016 por los 39 puestos de control migratorios colombianos. Desde el 2008 no se presentaba un pico de migración tan alto como el que se dio en 2015 con un ingreso de 148.586 venezolanos. Esta cifra disminuyó en un 42% el año pasado debido al cierre de fronteras; se conoce que actualmente 40.127 venezolanos tienen un estatus de residente en Colombia.

Según datos del Banco de la República, las inversiones venezolanas en los dos últimos años en Colombia han sobrepasado las inversiones de países como Ecuador y Brasil. El 2014 la inversión extranjera directa venezolana alcanzó los US$113,6 millones y en el 2015 US$ 95 millones, representando un significativo porcentaje comparado con los demás países vecinos.

Ahora bien. Estas son cifras oficiales, pero no existen cifras de aquellos venezolanos que han ingresado al país de forma ilegal, de aquellos aun en el país a pesar de la expiración de su visa o de aquellos que se han quedado trabajando de una manera ilegal, sin ningún permiso.

En esas circunstancias, analizar el impacto económico, social y cultural de los venezolanos no resulta fácil y no se puede tomar a la ligera. Sin embargo, por su importancia, es una tarea que se debe realizar a nivel local para poder descifrar el impacto – negativo o positivo – que ha tenido en Colombia la crisis del Estado Venezolano.

Venezolanos en Valledupar

La cercanía de la capital del Cesar con Paraguachón, una de las zonas fronterizas colombo-venezolana, ha hecho que actualmente en supermercados, ventas de comidas rápidas, peluquerías y otros establecimientos comerciales, se vean cada vez más venezolanos en busca de trabajo.

Octavio Pico Malaver, director de la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO) – seccional Cesar, asegura que son tres perfiles de venezolanos los que ingresan a la ciudad. En primer lugar, los profesionales especializados, por lo general se desempeñan en el área de la economía y la administración; luego, los trabajadores calificados que laboran en el área de la salud, en la mecánica automotriz, electrónica e industrial; por último, la mano de obra no calificada, aquellos que trabajan en la construcción, en oficios varios, en el campo, en la prostitución, venta de minutos y comidas rápidas, en el área de la belleza, como los centros de estética y spa, y al transporte informal.

Todo el mundo tiene derecho al trabajo según la legislación. Por tanto, los extranjeros también tienen derecho al trabajo en Colombia, pero cumpliendo unos requisitos como lo es tener legalizada su situación en el país, lo anterior para no tener conflictos con las autoridades, ya que cuando un empleador le da trabajo a un emigrante que no cumpla con esos requisitos, se ve expuesto a que el Estado les imponga las sanciones y correctivos a las que haya lugar”, manifestó Pico Malaver.

La construcción es posiblemente el campo en el que labora mayor número de venezolanos de forma ilegal. Según cifras de la Secretaría de Planeación Municipal, 7 de cada 10 construcciones de Valledupar son ilegales; al respecto, Miguel Villazon Blay, gerente de Camacol – seccional Cesar, manifestó: “si existe mano de obra venezolana que no es legal, deben estar trabajando en estas construcciones ilegales. Camacol solo trabaja con construcciones formales, y contrata a trabajadores legales”.

En Valledupar es común encontrar grupos de ciudadanos venezolanos que subsisten gracias al trabajo informal, como el comercio y la prostitución, o los que hacen parte de la mano de obra no calificada.

La gran mayoría de estos extranjeros residen de forma ilegal en la ciudad; un reducido número de emigrantes tienen su documentación conforme lo exige la ley. En la capital del Cesar, según confirma Migración Colombia, solo hay 50 con visas temporales o de residentes. Quiere decir que son muchos los venezolanos que se han tenido que enfrentar a las sanciones impuestas por las autoridades competentes por residir y laborar de forma ilegal en el país.

Sólo el año pasado, en Valledupar, cerraron cinco peluquerías por contratar venezolanos por no tener el permiso de trabajo en Colombia. Según Migración Colombia, en la Guajira y el Cesar se realizaron 157 deportaciones durante el 2016; 153 eran de venezolanos, 2 cubanos y 1 peruano. Asimismo, se realizaron 8 expulsiones, 5 correspondientes a venezolanos, 2 alemanes y 1 camerunés. Durante el pasado mes de enero de este año ya se han presentado un total de 16 deportaciones.

Por su parte, el Teniente Coronel Mauricio Bonilla Méndez aseguró que del total de extranjeros venezolanos que se pusieron a disposición de Migración Colombia durante el año anterior, nueve de ellos fueron capturados por hurto. Sin embargo, el Coronel Bonilla no les atribuye la responsabilidad de la inseguridad que vive la ciudad exclusivamente a los ciudadanos extranjeros. “Hay diferentes riesgos sociales que afectan la seguridad en el país, como lo son el desempleo, la desescolarización y la drogadicción”, aseguró Bonilla Méndez.

