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Identidad y cultura ¿cesarense?

Por: Carlos Luis Liñán

Advertencia al lector: Voy a poner el dedo en la llaga sin ánimo de dividir. No tengo la más mínima intención de señalar, agredir, juzgar o asumir cualquier actitud parecida. Soy un escritor, es decir, un hombre libre que busca la verdad sin ninguna otra influencia ni guía que mi espíritu crítico, mi capacidad de asombro y mi necedad, ajeno por completo a partidos políticos o grupos económicos. Como diría Juan de Mariana S.J.: <<Escribo a sabiendas de que se me pondrá en juicio no solo por lo que digo sino por lo que callo>>.

¿Dónde estoy?

Hace un par de semanas hice un viaje a Bucaramanga por motivos médicos. Mi esposa y yo tenemos el mismo espíritu aventurero y estuvimos de acuerdo en realizar el trayecto en nuestro auto, así podríamos ir más cómodos, en el sentido de detenernos cuando quisiéramos y disfrutar del paisaje.

No habíamos andado mucho cuando mi hermosa copiloto dormía plácidamente. No sé cuánto tiempo manejé hasta que al fin despertó y, todavía somnolienta y desorientada, hizo la pregunta mágica <<¿Por dónde vamos?>>. No supe qué responder. Había estado atento a las señalizaciones del camino, pero ninguna me ubicaba. ¿Me habría perdido? Me detuve en una estación de servicio atendida solo por mujeres. Pedí gasolina, compré una Coca-Cola y me animé a preguntar:

<< ¿Dónde estoy?>>.

<< ¡San Martín, mano!>>, me respondió una de las chicas esbozando una sonrisa que me hizo sentir vergüenza.

A pesar de que habían pasado más o menos cuatro horas desde que habíamos salido, que el paisaje había cambiado y la vegetación era distinta, que las construcciones tenían otro estilo, que el acento de las personas y su aspecto físico eran otros, todavía estaba en el Cesar. En ese justo momento, dejándome sorprender por lo cotidiano, empecé a reflexionar sobre qué significa ser cesarense.

Municipio de San Martín

Cuatro horas después, ya en el hotel, lo primero que hice fue navegar por internet y consultar algunos diccionarios para descubrir lo obvio, lo que ya sabía:

CESARENSE: n. Término que hace referencia a lo originario, relativo o propio del departamento del Cesar en Colombia.

Me estrellé de frente con la realidad. Comprendí que el ser humano se encuentra por encima de conceptos, nociones o circunstancias. Ser cesarense era algo más que esa escueta definición.

Creado el 21 de diciembre de 1967, el departamento del Cesar tiene 22905 Km2 divididos en 25 municipios y seis regiones geográficas naturales que, a su vez, conforman zonas ecológicas: la Sierra Nevada de Santa Marta, la Serranía del Perijá, el Complejo Cenagoso de Zapatosa, el Valle del río Cesar, el Valle del río Ariguaní y el Valle del río Magdalena. Esto hace del Cesar un departamento diverso y con una gran capacidad económica representada por el carbón, la agricultura, la ganadería, la piscicultura, entre otros. Además, es uno de los dos departamentos del Caribe con frontera internacional.

Administrativamente, los 25 municipios del departamento del Cesar están agrupados en cuatro sub-regiones: Norte, Centro, Sur y Noroccidental. El historiador Álvaro Castro Socarrás afirma que los grupos humanos que habitan esta cuatro sub-regiones son solo tres: provincianos, rivereños y santandereanos, a quienes yo en este documento llamaré sureños.

Vemos que el Cesar es un ente territorial extenso (representa el 2% del territorio nacional y el 15% de la región Caribe). La vastedad es una ventaja, pero también una debilidad, al punto que algunos autores afirman que la caída del Imperio Romano fue por este aspecto. La anchurosa extensión territorial y la amplia diversidad poseen un componente adverso, pues suponen la dificultad que deben afrontar los gobernantes de conocer la totalidad del territorio, las personas que los habitan con sus manifestaciones culturales y sus distintas formas de ver el mundo. No somos la excepción.

De regreso a casa fuimos haciendo escala por algunos pueblos del sur, aprovechando la oportunidad para saludar a ciertas amistades que llevábamos tiempo de no ver. Lo reconozco, tenía otra intención: conversar con ellos el tema que me inquietaba, ellos, los sureños eran mis testigos directos. Noté que sus afirmaciones coincidían.

