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¿Existe el capital social en el cesar?

Por: Fernando Herrera Araujo

@fherreraraujo

A los pueblos, en sus grandes conquistas, los guía un ideal y unas instituciones. Dos ejemplos, el primero. La conquista de la luna por parte de los norteamericanos. Fue un sueño, pero no sólo de un presidente, cuando John Kennedy prometió poner un hombre en la luna. Fue el sueño de una nación. De su comunidad científica y académica, de la NASA y de sus fuerzas económicas.

El segundo. Cuando Mao Zedong, en la China, decide conquistar el poder, comienza la larga marcha, y dice que ésta inicia con un solo paso; también fue otro sueño. Tuvo la confianza y el apoyo de su gente. De los rebeldes que se constituyeron como una institución. Lo que quiero decir es que los pueblos, las naciones y, en menor escala las regiones, para lograr una conquista deben tener un sueño, pero también un soporte institucional, formal y no formal, sin el cual no pueden avanzar. Los sueños se construyen sobre bases reales, así suene paradójico.

El Cesar tuvo un sueño colectivo cuando se creó. Desde entonces, no ha tenido otro. Dirigentes de diferentes frentes, de distintas ideologías, soñaron el Cesar, soñaron la autonomía y el progreso. Pensaron de manera colectiva, para el bienestar común y lo lograron.  Generaron confianza entre ellos, se apoyaron y se creyeron mutuamente. Fuimos Cesar. Creamos capital social, creamos confianza, nacieron instituciones –formales e informales-.

El capital social es definido por el profesor Robert Putnam como la “confianza, normas y redes, que mejoran la eficiencia de la sociedad al facilitar acciones coordinadas”. Eso se dio en nuestro querido terruño en aquel ya lejano 1967.

Se construye capital social, si hay sociedad civil (aquella asociación de personas que participa libremente y por fuera de la acción estatal, pero sobre la acción estatal), si hay participación, si la academia y el sector privado se involucran, pero sobre todo si tenemos una sociedad incluyente. Ni de privilegios ni depredadora. Pero lamentablemente eso es lo que existe ahora.

Bajemos ahora de esos sueños muy grandes – la conquista de la luna, la revolución china- a propósitos comunes más parecidos a nuestro entorno. A lo que se puede hacer, a lo que “da la tierrita” y también, afortunadamente encontramos experiencias interesantes. Miremos a nuestros vecinos del Atlántico, bastante cerca de nosotros, y a los antioqueños, un poco más lejos. Carcomidos por la corrupción y la ineficiencia, en particular los vecinos caribes, decidieron meterle el hombro a crear capital social, en particular en Barranquilla, de esto no hace más de 10-12 años. Lo cuenta con gran conocimiento el empresario Antonio Celia.  El objetivo era recuperar la administración pública de Barranquilla para el bien común.

Dirigentes empresariales y cívicos entendieron que el tema de gobierno es un asunto de todos. Que efectivamente los funcionarios públicos son servidores públicos, que están al servicio de las personas. Que los bienes públicos son para todos. Sin embargo, eso no se consigue de manera gratuita, hay que buscarlos, defenderlos y, si es el caso, pelearlos. La ruta que siguieron los barranquilleros fue crear una serie de instituciones formales y no formales, de crear redes y normas –capital social- con el fin de vigilar y, sobre todo, exigirle a la administración pública calidad y transparencia en su actuar.

Fue así cómo se fortaleció la Universidad del Norte, con el fin de mejorar la educación superior del departamento y de la región. El grupo de Empresarios por la Educación se constituyó con fuerza, haciendo énfasis en la educación pública. Se apoyó a FUNDESARROLLO como Centro de Pensamiento para que hiciera estudios, análisis, diagnósticos y propuestas para su región. Pero sobre todo para poder evaluar políticas públicas y resultados de las acciones de gobierno, nacional o regional.

Se le dio vida al Comité de Transparencia, para hacer seguimiento a la contratación estatal. Cuando se sabe que hay alguien que lo vigila a uno, con independencia y capacidades técnicas, es un cantar muy diferente a cuando eso no existe y los contralores fueron los aliados y financiadores de la campaña.

Se creó PROBARRANQUILLA cómo un aliado excepcional para el desarrollo de la ciudad, con gran capacidad, con estructura, pero sobre todo con estrategias y visión. Con un excelente liderazgo que dio frutos. Con capacidad de movilizar inversionistas y con recursos. Muy diferente al remedo que se quiso crear en Valledupar. Los antioqueños tienen a PROANTIOQUIA, un verdadero centro de pensamiento, muy futurista y que vive para el largo plazo.

El Museo del Caribe y ese gran parque que lo integra, no sólo cómo iniciativa cultural, sino urbanística, de espacio público y de prospectiva se han vuelto referentes de ciudad y de región. Volver a mirar al río, recuperar ‘La Cueva’, festivales musicales, de cine, todo son un verdadero renacer.

