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EL FESTIVAL VALLENATO, EXPRESIÓN DE ESPÍRITU NACIONAL

Un fenómeno de significativa importancia en la vida cultural del departamento del Cesar y su entorno regional, es su folclor musical, particularmente en los municipios de la región norte y centro, en donde tomó forma, desde hace siglo y medio, la expresión conocida hoy con el nombre música vallenata, en torno a la cual se realizan muchos eventos en el país, sobresaliendo el más famoso de todos, el Festival de la Leyenda Vallenata o Festival Vallenato.

Acontecimiento trasformado hoy en la fiesta musical departamental y regional por excelencia, reflejo de un sentir de todos los colombianos, hasta tal punto que ha sido imitado en más de cien municipios del país y declarado patrimonio nacional por parte del Congreso de la República.

Su origen está en las ancestrales Fiestas religiosas del Milagro, que desde el siglo XVI se celebraban en varias poblaciones de la región, como El Molino y Becerril, en conmemoración de los enfrentamientos de los indígenas Tupe y Chimila, en alianza, contra los habitantes de la entonces incipiente ciudad de Valledupar, a fines de abril de1576.

Durante más de cuatro siglos, la tradición se ha encargado de revivir y preservar un relato que varios cronistas de la colonia consignaron en sus escritos; según los cuales, la Virgen del Rosario hizo el milagro de salvar a los habitantes de la ciudad de los embates de los nativos y les permitió someterlos, castigarlos y convertirlos.

En memoria de esos acontecimientos, la región que sirvió de teatro a los sucesos de la laguna de Sicarare –escenario de los acontecimientos-, comenzó a llamarse Sabanas del Milagro y se erigieron las fiestas anuales del 29 de abril “con todas las circunstancias”, que se convirtieron en tradición, en Valledupar y en las otras poblaciones señaladas.

Las celebraciones comprenden, además de los actos religiosos, la representación teatral de los acontecimientos, con la participación de los habitantes de la ciudad en un teatro colectivo, del cual participan más de mil actores naturales en las diferentes escenas que se presentan en las calles del centro urbano de la ciudad, entre los días 27 y 29; como señala De La Rosa, en su obra escrita en la primera mitad del siglo XVIII, “Es ésta allí la festividad más regocijada que se hace en honor de la Sacratísima Virgen del Rosario, rindiéndole gracias por tan singular beneficio, que recibió de su mano aquel su devoto vecindario”.

Esa tradición que en el siglo XVIII se mantenía viva, ha resistido el paso de los años y se ha conservado intacta hasta nuestros días. Fue precisamente ella la que motivó al Doctor Alfonso López Michelsen, primer gobernador del Cesar, a proponer en 1967 la realización de un evento que magnificara la celebración religiosa y además permitiera proyectar en el concierto nacional, las manifestaciones culturales de la región a partir de su música, con el argumento de que las ceremonias religiosas tradicionales necesitaban de un atractivo diferente, que para él no era más que el de la música de acordeón.

La idea fue acogida de inmediato por tres personajes locales, encabezados por Consuelo Araujo Noguera, Miriam Pupo de Lacouture y Rafael Escalona, quien afirmó después que “a partir de entonces, nosotros, en esa tierra en donde estábamos inmersos sólo en las fiestas de la cristiandad y los carnavales, comenzamos a convocar, con el acordeón y la conducción dinámica de La Cacica, al mundo entero hacia Valledupar”.

Nació así el primer Festival de la Leyenda Vallenata, que se realizó entre el 27 y el 30 de abril de 1968, en el marco conmemorativo de los sucesos de 1576. Los primeros concursos fueron sencillos, pero a ellos se presentaban las más connotadas glorias del folclor musical de esta tierra, como Luis Enrique Martínez, Juancho Polo Valencia, Emiliano Zuleta Baquero, Andrés Landero, Nicolás Colacho Mendoza y muchos otros, que en la primera edición vieron coronar como primer rey a Alejandro Durán, personaje carismático y singulares calidades humanas, creador y dueño de un estilo propio en la ejecución del acordeón; con  el dejo cadencioso de sus canciones imprimía un sello de nostalgia y sabor a tierra, dándoles el carácter de propiedad colectiva que todos coreaban al unísono, cuando las ejecutaba.