Cuando supieron que escribiría este artículo chistaron: <<No queremos que digás nuestros nombres. Sacá la idea y la ponés en tu escrito>>. Acá están algunas de nuestras conclusiones, como testimonio de una realidad que nos incumbe a todos.

Hay un sentimiento generalizado de ruptura entre los municipios del sur y lo que corresponde al Norte del Cesar. El 90% de los habitantes de estos municipios más alejados de Valledupar consideran que los líderes solo los visitan en épocas de campañas, de proselitismo político, tanto que en la actualidad no tienen un representante oriundo de aquellos lados y, por tanto, la fuerza política y administrativa se concentra más al norte. El otro 10% es indiferente.

A pesar de que la sub-región sur está atravesada por la Troncal de Oriente, brindándole un potencial de integración con el norte del departamento, no ha sido explotada totalmente. De hecho, el sentimiento de “poca integración” es generalizado.

En sus vidas cotidianas, la mayoría de los sureños prefieren hacer sus diligencias –de carácter médico, legal o comercial- en ciudades como Bucaramanga antes que trasladarse a Valledupar: compras de navidad, citas con especialistas, etcétera. En sentido contrario, los sureños deben viajar por cuatro o cinco horas en caso de verse obligados a realizar alguna gestión ante las autoridades gubernamentales del departamento.

<<Es el colmo>>, me decía un anciano con una sonrisa irónica y los ojos llenos de lágrimas. <<Estuve asistiendo, a…¿Cómo es que se llama eso? ¿Esa reunión donde llega el gobernador con todas sus dependencias? Lo que hacía Chavez…¿Consejo Comunal?…En fin, trajeron toda la oferta institucional y los campesinos llevamos nuestros proyectos. Pedí una ayuda para mi siembra de cacao y la secretaría de agricultura me aconsejó que realizara mi gestión en la Cámara de Comercio de Bucaramanga. De eso hace más o menos un año y no me solucionaron nada>>.

Existen elementos que todos los cesarenses sienten como propios, por ejemplo, la música vallenata; pero el centralismo a nivel político y económico es evidente.

Entonces ¿Cuál podría ser la solución?

Tener en cuenta que “el sur es una zona con una importante riqueza de suelos y condiciones para la agricultura y la ganadería. Esta zona se encuentra irrigada por numerosos afluentes, sus tierras son planas con pendientes menores a 3% y con una precipitación promedio de 2.000 a 4.000 m.m de lluvia al año.

Las ventajas que le otorga a esta zona la calidad de su suelo (régimen de lluvias y su cercanía al río Magdalena y Troncal Oriente) para la producción de oleaginosas, hacen que esté llamada a ocupar lugares todavía más importantes dentro de la economía del departamento.

Aunque Aguachica es el principal centro poblado de la zona, los municipios de San Martín y San Alberto se destacan por su hato ganadero y producción de palma. San Alberto tiene la mayor cantidad de hectáreas dedicadas al cultivo de palma africana; por su parte, San Martín posee el segundo hato ganadero más grande del departamento.” (Gamarra Vergara, 2005).

Entonces es importante y necesaria, como vía de solución, la inversión en proyectos del orden regional que produzcan un impacto económico que tengan en cuenta elementos como la cadena productiva del plátano en los municipios de Curumaní, Chiriguaná y La Jagua; o el proyecto de repoblamiento y producción pesquera en los municipios de Chimichagua, Gamarra, Aguachica y San Martín dentro del complejo; o el proyecto del acueducto para Aguachica.

Algunos más agresivos proponen como solución movimientos independistas o separatistas de un grupo de municipios pertenecientes a los departamentos del Magdalena, Cesar, Santander, Bolívar y Antioquia. Estos, unidos, se convertirían en el departamento Sur Caribe o Magdalena Medio. Una de las talanqueras que ha encontrado este movimiento ha sido concertar la posible capital. Hay quienes proponen Barrancabermeja, otros Aguachica, otros más Ocaña…

¿Qué intereses podríamos hallar en la propuesta de una reorganización territorial que propicie la creación del departamento Sur Caribe?

Socavando un poco en algunos reportajes ya olvidados, encontré una entrevista a Alfredo Benavides que coordinaba la iniciativa en el año 2008 que decía: <<Este departamento –Sur Caribe o Magdalena Medio- se convertiría en uno de los más ricos del país, por la minería y el petróleo. Además, se lograría la tan anhelada identificación sociocultural y antropológica y, por último, una representatividad política propia. Quizá esto es lo más importante, porque tal representatividad siempre se diluye en las mismas capitales>>.

La discusión está abierta y estamos avisados…

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