Como se aprecia – seguramente se me han quedado por fuera muchas más iniciativas de construcción de capital social – lo que en el fondo sucedió es que todas esas instituciones y redes creadas están mirando con gran escrutinio el actuar del gobierno. Le han puesto, si queremos decirlo en términos coloquiales, la vara bastante alta y lo están obligando a “soñar en grande y en el largo plazo”. A ser eficiente y a dar resultados.  Tienen la capacidad de exigencia, pero sobre todo de informar a la opinión si las políticas, propuestas y estrategias de gobierno están funcionando.

Para nada estoy diciendo que antioqueños y barranquilleros hayan solucionado todos, ni siquiera la mayoría de sus problemas. Ni que se acabó la corrupción y la ineficiencia. Lo que enfatizo es que se comenzó a construir un camino de propósitos y beneficios comunes. Que, sobre todo, el accionar depredador del Estado  -cuando pocos se quedan con todo-  tiene un contrapeso. ¡Ese es el punto! Las administraciones de gobierno tienen quien los vigile y les exija, quien los evalúe, pero también quien les aporte ideas y propuestas.  No tienen arrodillada a la sociedad civil, ni a los medios, ni a los empresarios. Hay voces – varias – que emergen, que sacan la cabeza y tienen voz y voto.

Cuando esto sucede se pueden tener sueños comunes e incluyentes, mientras tanto no. Mientras las mieles del poder y de la contratación sean para una camarilla, el beneficio social es muy, muy limitado.

Partiendo del principio que para que los sueños se vuelvan realidad deben construirse colectivamente y no se queden en sueños de unos pocos, quiero hacer dos reflexiones finales, una nacional y otra local, la cesarense.

La nacional es que en Colombia es muy difícil soñar colectivamente. El sueño de la paz, de una paz para todos, de lograr la tranquilidad y el perdón, de buscar la reconciliación, de dar segundas oportunidades, ha sido un sueño a medias. No todos nos hemos sintonizado con ese sueño, por una u otra razón. No es mi afán discutirlas aquí. Pero espero que esa bola de nieve, que es la paz, vaya creciendo a medida que pasen los años y se vean sus consecuencias positivas, en las vidas salvadas, en la economía creciente y en una sociedad más cohesionada.

El otro es la construcción del sueño cesarense. El clásico ejercicio de cierre los ojos e imagínese el Cesar que usted quiere en 20 años, no lo tengo en mi mente. Entre otras cosas, porque aparte de generalidades – un Cesar incluyente, respetuoso con el medio ambiente, competitivo, sin pobreza extrema – no sé qué más decir.

Lo que sí creo que sería muy útil es apoyar la creación de esa institucionalidad, de redes, de generar confianza, en fin, de construir el capital social necesario para poder volver a soñar. Es necesario montar los soportes sobre los cuáles debe apoyarse el impulso de los sueños, de la prospectiva, del futuro.

En particular creo importante empezar con dos iniciativas. Con la constitución de un Centro de Pensamiento que nos ayude a entender lo que está pasando en el Cesar en términos sociales, culturales, ambientales y de postconflicto y, a partir de allí, nos apoye con la prospectiva, con el imaginar, con el planear a dónde queremos ir. Nos mejore el entendimiento actual y nos ayude con la prospectiva futura.

El otro es un Comité de Transparencia, para vigilar el uso de los grandes recursos del Cesar. Es vergonzoso que los multimillonarios recursos de las regalías no hayan mejorado las condiciones sociales, ni la calidad de vida de los Cesarenses. Valledupar es la tercera capital más pobre de Colombia, después de Quibdó y Riohacha y en el Cesar 43% de su población aún está por debajo de la línea de pobreza, en pleno siglo 21 y después de más de 30 años de regalías. Necesitamos del buen uso de los recursos para poder volver realidad los sueños.  Requerimos saber para dónde vamos, o evaluar si lo que nos propone el gobierno va bien, alguien quien nos oriente – el Centro de Pensamiento-  y recursos para hacerlo realidad. Por eso, esas son las dos iniciativas que debemos apoyar inicialmente.

Hay semillas que se están sembrando en el Cesar de capital social. El Grupo de ciudadanos que encabezó el Dr. Araujo Cotes para sacar adelante la sede local de la Universidad Nacional. El grupo que se puso al frente de la terminación de la vía a Pueblo Bello. El festival cultural de “La Quinta”, los valiosísimos esfuerzos individuales de denuncia de veedores ciudadanos contra la corrupción. El grupo de personas que con mucha energía apoya la incipiente filarmónica juvenil. Las mujeres del rescate del Centro Histórico y seguramente muchas, pero muchas semillas que están por ahí sueltas y que hay que regarlas.

Esperemos que el gobierno regional y los locales sean receptivos con estas iniciativas, que trabajen de manera conjunta. Hay indicios con el departamento de esfuerzos asociados, con sacar adelante la Universidad, por ejemplo.

Por eso termino con la canción de John Lennon, “ you may say I am a dreamer, but I am not the only one…”  “tú puedes decir que soy un soñador, pero no el único…” ¡Cesar, despierta!!

*Economista

M.A . University of Manchester 

Sc. London School of Economics

 

 

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