Desde ese primer momento, la música vallenata, que se había venido cocinando y cogiendo la forma actual desde la segunda mitad del siglo XIX, empezó a abrirse paso en los más insospechados escenarios de la vida nacional, en los cuales hasta ese momento no había existido la mínima posibilidad de que se le permitiera siquiera intentar ser interpretada.

Pero su papel en la campaña de creación del nuevo departamento había sido definitivo, gracias a las parrandas organizadas por el Maestro Escalona con distinguidos miembros de la dirigencia nacional, con los cuales comenzó a hacerse el respectivo lobby y las relaciones públicas que fueran creando condiciones y ambiente propicio para desarrollar un debate favorable.

Con Escalona intervinieron destacadas figuras del promisorio folclor vallenato, especialmente jóvenes, estudiantes universitarios que se convirtieron en entusiastas animadores del proceso, entre los cuales se destacan las figuras de Cecilia Villazón Zubiría, entusiasta secretaria de la Junta Organizadora y promotora del nuevo departamento y el universitario Santander Durán Escalona, quien compuso una especie de emblemática canción de combate, que bajo el título de Añoranzas del Cesar, se convirtió en el himno de la campaña de creación del departamento.

Posteriormente, el vallenato haría carrera como una música de mensajes cálidamente humanos que llegaban al alma de la gente con suaves y tiernas melodías, permitiendo a todo un conglomerado cultural identificarse con sus temáticas costumbristas y narrativas, en la mayoría de los casos portadores de una lírica amorosa que se entregaba a los corazones con afecto espontáneo.

Al principio, las categorías establecidas como concursos de acordeoneros fueron las de profesionales y semi-profesionales; posteriormente se introdujo el concurso de la canción Inédita, el de Piquería; más tarde desapareció la categoría de semi-profesionales y aparecieron las de aficionados e infantiles, hasta que por fin se han consolidado las modalidades de concurso de Acordeoneros profesionales, acordeoneros aficionados, acordeoneros juveniles y acordeoneros infantiles, Canción inédita, Piquería y desfiles de piloneras.

En algunas ocasiones se han premiado las mejores voces, el mejor guacharaquero y el mejor cajero. Y desde 1987, se realiza el concurso Rey de Reyes, entre quienes han ganado el concurso en las distintas modalidades, especialmente Acordeonero Profesional, Canción Inédita y Piqueria.

 Pero a pesar de todos estos concursos, el Festival Vallenato hoy, no es solamente una competencia musical de acordeones, verseadores y canciones. Es, sobre todo, un encuentro folclórico y cultural de magnitud nacional y atractivo internacional, que permite el encuentro de una gran diversidad de expresiones culturales, de la región Caribe y del país en general. Se trata de una fiesta que sirve de escenario y representación del espíritu nacional, de la cual está pendiente Colombia entera –a cuyos rincones llegan los diferentes acontecimientos, a través de la radio, la televisión y la prensa escrita – en donde se dan cita las más diversas manifestaciones y hacen presencia las expresiones culturales de toda la región. Su estructura organizativa es imitada como modelo en los más de cien eventos de esta naturaleza que se hacen en todo el país y en algunos países del exterior, como Venezuela, Panamá y México.

La existencia del Festival ha contribuido a que el vallenato, como expresión cultural autóctona de provincia, se abra espacio en escenarios nacionales e internacionales, tras la consagración de figuras que hicieron carrera y se profesionalizaron en la interpretación de ésta música, que han sabido llevar con altura a los más engalanados escenarios del mundo, incluida la Casa Blanca, para dar serenata o presentarse ante presidentes de la Primera Potencia del Mundo, quienes han tenido para ellos y la música vallenata, las más elogiosas palabras.

Como balance general de las ediciones ininterrumpidas del festival, llevadas a cabo durante estos 49 años, sus logros más significativos han sido: elevar de estatus la música regional; profesionalizar a sus creadores y a sus intérpretes; generar trabajo productivo en torno a una manifestación cultural, a la cual se han dedicado profesionalmente muchos músicos; generar sentido de identidad regional en torno a las creaciones musicales y permitir que la región sea conocida en el mundo entero a partir de su música, logrando de paso el reconocimiento de la expresión musical, que según el decir del periodista Juan Gossaín –un periodista que dedicó interés y tiempo a conocer y divulgar el vallenato, defendiendo sus valores esenciales- es un “espacio abierto a la alegría”, la comunicación y la expansión existencial del espíritu humano.

Por: Simón Martínez Ubárnez

 

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