El economista Eloy Durán Acosta, ex director de Fenalco – Cesar, manifiesta que la residencia de estos extranjeros en la ciudad trae consigo aspectos tanto positivos como negativos. Respecto a los beneficios, asegura que la mayoría vienen procedentes de Maracaibo, una ciudad con gran desarrollo económico, con una industria desarrollada y diversa, lo que hace que los ciudadanos del vecino país traigan sus artes y profesiones con un considerable progreso. En el sector de reparaciones de autopartes, mecánica automotriz y mecánica electrónica, es notorio el dominio que tienen en muchos temas y la ventaja que tienen sobre operarios y técnicos de Valledupar; lo mismo ocurre en el sector de la belleza y estética, donde han llegado para aportar sus técnicas, destrezas y habilidades”, aseguró Durán.

“Hay gente que viene con una preparación, formación y experiencia que le han aportado al aparato productivo de Valledupar. Además, en algunos casos, dada la situación económica, llegan ofreciendo servicios muy competitivos de muy buena calidad a muy bajo costo, lo que ha sido un impacto positivo”, manifestó Eloy Durán.

Sin embargo, los ingresos que obtienen los venezolanos son destinados a remesas que envían a sus familiares en sus ciudades de origen, y en menor proporción para sobrevivir en Colombia. Entonces, estos venezolanos que viven del diario poco invierten en la economía de la región.

El economista aseguró que “cada peso pagado es un peso que se fuga de la economía y que deja de recircular, eso al final le quita poder adquisitivo a la ciudad, y menor generación de ciclo al tema circulante”.

Por otro lado, el impacto ha sido positivo en la medida que ha aportado diversidad a la ciudad, “la llegada de venezolanos a Valledupar le aporta diversidad y la diversidad trae complejidad y la complejidad trae competitividad; ellos han llegado a traer nuevas perspectivas, nuevas visiones, nuevos artes, nuevas aptitudes y nuevas capacidades”.

Destacó la economía de los Estados Unidos, consolidada como una de las más competitivas del mundo puesto que es el lugar que más gente de todas las nacionalidades ha recibido, y se conoce como el país de los inmigrantes. “La competitividad de las economías se parece al desarrollo genético de una sociedad, entre más diversidad haya, más competitivas son las economías”, concluyó Durán Acosta.

La historia de Deisy 

Con tan solo dos semanas en suelo colombiano, concretamente en Valledupar, una bella y joven venezolana, Deisy*, tuvo que hacer frente a los operativos de las autoridades llegadas a su lugar de trabajo, un bar de la ciudad, para pedir documentación a todas las mujeres que prestaban sus servicios en ese establecimiento. En total eran 30 mujeres, de las cuales 27 eran del país vecino, residentes y trabajadoras de forma ilegalprepago en Colombia; Deisy hacia parte de este grupo.

“Vine a empezar de cero. Tengo toda mi familia en Venezuela; mi plan es ayudar y solventar la economía de mi hogar, llegué a trabajar en lo que fuera, en lo primero que saliera”, expresó Deisy con determinación, quien llegó a quedarse en un hotel en el que no le pidieron documentación; la administradora del lugar ya había hospedado a venezolanos con los que nunca había tenido inconvenientes, lo que fue razón suficiente para recibir sin mayor exigencia a una venezolana más

La ‘suerte’ siguió con Deisy. Justo el mismo día que llegó a la ciudad, un bar le abrió las puertas para trabajar, y así empezar a recibir buenos ingresos, rápidos y diarios. Desde entonces, Deisy se convirtió en una de las mujeres más atrayentes para los hom
bres que acudían al bar en busca de su complacencia sexual. “La persona que tu menos crees llega a ese lugar, gente muy adinerada que cree que como es un
a zona de bajo nivel, los de su círculo social no llegarán”,
afirmó.

“En el momento de trabajar uno tiene que volverse fría, porque si nos pega la nostalgia, el hogar, la casa, entonces ¿qué estamos haciendo aquí?”, manifestó la joven que reconoce que, aunque su trabajo no es el que soñaba, ha logrado obtener suficiente dinero. “Lo bueno del negocio es que no hay mucha competencia, he tenido la suerte de llamar la atención y me ha ido bien, no me puedo quejar. He mandado para mi casa y me he dado unos gusticos”, añadió Deisy.

Es educadora de profesión, ejerciéndola durante tres años en el área de las matemáticas en un liceo de Valencia, su ciudad natal; aunque asegura que ama y le encanta su carrera, también es consciente que en el desarrollo de su profesión no obtiene los recursos económicos necesarios para vivir y mantener a su familia.

La situación económica y social de Venezuela se convirtió en el detonante principal para que Deisy afirmara con firmeza que no regresará más a su país, “tengo claro que viviré fuera de Venezuela, en cualquier parte del mundo que no sea ese país; igual si derrocan al gobierno, la situación de Venezuela no se arreglará de la noche a la mañana”.

Por ahora la joven se encuentra con una visa de turismo que le otorgó Migración Colombia con duración de 90 días; pasado este lapso, tendrá que buscar la manera de continuar de forma legal en el país.

Grande ha de ser el drama de Venezuela para que miles y miles de sus nativos se sometan al calvario del desarraigo y emigren a tierras desconocidas en búsqueda de supervivencia, una supervivencia que para ellos es una suerte así la logren enfrentándose a las autoridades, o dedicándose a trabajos  como la prostitución.

*Se ha cambiado el nombre.

 

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero
helenbohorquezperiodista@gmail.com

Deja un comentario

Top