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Historia: vallenata fue testigo de la caída de las Torres Gemelas

Entre honores y conmemoraciones la ciudad de Nueva York recuerda los atentados del 11 de septiembre del 2001, en el que murieron 2.977 personas luego de que fueran derrumbadas las Torres Gemelas a causa de un atentado auspiciado por el grupo terrorista Al Qaeda.

Dentro de los miles de testigos de esa mañana del ‘11S’ se encontraba Faride Castilla, una vallenata radicada hace 30 años en Estados Unidos.  Ella recuerda lo conmocionada que se encontraba la isla de Manhattan ese día, hace 18 años.  Su primer recuerdo es de tristeza, dice.

“Realmente lo viví de cerca, yo trabajaba en esos momentos en Manhattan, iba llegando a la estación del tren a las 8:30 a.m. cuando se había ya caído la primera torre, el caos era terrible, la gente corría porque la segunda torre se estaba viniendo al piso”.  Aunque no tenía claro los hechos, pensó en devolverse al lugar en el que se encontraban su esposo Royel Fabres y sus hijas, Angélica y Nicól, pero ya para ese momento estaba prisionera: la zona había sido cerrada totalmente y el único camino habilitado le tomaba hasta 1 hora y 30 minutos para llegar a su casa.

Castilla trabajaba en el piso 57 de uno de los edificios del actual presidente Donald Trump. Desde allí la vista era caótica: gente corriendo, desorientada, cubierta de cenizas y polvo.  En esos minutos recibió una llamada de su hermano Bladimir Castilla, quien le pidió salir del sitio y resguardarse.

“Lo único que se me ocurrió fue correr al Central Park porque allí no había edificio que pudiera caerse.  Llamé a mi esposo para que asegurara a las niñas, y a mi familia, en Colombia, para que supieran que me encontraba viva”.  Pasaron 11 horas para que Faride Castilla pudiera salir de la zona del ataque y regresar a Long Beach, donde residía.

La colombiana (vallenata) narró que durante seis meses lloró todos los días recordando las imágenes de las personas que saltaban de los edificios y la tragedia en su totalidad; incluso, lloraba al ver los organismos de búsqueda, el desespero de familiares y las vigilias.

Luego de lo sucedido ha vuelto a ‘la capital del mundo’, ciudad que ama como a su tierra natal, Valledupar.  Y en lo posible se une a los reconocimientos que año tras año se realizan en la conocida ‘zona cero’, epicentro del atentado.

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